Martes, 07 de Julio de 2026

Trump se apropia del "Independence Day"

UruguayEl País, Uruguay 7 de julio de 2026

Por primera vez, el acto central en Washington fue un acto partidista con el sello personalista del presidente. Su discurso fue un elogio de sí mismo y una metralla de acusaciones a la oposición.

Las alarmas de la cultura democrática ya no suenan en Estados Unidos. Debieron activarse durante las celebraciones del 250 aniversario de la independencia. Dos hechos sin precedentes en estos dos siglos y medio de historia pasaron desapercibidos para gran parte de una sociedad que siempre supo poner límites al poder de sus gobernantes. Los norteamericanos siempre supieron que "una Nación de ovejas engendra gobiernos de lobos", como escribió Edward Murrow, el periodista que hicieron célebre sus artículos en la Segunda Guerra Mundial.

En este aniversario del Independence Day, Trump hizo lo que Néstor Kirchner y su esposa hicieron con el 25 de mayo: apropiarse de una fecha patria.

Por primera vez, el acto central en Washington fue un acto partidista con el sello personalista del presidente. Su discurso fue un elogio de sí mismo y una metralla de acusaciones a la oposición, usando la palabra "comunista" como munición favorita.

El rapto de demagogia desopilante, incluyó el llamado al titular de la FIFA para que levantara la suspensión aplicada al goleador norteamericano, orden que Infantino cumplió, "manchando la pelota" de este mundial.

Hay que remontarse a dictadores africanos para encontrar injerencias tan absurdas y deplorables como la que perpetró el presidente de Estados Unidos. Por caso, cuando en el 2015 el dictador mauritano Mohamed Ould Abdel Aziz, aburrido frente a un pasmoso 1 a 1 en la final del campeonato nacional, ordenó el pitazo final y que se pasara a los penales faltando casi media hora para que se cumpliera el tiempo reglamentario.

Lo que el dictador que imperó en Mauritania durante diez años hizo con el campeonato local, Trump lo hizo con una Copa Mundial. Y la obsecuencia oscura de Infantino agregó una mancha más a la FIFA.



El ego del presidente no fue lo único que lo diferenció de todos los presidentes. Hubo una revelación políticamente sísmica. Jamás en 250 años un presidente obtuvo ingresos mínimamente similares a los 2.200 millones de dólares que registró Trump en el primer año de su segundo mandato. En rigor, ningún líder de una democracia occidental multiplicó ganancias en dimensiones semejantes al magnate neoyorquino.

Para encontrar magnitudes equiparables de enriquecimientos estando en el poder, hay que recurrir a tiranos africanos como el congoleño Mobutu Sese Seko, el nigeriano Sani Abacha y el sudanés Omar al Bashir.

También en rincones asiáticos hubo enriquecimientos como el de Trump. Thaksin Shinawatra en Tailandia, Najib Razak en Malasia y el general Suharto en Indonesia se encuentran entre las mayores fortunas amasadas desde el poder.

Eso sí, todos tuvieron encabezaron regímenes dictatoriales, como los que encabezaron en Latinoamérica los enriquecidos dictadores Rafael Trujillo, la dinastía nicaragüense Somoza, el general Stroessner en Paraguay y su par chileno Pinochet.

En esos rincones del mapamundi hay que buscar para encontrar fortunas amasadas por gobernantes mientras ocupaban el poder.
Actualmente, en el hemisferio norte occidental hay casos de enriquecimientos pero ninguno de similar magnitud al del presidente norteamericano y líder de la ola conservadora global.

Nada es comparable con la multiplicación de la fortuna de Trump, sobresaliendo obscena en la historia de la democracia occidental y en la propia historia de los Estados Unidos.

Sin embargo, ni eso ni el hecho de que el 250 aniversario de la independencia haya quedado a la sombra de festejos personales del presidente, parecen activar las alarmas que habrían sonado estruendosas en otros momentos de la historia.

Como si la actual sociedad estadounidense no tuviere los genes que marcaron el nacimiento de la potencia americana. Como si un proceso de hipotermia política estuviese adormeciendo los mecanismos de reacción que tiene la democracia en el único país de las Américas que nació democrático. Y el adormecimiento hipotérmico desemboca en la muerte.

¿Fatalismo tremendista? Es probable. Pero también es probable que la anomalía esté anunciando el crepúsculo de la democracia que cumplió 250 años.
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