Trump y Netanyahu en la mira de los ayatolas
Como la fatwa contra Salman Rushdie, la muerte de Alí Jamenei sentenció a morir por asesinato a Trump y Netanyahu.
Nadie lo vio ni lo escuchó decirlo, pero el régimen iraní dice que su líder máximo ordenó que Trump y Netanyahu paguen con sus vidas la muerte del ayatola Alí Jamenei en el primer bombardeo de esta guerra.
Aunque nadie lo esperaba, no debe sorprender que la teocracia persa haya llamado a vengar la muerte de quien llevaba 37 años como líder supremo.
La pregunta es cómo incide en el curso del conflicto este llamado a la venganza. Y la otra pregunta es si fue realmente Muqtada Jamenei quien dictó esa sentencia.
Ocurre que todo lo dicho y anunciado desde que asumió el liderazgo supremo, fue leído por locutores de la televisión estatal. Nunca se lo vio ni se escuchó su voz desde que un misil cayó en la residencia donde estaban él, su padre y el resto de su familia.
No se sabe si su ausencia física es porque también él murió o porque ha quedado tan desfigurado y maltrecho que no puede mostrarse.
El misterio crece con cada oportunidad en la que debe aparecer en público o hacer escuchar su voz, y nada de eso ocurre. En eso empieza a parecerse a la figura central del chiismo duodecimano: Mohamed ibn al-Hasán al-Mahdi, el último de los doce imanes de esa rama del Islam, quien pocos años después de su nacimiento en el siglo IX, fue ocultado para preservarlo de una conspiración criminal de los califas abasidas.
Primero fue la "Pequeña Ocultación": largas décadas en la que el Imán Oculto se comunicaba con los fieles a través de intérpretes.
Al morir el último intérprete comenzó la "Gran Ocultación" y el duodécimo imán del chiismo imamita ya no se comunicará hasta su reaparición redentora.
En eso cree el chiismo duodecimano y es probable que el régimen recurra a tal creencia milenaria para manejar la terrenal realidad sobre el máximo líder de la teocracia persa, que debe ser uno y estar vivo.
Si no pueden mostrarlo quizá sea porque tampoco él pudo sobrevivir al bombardeo que inició esta guerra.
El hecho es que, desde la invisibilidad, el líder de Irán anunció que los máximos responsables de la muerte de su padre serán también asesinados.
Como la fatwa contra Salman Rushdie, la muerte de Alí Jamenei sentenció a morir por asesinato a Trump y Netanyahu. "La venganza es la voluntad de nuestra Nación y se llevará a cabo inexorablemente sin depender de mi existencia personal o la de otros líderes.estemos presentes o no, esto se cumplirá", explicó quien se supone actual máximo líder del régimen iraní.
Las palabras del enigmático Muqtada evocaron la fatwa que dictó en 1989 el ayatola Jomeini contra el autor de la novela Versos Satánicos. Ese dictamen religioso no sólo condenó a Rushdie a vivir oculto y protegido por la Scotland Yard. También le costó la vida a Hitoshi Higarashi, el primer traductor del libro, quien murió apuñalado.
También fue apuñalado el traductor al italiano Ettore Capriolo, aunque sobrevivió, igual que el editor noruego William Nygard. El propio Salman Rushdie fue apuñalado cuando, finalmente, al aparecer en público quedó expuesto a un fanático que intentó ejecutar la fatwa.
El llamado de Muqtada a asesinar a Trump y Netanyahu no es una fatwa. Si bien tiene el turbante negro de los descendientes de Mahoma, no tiene la jerarquía de muftí o ayatola que le permita dictar esa orden religiosa.
Lo que hizo fue clamar venganza, llamando a los iraníes a concretarla. Aunque sin la potencia de una fatwa, el llamado tiene la fuerza de una orden para los iraníes y también para los chiitas del mundo.
Por eso Trump se inquietó y trató de responder de una manera similar: "si me asesinan, miles de misiles destruirán totalmente Irán".
Lo significativo del llamado a la venganza es que podría alterar la guerra. La esperanza de recuperar la tregua radica en el ala política del régimen, preocupada por no perder las ventajas económicas que daba a Irán el acuerdo negociado en Islamabad. Y refuerza esa posibilidad la necesidad que tiene la administración Trump de poner fin al conflicto antes de las legislativas de noviembre.
Todo podría cambiar por la orden de venganza. A Trump y a Netanyahu ya no les alcanza con matar al nuevo liderazgo persa y con destruir la teocracia. Incluso imponiendo en Irán un régimen títere, no saldrán de la mira del chiismo más beligerante.