La Nación, Costa Rica
7 de julio de 2026
Este paraiseño trabaja en el serpentario de la Facultad de Medicina de la Universidad de Costa Rica.
Francisco Umaña es un paraiseño con sangre de faquir, pero la similitud no es por los singulares actos de austeridad que practican estos religiosos mahometanos, sino por el parecido dominio que ejercen sobre las serpientes, reportó el corresponsal Fernando Gutiérrez.
No es exactamente igual, pues Umaña demuestra ese poder con sus manos y concentración mental, mientras que los faquires lo hacen con una flauta.
Este paraiseño trabaja en el serpentario de la Facultad de Medicina de la Universidad de Costa Rica. "Desde pequeño tuve cierta predisposición para jugar con las culebras, las perseguía entre los matorrales y cuando las alcanzaba me entretenía con ellas", declaró.
"Claro, que esta habilidad no era suficiente para realizar la labor que actualmente desempeño, por ello fue necesario recibir cursos en la universidad que fueran puliéndome hasta convertirme en técnico en serpientes", detalló.
Este trabajo consiste en alimentarlas y cuidarlas con mucho esmero. En este caso, la Facultad de Medicina las utiliza en el campo experimental y de investigación para tratar de obtener sueros antiofídicos para salvar vidas, no solo en Costa Rica sino en otros países, pues se está en la etapa de exportación.
Pero antes de que este ciclo se cumpla, Umaña debe ejecutar una importante misión: extraerle el veneno a la serpiente.
Cada 22 días, él las saca de sus jaulas, les hace cariño y les abre lentamente la boca frente a un vaso debidamente dispuesto, donde ellas por instinto clavan sus colmillos y así queda el veneno en el recipiente.
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