Infamias de la ‘justicia’
Al grano
Al grano. Lo dice la Corporación Rosa Blanca en su cuenta oficial. "Muerto de risa está Timochenko en el exterior, con la anuencia de la JEP, sin pagar un solo día de cárcel. Lo único bueno es que en el exterior si viola una norma de tránsito le darían más sanción de la que le daría la JEP por violar a una niña de 13 años reclutada por las Farc". Para quienes no lo saben, la Corporación Rosa Blanca es la organización creada por las mujeres víctimas de las Farc de violaciones, abusos y reclutamiento forzado que fueron ninguneadas y casi escondidas durante la negociación de los acuerdos con las Farc. A ellas les arrancaron su niñez y sus sueños. Les robaron su infancia y sus hogares. Las reclutaron las Farc y las sometieron a los más atroces delitos de lesa humanidad. Y, a propósito de menores reclutadas y violadas por las Farc, escuchamos al aire el viernes en La FM, en medio de esta oleada de indignación por el viaje a España de Timochenko, el testimonio escalofriante de una víctima valiente, Daisy Guanaro: "Nos obligaron a vestirnos con ropa interior negra y a desfilar con otras niñas frente a los comandantes borrachos. Luego sufrimos una violación colectiva. Yo tenía 12 años". Sin haber sido reparada, para ganarse su vida hace camisetas y denunció que tras haber declarado 8 horas seguidas ante la JEP nada ocurrió en los expedientes contra las personas señaladas y, en cambio, a ella reiteradamente la amenazan de muerte. Eso es lo que no puede pasar en Colombia: las curules, los sueldos millonarios, los beneficios, los viajes internacionales para los victimarios, y para las víctimas la pobreza, el miedo, la exclusión, la amenaza, el abandono, el olvido. Eso es lo que hace ese permiso a Timochenko que ofende a la sociedad, a todas las víctimas, a la administración de justicia y a la misma JEP. No les bastó con premiar a responsables condenados por crímenes de lesa humanidad con cero cárcel, cero años, cero meses, cero semanas, cero días, y tampoco les bastó con regalarles curules parlamentarias con todos los derechos y beneficios de quienes se las ganaron a voto limpio a pesar de que no han entregado verdad completa, ni —según lo han advertido expertos en el asunto y exfiscales— han entregado la totalidad de sus bienes y cuentas en Colombia y el exterior para reparar a sus víctimas, ni entregaron el listado de sus testaferros y aliados en el narcotráfico. Ahora, como dijo la misma Daisy, "les entregan el mundo por cárcel". Y es que hay más. Como si quisieran compensar con otro carcelazo a Álvaro Uribe una derrota electoral que se veía venir, a tres días de elecciones lo llaman a indagatoria, sin haber practicado todas las pruebas solicitadas, por un caso que lleva dando vueltas cerca de 30 años. A este paso, Abelardo de la Espriella va a recibir el poder con Timochenko sonriendo en Europa. Uribe en la cárcel. Y las víctimas de las Farc burladas y olvidadas. * * * * En estos últimos cuatro años, las altas cortes —la Constitucional, la Suprema y el Consejo de Estado— han cumplido un papel trascendental en la guarda de la democracia colombiana, la institucionalidad, la separación de poderes y el modelo republicano de pesos y contrapesos que es pilar de nuestra patria. No hay duda. Y gracias. * * * * Y debo decirlo con claridad: en general, la calidad humana y profesional de los magistrados de las altas cortes es notable. Incluso en la JEP. Desde mis años de estudiante de Derecho y ya como abogado en ejercicio, como profesor de Derecho en los Andes, el Rosario y la Javeriana, como senador, como ministro y como periodista fui conociendo magistrados y magistradas de la JEP que aprecio y respeto. Por eso, esta columna se refiere a una decisión puntual que ofende a la entraña nacional, hace daño a la justicia, a la misma JEP y a sus magistrados, a las altas cortes y a la nación entera porque huele a impunidad, infamia y vergüenza.
En blanco y negro
Juan Lozano