Julio Ávila: "Nunca he pensado en retirarme"
A sus 80 años, compite en corridas, juega vóleibol y acompaña a su señora, diagnosticada hace 10 años con alzhéimer. "Mientras tenga salud, voy a seguir corriendo y cuidando a mi esposa", asegura.
D esciende de una familia longeva: su mamá vivió hasta los 111 años y dos de sus tías hasta los 107 y 104, respectivamente (su papá murió en 1989, a los 89 años). Y Julio Ávila Lagunas le hace honor a sus genes. A sus 80 años, cumplidos en enero, lleva más de 44.500 kilómetros recorridos. Esto, dice, equivale a correr de ida y vuelta a Rusia y casi completar otro tramo de ida. "Y me sobran kilómetros", calcula, orgulloso de su logro.
De aspecto y actitud juveniles, en 2024 ganó los 10 kilómetros de la Corrida de Villarrica. Una pasión que no ha dejado desde que descubrió el atletismo cuando trabajaba en Ford Motor, en Casablanca. Las maratones eran su especialidad.
Séptimo de ocho hermanos -tres hombres y cinco mujeres-, nació en 1946 en Manquehua, una localidad rural ubicada entre Ovalle y Combarbalá, en la Región de Coquimbo. "Tengo recuerdos muy bonitos, me crié en el campo con mi mamá. Mi papá tenía un negocio y vivía dedicado a él, así es que yo era el hombre de la casa".
Ayudaba a su mamá a sembrar la tierra, iba a las trillas y apoyaba en las labores del campo. Muchas veces se levantaba a las cuatro o cinco de la mañana, lo que le daba tiempo para trabajar antes de caminar 6 km para llegar al colegio. "Lloviera o no, había que ir igual. Cuando llovía éramos felices", evoca.
Alcanzó a estar un mes en primero básico. Como aprendía muy rápido, "siempre me gustaron las matemáticas y estudiaba por mi cuenta", lo promovieron a segundo. El sexto de preparatoria lo sacó en un curso acelerado. "Éramos 17 y lo terminamos en un mes".
Hasta ahí llegaron sus estudios. Después, con la ayuda de su mamá, se fue a trabajar a Santiago. Corría el año 1963 y tenía 17 años. "Mi mamá me dio permiso para ir por un mes, pero como desde niño estaba acostumbrado a trabajar, a los 15 días ya tenía empleo". Lo consiguió gracias a un ahijado de su mamá, que trabajaba en una cristalería donde fabricaban las botellas de la leche Delicia: "Santiago fue otro mundo".
Viviendo en la casa de la comadre de su mamá, cumplió 18 años y tuvo que hacer el servicio militar. Al terminarlo, logró que el Ejército lo contratara porque le gustaba esa vida. Se quedó cuatro años como estafeta en la Comandancia en Jefe. "Repartía la correspondencia y trabajaba en el quinto piso del Ministerio de Defensa Nacional", recuerda.
"Empecé tarde, pero no he parado"
Su relación con el atletismo comenzó dos años después de casarse con Silvia Castro, en 1967. Luego de algunos trabajos en construcción y una fallida incursión en la minería, el joven matrimonio se fue a vivir a Casablanca y, en 1969, entró a trabajar en Ford Motor. "Ahí comenzó nuestra vida familiar. Nuestra hija mayor, Evelyn, había nacido en 1968 y después llegaron Julio y Leonelly".
En Casablanca se hizo amigo de Edmundo Warnke, el fondista chileno que en 1976 ganó la Carrera Internacional de San Silvestre, en São Paulo. Por esos años también conoció a Jorge Grosser y a varios atletas destacados. "En la empresa éramos unas 5.000 personas y organizábamos campeonatos de fútbol, de béisbol y otras disciplinas, pero a mí siempre me gustó correr", relata.
