La oportunidad desperdiciada
"A diferencia de Carlos Lleras, que fue un estadista y transformó las instituciones, el Presidente optó por renunciar a ser gobernante y decidió mutar hacia el activista-caudillo"
"A diferencia de Carlos Lleras, que fue un estadista y transformó las instituciones, el Presidente optó por renunciar a ser gobernante y decidió mutar hacia el activista-caudillo".
RICARDO ÁVILA PINTO - ESPECIAL PARA ELT IEMPO @ravilapinto
ANALISTA SÉNIOR
Aquel 7 de agosto de hace cuatro años la plaza de Bolívar de Bogotá estaba llena de gente. Desde tempranas horas el espacio detrás de las sillas reservadas para los invitados especiales había comenzado a ocuparse, en medio de un ambiente festivo que contrastaba con la solemnidad de la ocasión. Muchos habían venido desde lugares remotos del país con el fin de asistir a la posesión de Gustavo Petro como presidente de la República. Personas con sombreros y trajes típicos de diferentes regiones se mezclaban con quienes vestían de manera formal, en lo que a alguien se le antojó como una reivindicación de la diversidad. No faltó quien dijera, incluso, que hasta la naturaleza veía con buenos ojos la llegada del que pasó de ser candidato del Pacto Histórico al primer cargo de la Nación. Lejos de una tarde lluviosa y fría, el sol calentó mientras el cielo azul le daba más realce a Monserrate y Guadalupe, los cerros tutelares de la antigua Santa Fe. Hubo momentos de gran entusiasmo, como la llegada de la espada del Libertador en cumplimiento de la primera orden del nuevo mandatario. Pero los aplausos más continuos se escucharon durante el discurso inaugural que, a lo largo de 48 minutos, estuvo plagado de promesas y compromisos. "Hoy empieza la Colombia de lo posible", aseguró el orador entusiasmado, con la banda tricolor sobre el pecho, antes de subrayar que "este es el Gobierno de la vida, de la paz y así será recordado". También mencionó una nueva política contra las drogas, la búsqueda de la igualdad, el impulso a la educación pública, la soberanía alimentaria, la equidad de género, el abandono de los combustibles fósiles, el futuro verde y la integración latinoamericana, al igual que las alianzas con África o el mundo árabe. La parte final de la intervención consistió en lo que este mismo llamó un decálogo de temas que incluyó los siguientes verbos: trabajaré, cuidaré, gobernaré, dialogaré, escucharé, defenderé, lucharé, protegeré, desarrollaré y cumpliré. El cierre trajo un llamado a la unidad: "tenemos que decirle basta a la división que nos enfrenta como pueblo", sostuvo en el penúltimo párrafo. Así los presentes y los que siguieron la transmisión del acto desde la distancia supieran que a las palabras se las lleva el viento, no hay duda de que lo dicho sirvió para disminuir temores entre quienes veían con aprehensión el arribo del líder de la izquierda al poder. La conformación del gabinete, que incluyó a representantes de otras vertientes y algunos técnicos de la línea moderada con experiencia, ayudó a calmar las aguas en un principio. De forma y fondo Han transcurrido 1.442 días desde ese momento. Y, cuando faltan apenas dos semanas y media para que Petro deje la Casa de Nariño, comienzan las evaluaciones del cuatrienio, respecto al cual su principal responsable ya emitió una opinión. "Hicimos uno de los mejores gobiernos de la historia de Colombia", afirmó en su cuenta de X. Es de imaginar que la misma aseveración será reiterada en el acto de instalación de sesiones del Congreso y en otras intervenciones. En lugar del pudor mostrado por mandatarios que en su momento prefirieron esperar el juicio de la historia, ahora la autocalificación llegó antes de que concluya el periodo actual del Ejecutivo. En ese, como en tantos otros asuntos, el jefe de Estado saliente rompió con tradiciones tanto tácitas como explícitas. La decisión de no reconocer a quien le sucederá en el puesto -con el argumento de un fraude no documentado- es la más extrema de todas, pero ciertamente no fue la primera de una larga lista de pasos por el camino de la radicalización. Como consecuencia, la concordia entre los colombianos parece hoy más una utopía que un sueño posible. Más que acercarse al entendimiento en medio de la diferencia, las encuestas y los resultados electorales muestran una ciudadanía fragmentada en muchos aspectos, incluyendo el de la geografía. Tanto atizar