La batalla cultural
La foto de los miembros del futuro gabinete, con su saludo militar de brazo levantado hasta la altura de la cabeza, no deja dudas sobre el talante de la Patria Milagro
La foto de los miembros del futuro gabinete, con su saludo militar de brazo levantado hasta la altura de la cabeza, no deja dudas sobre el talante de la Patria Milagro. Sus defensores se ven listos para marchar a la batalla ministerial que es, también, o, sobre todo, una batalla cultural. Pero no se trata (solo) de una frase hecha sino de una estrategia que ya fue probada con éxito en nuestra reciente campaña presidencial y en las de países vecinos, cuyo objetivo es conquistar mentes humanas, que hoy son el capital más cotizado, y el mayor botín de guerra, para hablar en esta lengua bélica. Por eso no es casualidad el nombramiento de dos mujeres sin experiencia específica, pero con ideas inquebrantables de "extrema coherencia" en los ministerios de Educación y Cultura. Miren a las dos generalas juntas en la foto: Vivian Morales y Paola Holguín. Morales ya había prometido desterrar de los colegios la llamada ideología de género, que es el caballito de batalla de las huestes conservadoras, para rescatar las mentes más jóvenes. Holguín llevó los símbolos más lejos y habló de usar la motosierra para reducir el tamaño del Estado. "Yo amo a Milei", declaró la ministra, para citar al autor de esa imagen que suena tan violenta en el contexto (paramilitar) colombiano. Lo que queda claro, en el fondo, es que la cartera de cultura dejó de ser un accesorio para retribuir favores electorales a señoras, y que hay consenso, al menos en teoría, sobre su importancia para la construcción de una red de significados políticos compartidos. Si la intervención en el ámbito de esos significados colectivos, con sus ritos, sus lenguajes y sus representaciones, antes había sido delegada a la Iglesia tradicional, a ciertos regímenes políticos o al mejor postor en el mercado, el hecho de adoptar como estrategia de campaña, y ahora de gobierno, el término de batalla cultural no se puede leer como algo neutro ni tampoco como una idea espontánea o local de Abelardo De La Espriella, sino como un "descubrimiento" que proviene del argentino Agustín Laje, autor del libro La batalla cultural: Reflexiones críticas para una Nueva Derecha, y que se ha convertido en el manifiesto para animar a los "guerrilleros culturales" a "obtener las herramientas intelectuales para formar parte de una nueva derecha fortalecida" en diversos países de la región. El autor, que vende muchos libros en Colombia, es estratega y asesor de las campañas de derecha. Su presentación de Generación idiota, en el gran auditorio de la Filbo en 2023, fue un éxito que dejó a mucha gente por fuera y que hoy, con espejo retrovisor, explica fenómenos que no supimos ver. (¿Dónde estábamos?) En esa ocasión, habló de su batalla por "defender a los nuestros" de la ideología de género y de los woke, a los que llamó "intolerantes liberticidas", y frente a un público mayoritariamente joven que no paraba de aplaudir dio esta instrucción: "Cada vez que un político les ofrezca más derechos, huyan". Con el término, "la inflación de derechos", explicó en esa ocasión que reconocer a todos "derechos socialistas", como vivienda, tiene un costo que pagan todos. Ese es el marco teórico que inspirará la lucha contra el socialismo del siglo XXI y que permitirá "argumentar con solidez", según promete Lage, frente a las ideologías que desafían "tus" valores. A juzgar por la pasión de las primeras declaraciones de Paola Holguín, "la guerrera está lista para construir por primera vez en la historia la obra maestra de la patria… Firme con los artistas, firme por la patria". Me disculpo por usar tantas comillas. Habrá que familiarizarse con esta nueva lengua que inventará todo de nuevo (y que ojalá no alcance a destruir lo que se ha hecho) en este cuatrienio que comienza.
Habitación propia
Yolanda Reyes