Fue entonces cuando Warnke le preguntó si quería dedicarse al atletismo. "Le dije que sí y comencé a correr el 14 de enero de 1976", fecha que no olvida, a los 26 años. "Empecé tarde, pero desde entonces no he parado".
Comenzó corriendo por Casablanca y después viajaba a competir a Santiago, Talca y otras ciudades representando a la empresa.
Nominado entre los mejores deportistas, cosechó grandes logros. Entre ellos, el récord de la maratón de Viña del Mar en 1976. Corrió los 42 km en 2 horas, 46 minutos y 18 segundos, marca que consiguió representando a la Asociación Atlética de Viña del Mar.
En 1977 se trasladó a Santiago y empezó a correr por Colo Colo: "Corrí 33 años por el club y cuando me trasladé a vivir a Villarrica seguí compitiendo por ellos varios años".
En ese tiempo también participó en las 24 Horas Pedestres de Casablanca, una prueba que duraba 24 horas seguidas. Se corría con relevos de cinco participantes por equipo, quienes corrían 5, 10, 15 o 20 km cada uno. "Dejamos un récord de 366 km corridos, superando por unos 15 a la marca anterior. Nunca más se organizó esa prueba, así que ese récord quedó para siempre".
A Villarrica llegó en el año 2006. Su hija mayor vivía allá y la fue a visitar para participar en una corrida en la que lo había inscrito su nieta; tiene cuatro (una mujer y tres hombres). "Le dije que Villarrica quedaba lejísimos, pero igual fui, corrí y gané".
Recuerda que participaron unos 100 competidores y que la ciudad le gustó tanto que con su señora decidieron radicarse allá. "Compramos casa y aquí nos quedamos", señala. Hoy, aunque su hija ya no reside en Villarrica, su hijo se trasladó a esa ciudad.
Allá corre por el Club Villarrica y tiene dos auspiciadores: la distribuidora La Naranja, que le entrega frutas y verduras para sus competencias y entrenamientos, y la peluquería "La Ideal". "También tengo amigos que me han regalado zapatillas y siempre me apoyan. Aquí casi todo el mundo me conoce".
Al vóleibol, deporte que practica hace tres años, llegó por el alzhéimer que afecta a su señora. A raíz de esta enfermedad pertenece a la Agrupación de Cuidadores de Esperanza, que en Villarrica reúne a más de 100 personas en un grupo urbano y otro rural. "Un día me preguntaron si quería participar en un taller de vóleibol para personas mayores. Al principio solo miraba, como niño que llega por primera vez, y de a poco me fui integrando".
Con sus compañeros ha competido en Freire, Panguipulli, Pucón, Loncoche y otras comunas e incluso ha jugado contra equipos argentinos. Suma tres medallas a la fecha. En atletismo, tiene 323 medallas y 47 trofeos. "Representan esfuerzo, sacrificio y recuerdos".
-En 2024 ganó los 10 km de la Corrida de Villarrica. ¿Qué sintió al cruzar la meta?
"La satisfacción es la misma. He ganado competencias en Chile y Argentina. En 2017, por ejemplo, gané la Corrida Entel en Santiago, en la categoría de 70 años y más. Corrimos más de 55 atletas y llegué primero, sacándole más de dos minutos al segundo. Al año siguiente llegué segundo y después, tercero. Hoy, sin embargo, no corro contra los demás".
-¿Contra quién corre?
"Contra mi salud. Llegar a la meta sintiéndome bien ya es un triunfo. Más que una medalla o un trofeo, lo importante para mí es seguir sano. Siempre me gustó el deporte: el fútbol, el boxeo, pero el atletismo es algo muy personal. Si uno gana, es porque hizo el esfuerzo para lograrlo. Y aunque llegue en segundo o tercer lugar, terminar una carrera significa que mi salud sigue respondiendo. "Cuando empecé a correr siempre pensé que lo seguiría haciendo después de los 50".