el fuego de la discordia condujo no solo a la prolongación de las contradicciones, sino a la confirmación de que la tercera ley de Newton opera en la física y, a veces, en la política. El principio de acción y reacción, según el cual si un objeto ejerce fuerza sobre otro este irá con el mismo ímpetu en el sentido contrario, hizo posible el triunfo de Abelardo De La Espriella en los comicios del 21 de junio. Nada de eso se intuía en los meses finales de 2022 cuando, a pesar de cierta turbulencia en los mercados cambiarios y de deuda, el Gobierno sacó adelante la agenda legislativa que propuso. Una ambiciosa reforma tributaria se combinó con el esfuerzo de discusión amplio del plan de desarrollo, que involucró a sectores usualmente ausentes del debate. A su vez, las conversaciones con varios grupos armados comenzaron en medio del entusiasmo de sus promotores. Sin embargo, con la llegada del año siguiente las cosas cambiaron. En el ámbito interno de la administración surgieron profundas controversias por cuenta del proyecto de ley de reforma de la salud, mientras la opinión se sacudió con las revelaciones respecto a la financiación de la campaña presidencial que involucraron al hijo y al hermano del Presidente. Nadie sabe a ciencia cierta dónde estuvo el punto de quiebre. Lo cierto es que en abril de 2023 el ensayo de apertura a otra manera de ver las cosas quedó atrás, con la salida de los titulares de las carteras de Hacienda y Agricultura, José Antonio Ocampo y Cecilia López, que se fueron por la puerta por la que semanas antes había salido el encargado de Educación, Alejandro Gaviria. Otros seguirían igual camino, a medida que el espacio para el debate constructivo desapareció. Cuestionar o expresar dudas ante ciertas determinaciones se volvió sinónimo de deslealtad, mientras en el día a día cada cual trataba de interpretar mensajes transmitidos en una red social o en un discurso, por cuenta de la falta de instrucciones precisas o el contacto con el equipo. Y es que el estilo de administrar de Petro nunca se atuvo a los cánones de la gerencia pública. En lugar del seguimiento periódico a estrategias y prioridades, de la revisión de documentos y reportes, funcionarios y opinión se acostumbraron a un mandatario que sorprendía con propuestas a su gente, para no volver a mencionarlas durante meses. Como si eso fuera poco, desde un comienzo fue evidente que la puntualidad no era el punto fuerte de la cabeza del Ejecutivo. Eso, aparte de los crecientes rumores sobre ausencias injustificadas de múltiples eventos o de las "desapariciones" del jefe del Estado en sus viajes internacionales. Mientras eso ocurría, las luchas internas de poder se hicieron visibles. Laura Sarabia llegó a ser la más fuerte en la Casa de Nariño, para acabar siendo remplazada por Armando Benedetti, su mentor original, a lo cual se añadieron otras facciones. La rotación en altos cargos también fue alta, con más de 60 ministros en las diferentes carteras, 50 por ciento más que en el periodo precedente y un número similar a los designados por Juan Manuel Santos a lo largo de ocho años. Mención aparte merece el aislamiento de Francia Márquez, quien acabó siendo una figura marginal. El estrepitoso fracaso del Ministerio de la Igualdad resume los errores de alguien que no pudo con la responsabilidad asignada, pero a quien tampoco le dieron espacio. ¿Qué pasó con el Gobierno del Cambio? Esa es una pregunta que se hacen muchos que creyeron en el proyecto progresista. "Todos éramos optimistas", sostiene Jorge Iván González, exdirector de Planeación Nacional. Y agrega: "mi hipótesis es que a los ocho meses Petro se desesperó. Vivió la angustia de que el cambio no podía ser rápido. No aceptó que sus propuestas estructurales tomaban tiempo". Añade que "a diferencia de Carlos Lleras, que fue un estadista y transformó las instituciones, el presidente optó por renunciar a ser gobernante y decidió mutar hacia el activista-caudillo". Su conclusión es que "en lugar de impulsar cambios profundos terminó acusando a ministros, Congreso o Cortes de ser enemigos del "pueblo", cuya voz solamente él oía con certeza". Hablan los datos Basta mirar la página web de la Presidencia de la República para encontrar un listado de logros bajo el encabezado de "con dignidad le estamos cumpliendo al pueblo colombiano". Diferentes cifras sobre alcances en materia económica