La UNGRD es prioridad
Editoriales
Por diferentes razones que pasan por la geografía, el clima, pero también por la política e incluso la cultura, Colombia es un país particularmente propenso a que se profundicen catástrofes con origen en la naturaleza
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Por diferentes razones que pasan por la geografía, el clima, pero también por la política e incluso la cultura, Colombia es un país particularmente propenso a que se profundicen catástrofes con origen en la naturaleza. La historia reciente del país ha estado marcada por eventos como la avalancha del río Lagunilla que sepultó a Armero; los terremotos de Armenia y Popayán, la creciente del río Páez y las inundaciones consecuencia del fenómeno de La Niña de comienzos de la década pasada, entre muchos otros. Sucesos que junto con el dolor y las pérdidas trajeron también lecciones que se concretaron en la construcción de un sistema nacional de atención y prevención de desastres naturales con reconocimiento internacional más allá de sus fallas y carencias. Lo anterior a propósito de la manera como los dos terremotos que hace ya veinte días tuvieron lugar en Venezuela, dejando más de 4.000 muertos y alrededor de 17.000 heridos, desnudaron la debilidad del régimen del país vecino en este frente. Lo visto en Venezuela, con mucho dolor, recuerda lo que tantos expertos afirman en el sentido de que los desastres no son naturales, sino que son la sociedad y quienes la lideran los que en buena medida dan pie a la tragedia a través de la corrupción, la vulnerabilidad y el incumplimiento de normas sobre el uso del territorio. En medio de la conmoción por lo sucedido, ya empiezan a aparecer análisis que apuntan a la muy mala calidad de las construcciones desarrolladas en el marco de programas estatales como factor que contribuyó a que la magnitud de los daños por los movimientos telúricos haya sido mayor. Y todo esto nos remite inevitablemente al saqueo del que ha sido víctima la principal entidad a cargo del asunto en Colombia, la UNGRD, fortín de políticos inescrupulosos y corruptos como Olmedo López y punta de lanza, al parecer, de opacas estrategias para lograr apoyos en el Legislativo y fortalecimiento de redes con fines muy distintos a la prevención y atención de desastres, situación que viene siendo denunciada de tiempo atrás. Hoy, la mayoría de los colombianos no relacionan esta sigla con una cultura urgente y obligatoria de preparación ante eventos extremos de la naturaleza (que a diario acechan, más recientemente El Niño), sino con niveles de corrupción y despilfarro absolutamente vergonzosos para cualquier sociedad. La UNGRD debería ser noticia por sus estrategias de prevención, pero hoy solo lo es por sus hechos de corrupción. Tiene que ser prioridad del nuevo gobierno transformar esto. En el umbral de una sequía que se anuncia sin precedentes y con el riesgo permanente de eventos sísmicos, entre otros factores, Colombia no se puede permitir que toda su estructura para prevenir y atender sea roída por la corrupción. A la UNGRD y a todas las entidades del orden municipal y departamental, comenzando por los cuerpos de Bomberos de los municipios, deben regresar los criterios y los perfiles técnicos y tienen que ser objeto de una reingeniería, y también una auditoría, de fondo para extraer de raíz y por siempre las malas prácticas. Las mismas que multiplican por mil las víctimas de los eventos que trae la naturaleza.
En el umbral
del fenómeno
de El Niño, Colombia no se puede permitir que su sistema de gestión del riesgo esté postrado.