La Altillanura, a ir más allá de la promesa y ser motor agroindustrial
La Altillanura volvió al centro del debate sobre el desarrollo económico del país
La Altillanura volvió al centro del debate sobre el desarrollo económico del país. Durante el foro ‘La Altillanura y el nuevo mapa agrícola de Colombia’ liderado por representantes del sector productivo y empresarial, expertos coincidieron en que Colombia ya no debe concentrarse en hablar del potencial de la región, sino en construir las condiciones que permitan convertirla en un nuevo polo agroindustrial capaz de impulsar el crecimiento, atraer inversión y fortalecer la seguridad alimentaria. La presidenta del Consejo Privado de Competitividad, Ana Fernanda Maiguascha, sostuvo que el país enfrenta una oportunidad que no ha logrado aprovechar plenamente. Recordó que Colombia cuenta con 40 millones de hectáreas con potencial agrícola, mientras la Altillanura sigue produciendo muy por debajo de sus capacidades pese a experiencias que han demostrado que el modelo es viable. "Ya no quiero seguir hablando del potencial de la Altillanura. A ver si algún día hablamos de la producción de la Altillanura", afirmó Maiguascha al explicar que el reto consiste en pasar de los diagnósticos a las decisiones que permitan consolidar un ecosistema competitivo para el desarrollo agroindustrial. Aseguró que el principal obstáculo no es la disponibilidad de tierras, sino la capacidad del país para atraer inversión. Explicó que Colombia presenta un déficit de capital y cualquier apuesta productiva requiere garantizar seguridad jurídica para quienes deciden desarrollar proyectos de largo plazo. "Necesitamos inversión y uno no invierte donde no tiene garantizados por lo menos la propiedad de sus retornos. Así, si yo no tengo seguridad jurídica sobre un factor de producción esencial, como es en este caso la tierra, no vamos a lograr avanzar", señaló. Durante la conversación, los participantes coincidieron en que el desarrollo de la Altillanura exige mucho más que ampliar las áreas cultivadas. El desafío pasa por construir un ecosistema donde confluyan infraestructura, investigación, tecnología, logística, financiamiento, acceso a mercados y talento especializado. Maiguascha sostuvo que también es necesario transformar la visión con la que históricamente se ha entendido el desarrollo agrícola. Explicó que proteger a quienes participan del campo no implica limitar la producción a modelos de pequeña escala cuando existen oportunidades para impulsar sistemas modernos y competitivos. Planteó que la infraestructura para impulsar la región no necesariamente debe replicar los estándares tradicionales de las grandes carreteras. Consideró que el país necesita soluciones adaptadas al transporte de la producción agrícola, con obras funcionales que faciliten la conexión de las zonas productivas. "A veces vivimos con un estándar de lo perfecto que nos ha impedido construir lo bueno", afirmó al proponer alternativas como terraplenes, drenajes adecuados y conexiones fluviales para movilizar la producción de manera eficiente mientras se consolida el crecimiento del territorio. Los empresarios Desde la perspectiva empresarial, Manuel Bravo, CEO de la División Agrícola de Bayer para Norte de Latinoamérica, explicó que la experiencia internacional demuestra que transformar una frontera agrícola demanda varias décadas de trabajo articulado entre los sectores público y privado. "Estamos hablando de probablemente 20 o 30 años que se han estado desarrollando Los Cerrados y Mato Grosso, en Brasil. La Orinoquía en Colombia tiene la tierra, pero lo que necesitamos desarrollar son esas condiciones que habiliten la posibilidad de convertir la tierra en producción real", expresó. Bravo indicó que la agricultura de la región debe apoyarse en investigación específica para las condiciones locales, desarrollo de semillas adaptadas, agricultura digital y tecnologías que permitan aumentar la productividad utilizando menos recursos naturales. "Hoy la agricultura es una de las soluciones para revertir el cambio climático, a través de prácticas mucho más sostenibles, secuestro de carbono, eficiencia en el uso del agua y mejor calidad del suelo", explicó al referirse a la estrategia de agricultura regenerativa. El directivo añadió que Bayer considera la Altillanura como una de las principales oportunidades de crecimiento de la región y anunció que la compañía analiza inversiones para desarrollar investigación enfocada en híbridos y tecnologías específicas para maíz y soya durante los próximos años. Desde la industria avícola, Gonzalo Moreno Gómez, presidente de Fenavi, afirmó que uno de los mayores retos consiste en adecuar los suelos para hacerlos productivos, proceso que demanda inversiones significativas y explica por qué la seguridad jurídica adquiere tanta relevancia para quienes desarrollan proyectos agrícolas. "La brecha no es la tierra, sino el costo que implica encalar la tierra para volverla productiva. Lo que más vale es adecuar esa tierra para volverla productiva", aseguró. Advirtió que Colombia enfrenta un rezago en la incorporación de nuevas tecnologías para semillas, aspecto que considera determinante para competir con otros grandes productores agrícolas de la región. El dirigente explicó que el sector avícola consume cerca de 7,2 millones de toneladas de maíz al año, mientras la producción nacional alcanza aproximadamente 1,5 millones de toneladas, una diferencia que evidencia el espacio existente para ampliar la producción local.