y social se incluyen, aunque los especialistas cuestionan varios datos al igual que las bases de comparación usadas que comprenden la época de la pandemia. Más que ir línea por línea, vale la pena examinar algunos de los temas fundamentales, comenzando por el de la paz, que tanto protagonismo tuvo en el discurso del 7 de agosto de 2022. El balance de la estrategia de lo que se conoció como "la paz total" es descorazonador, por decir lo menos. Ninguna negociación importante se llegó a concretar y lo que se observa es un retroceso significativo. "Arrancamos el Gobierno con menos de 13.000 integrantes de los grupos armados ilegales y cerramos con casi 30.000", dice María Victoria Llorente de la Fundación Ideas para la Paz. Agrega que "de siete zonas de disputa entre organizaciones armadas en 2022 pasamos a catorce, triplicándose el impacto humanitario en las regiones en donde las confrontaciones ocurren". Las propias estadísticas del Ministerio de Defensa muestran un aumento significativo en secuestros de personas y muertes y heridos de integrantes de la Fuerza Pública. Otras fuentes revelan que la cantidad de masacres viene en alza, al tiempo que la seguridad encabeza la lista de preocupaciones de la ciudadanía, según varios sondeos. De otro lado, la Casa de Nariño saca pecho con el más reciente dato de pobreza monetaria, cuyo índice ascendió al 28 por ciento de la población, según el Dane. Si bien se mantiene una seguidilla de disminuciones, los analistas anotan que Colombia sigue por encima del promedio de América Latina (que es de 25,5 por ciento), en donde también la cifra ha bajado. Tampoco en lo que atañe a la salud hay consenso. Aunque el ministerio del ramo insiste en que la mortalidad materna y la infantil cayeron, el sistema de aseguramiento atraviesa su peor crisis, como lo atestigua el salto en las quejas y reclamos o la ausencia de medicamentos. Parte de ese deterioro está asociado al deterioro financiero de las EPS intervenidas y a la destinación de recursos billonarios para el esquema de prevención. Es verdad que frente a los pronósticos apocalípticos de un comienzo hay registros que sorprenden, como el comportamiento de la tasa de cambio. "Petro deja la economía en una situación paradójica: un problema fiscal crítico, sectores como energía, construcción y minería en crisis, la inversión estancada, pero a la vez el consumo privado y el empleo en auge, junto a un sistema financiero fortalecido", opina la experta Carolina Soto. No obstante, frente a las expectativas de sus partidarios o los compromisos asumidos, la gestión del Pacto Histórico se quedó corta. Comparar el decálogo de temas del acto de posesión con las realizaciones constatables muestra un saldo en rojo abultado. En materia legislativa, de las tres grandes reformas sociales solo una -la laboral- salió adelante, mientras la de pensiones se encuentra en entredicho en la Corte Constitucional. Y en campos tan disímiles como la transición energética o la reforma agraria se alcanzó una fracción de lo propuesto, para no hablar de la desastrosa ejecución del programa de mejoramiento de vías terciarias. Presentar como gran logro el salto de casi el 24 por ciento en el salario mínimo de este año desconoce el incremento en la informalidad y las presiones inflacionarias al alza. A lo dicho se le suma el peor legado, como es el desbarajuste de las finanzas públicas por cuenta del exceso de gastos que tardará años en corregirse. En la arena internacional, además, los roces con Washington y un prestigio en declive le hicieron más daño que bien a un país que acabó siendo irrelevante en el concierto regional. Dicho lo anterior, es cierto que Gustavo Petro cuenta todavía con un importante respaldo en sectores amplios de la opinión. Su futuro como jefe de la oposición lo ubica en un rol en el que nadie lo iguala, motivo por el cual seguirá vigente y podrá congregar multitudes. Sin embargo, lo que haga de ahora en adelante nunca podrá disimular su compleja personalidad y las fallas de su gestión, la cual no dio muestras de autocrítica ni supo reconocer sus errores cuando los cometió de forma protuberante. Quien llegó a hablar del comienzo de una segunda oportunidad para Colombia algún día debería aceptar que desperdició el privilegio de poder convertir los imposibles en posibles y, de paso, mejorarles la vida a aquellos a quienes prometió hacerlo.