Amor incondicional
Julio conoció a su señora cuando hacía el servicio militar y salía con permiso los fines de semana. Una de sus hermanas vivía en Lo Espejo y le pidió que le presentara a su vecina, casi 10 años mayor que él. "Le dije que la invitara a tomar té. Pensé que no aceptaría, porque ella estaba pololeando, pero la convenció".
Después de esa tarde la invitó al cine a ver "Tambores apache" -"una película de indios", ríe- y después de la función a tomar una bebida. Como tenía que volver al Ejército, quedaron de encontrarse a la semana siguiente, cita en la que la invitó a conocer a su mamá, que ya tenía más de 90 años y visitaba en vacaciones de verano, y el campo donde había crecido. En ese entonces, Silvia trabajaba para el Teatro de Antofagasta y al principio no quería ir, pero finalmente aceptó. Luego de una semana juntos, Julio le preguntó por qué no se casaban, a lo que ella respondió que cómo se le ocurría. "Al final la convencí y nos casamos el 20 de noviembre, 19 días después del encuentro en la casa de mi hermana, sin conocer prácticamente a nadie".
Sin familiares ni amigos que los acompañaran, consiguieron a algunas personas que aceptaron ser testigos del matrimonio celebrado en Chañaral Alto, entre Ovalle y Monte Patria. "El juez le preguntó tres veces a Silvia si aceptaba casarse conmigo. Las dos primeras no respondió. A la tercera, ella abrió la puerta y se quedó mirando hacia el campo, que estaba completamente oscuro y, finalmente, dijo que sí", rememora entre risas.
El 20 de noviembre cumplirán 59 años de matrimonio, los 10 últimos con él dedicado al cuidado de su señora diagnosticada con alzhéimer. Cuando cumplieron 50 años de matrimonio, renovaron sus votos.
Julio cuenta que Silvia se comenzó a perder de a poco. Al principio, con muestras de desconfianza hacia quienes la rodeaban, y después empezó a olvidar a personas y situaciones. "La enfermedad va avanzando por etapas". Una señora le ayuda a cuidarla de lunes a viernes, entre 9:00 y 13:00 horas, ventana en la que él aprovecha de entrenar, competir y despejarse. "Tengo menos tiempo para mí, pero nunca lo he visto como una carga".
-¿Qué les diría a quienes hoy cuidan a un ser querido y se sienten superados?
"Que busquen la ayuda de un psicólogo o un profesional que pueda orientarlos. Uno va adquiriendo experiencia con el tiempo, pero también necesita apoyo. Para cuidar bien hay que tener mucha paciencia y aprender a cuidarse uno mismo".
-¿Hubo momentos en que pensó dejar el deporte por la enfermedad de su señora?
"Nunca. Mientras tenga fuerzas voy a seguir, porque el deporte me mantiene física y mentalmente para cuidarla. Tengo que estar al 100% para cuidarla bien. Si llego a los 90 años y todavía puedo correr, lo voy a seguir haciendo. Nunca he pensado en retirarme".
-¿De qué manera cree que las personas mayores pueden aportar hoy a la sociedad?
"Con experiencia. Hay cosas que solo la vida las enseña. A las nuevas generaciones les diría que aprendan a escuchar. Los mayores tenemos mucho que aportar".
-Después de una vida llena de competencias, triunfos y momentos difíciles, ¿qué considera verdaderamente importante?
"La satisfacción de haber logrado lo que me propuse. Terminar una carrera, cumplir una meta y quedar con ganas de seguir".
-¿Qué sueño le queda por cumplir?
"Correr en Isla de Pascua".
-Mirando hacia atrás, ¿qué es lo que más agradece de su trayectoria deportiva?
"Haber conocido a tanta gente. Yo era un campesino que salió de su tierra sin imaginar que, gracias al deporte, iba a conocer a personas de todo Chile y del extranjero. He ganado amistades, experiencias y, sobre todo, salud para cuidar a mi señora. Para mí eso vale mucho más que cualquier medalla".