Lunes, 20 de Julio de 2026

Revolución de la inteligencia artificial y futuro del empleo

ChileEl Mercurio, Chile 19 de julio de 2026

Aquellos que inviertan oportunamente en educación, capacitación, innovación y mercados laborales modernos estarán en mejores condiciones para transformar la IA en fuente de mayor crecimiento".

La rápida difusión de la inteligencia artificial (IA) ha despertado una preocupación creciente en Chile y en el mundo. A diferencia de revoluciones tecnológicas anteriores, la IA no solo automatiza tareas manuales, físicas o de cálculo, sino también un número creciente de tareas cognitivas, incluso aquellas realizadas por trabajadores altamente calificados. Esto alimenta el temor de que millones de empleos puedan desaparecer. La mayor parte de la evidencia indica que la IA sustituye tareas específicas más que ocupaciones completas (Acemoglu y Restrepo). Ello obliga a redefinir funciones dentro de las empresas y exige nuevas competencias de los trabajadores, pero no implica necesariamente una reducción permanente del empleo agregado. Como ocurrió con la mecanización, la electricidad, la computación y el internet, las ganancias de productividad reducen costos, aumentan los ingresos reales y expanden la demanda por bienes y servicios, generando nuevas oportunidades de empleo. El principal riesgo de la IA no es el desempleo masivo, sino la velocidad de la transición laboral.
La evidencia disponible, tanto histórica como reciente, apunta en la misma dirección. Las ganancias de productividad derivadas de la IA pueden ser muy significativas. Las estimaciones basadas en la experiencia de revoluciones tecnológicas anteriores sitúan los efectos sobre la productividad entre 0,8 y 1,3 puntos porcentuales por año, mientras que, según modelos económicos basados en tareas, la mediana de esas estimaciones es de 0,68% (Aghion y Blumel). Estos aumentos de productividad impulsan el crecimiento económico. Al reducir los costos y elevar los ingresos reales, expanden la demanda por bienes y servicios y, con ella, la demanda por trabajo. Además, como ocurrió con la electricidad, la computación o el internet, la IA crea demanda por nuevas ocupaciones y funciones, como el entrenamiento de modelos, la auditoría algorítmica, la ciberseguridad avanzada, el diseño de prompts o la integración tecnológica en empresas tradicionales. Investigaciones pasadas ya mostraban que los aumentos de ingreso resultantes de la introducción de nuevas tecnologías crean nuevas demandas por trabajo. El efecto neto sobre el empleo agregado ha sido históricamente positivo, pero ha estado acompañado por períodos de transición complejos.
La evidencia a nivel de las empresas también apunta en esa dirección. Un estudio de Brynjolfsson et al ., basado en microdatos de compañías del Fortune 500 que emplean agentes de atención al cliente en Filipinas, encontró que la productividad de los agentes aumentó en torno al 14%, al mismo tiempo que mejoró la satisfacción de los clientes. Más interesante aún, la productividad de los trabajadores con menos experiencia y menor calificación aumentó un 35%. Este resultado es especialmente relevante, porque muestra que la IA no solo aumenta la productividad promedio, sino que también puede reducir las brechas de desempeño entre trabajadores experimentados y menos experimentados, facilitando el aprendizaje y elevando el capital humano.
Sin embargo, que la IA aumente la productividad de algunos trabajadores no significa que todas las tareas y ocupaciones se beneficien por igual. Un estudio de Srinivasan et al ., utilizando una base de datos que cubre casi todas las vacantes en EE.UU. desde comienzos de 2019 hasta marzo de 2025, encontró que las ofertas de empleo para ocupaciones que implican muchas tareas estructuradas y repetitivas, probablemente reemplazables por IA generativa, disminuyeron un 13%. En cambio, las ofertas para ocupaciones que requieren más trabajo analítico, técnico o creativo- y que pueden ser potenciadas por la IA- crecieron un 20%. Las mayores reducciones se produjeron en los sectores financiero y tecnológico. Estos resultados no apuntan necesariamente a una desaparición generalizada del empleo, sino a una reasignación de la demanda desde tareas rutinarias hacia funciones en las que la IA complementa capacidades humanas más complejas.
Precisamente, porque esta reasignación puede ser rápida y costosa para algunos grupos, la política pública desempeña un papel fundamental en la preparación de los trabajadores y las empresas. La política educacional debe fortalecer desde edades tempranas las habilidades de escritura, razonamiento matemático, pensamiento lógico y pensamiento crítico. A nivel universitario y técnico, se requiere avanzar en la formación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. En el ámbito laboral, se necesita avanzar hacia esquemas de "flexiguridad", es decir, una combinación de flexibilidad laboral con mecanismos de protección para los trabajadores, como las indemnizaciones a todo evento. También se requieren programas efectivos de capacitación, tanto para quienes pierdan sus empleos como para quienes necesiten actualizar sus competencias, orientados a facilitar su empleabilidad en el mundo de la IA. Chile tiene un gran trabajo por delante para preparar a su población y a sus empresas para esta nueva era.
La principal lección es que el impacto de la IA sobre el empleo no está predeterminado. Dependerá de la capacidad de los países para facilitar la transición hacia una economía más productiva. Aquellos que inviertan oportunamente en educación, capacitación, innovación y mercados laborales modernos estarán en mejores condiciones para transformar la IA en una fuente de mayor crecimiento, mejores salarios y empleos de mayor calidad. En cambio, quienes retrasen esa adaptación enfrentarán costos de transición mucho más elevados y desaprovecharán una de las mayores oportunidades de crecimiento de las próximas décadas. Ello no significa minimizar los costos de transición. Algunos trabajadores verán desaparecer parte de sus tareas y enfrentarán procesos de reconversión difíciles, mientras que otros deberán desplazarse hacia funciones en las que sus capacidades sean complementarias a la tecnología. La experiencia muestra que las ganancias agregadas pueden coexistir con pérdidas importantes para grupos específicos si las políticas públicas no facilitan la adaptación. La historia económica enseña que las grandes innovaciones no eliminan el trabajo; transforman su naturaleza. El desafío para Chile no es intentar detener la IA, sino preparar a sus trabajadores y empresas para aprovecharla.
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