Colombia y el dilema de la IA
Andrés Barreto González
El más reciente informe de la Ocde, Skills in the AI age, confirma algo que en Colombia ya intuíamos: la Inteligencia Artificial no está destruyendo empleo, pero sí está redefiniendo qué tareas hacemos y qué sabemos hacer
Andrés Barreto González
El más reciente informe de la Ocde, Skills in the AI age, confirma algo que en Colombia ya intuíamos: la Inteligencia Artificial no está destruyendo empleo, pero sí está redefiniendo qué tareas hacemos y qué sabemos hacer. Entre 2021 y 2025, la adopción de IA en las empresas de los países de la Ocde pasó de cerca del 7% al 20%. Colombia corre el riesgo de quedarse rezagada si no articula los aspectos laborales y digitales. El hallazgo más relevante para el contexto nacional es la falta de habilidades, más que el costo o la infraestructura, siendo esta una de las principales barreras que reportan las empresas para adoptar IA. En un país en donde buena parte del tejido productivo son MiPymes con escaso margen para invertir en formación, esa barrera puede convertirse en una trampa: las empresas que no adoptan IA pierden competitividad, y los trabajadores de esas empresas quedan cada vez más lejos de las habilidades que el mercado demanda. El informe también desmonta un mito usual en el debate público: los empleos más expuestos a la IA - gerentes, profesionales, ingenieros - no son necesariamente los que corren mayor riesgo de automatización, porque dependen de pensamiento crítico y habilidades sociales difíciles de replicar. El verdadero riesgo de desplazamiento recae en ocupaciones rutinarias en oficios como construcción, agricultura, transporte y manufactura, sectores que en Colombia emplean a millones de personas con baja cualificación formal y escaso acceso a reentrenamiento. De ahí se desprenden tres recomendaciones concretas para nuestro país. La primera, es que la formación en IA no puede limitarse a ingenieros y programadores. El informe insiste en que la mayoría de los trabajadores solo necesita ‘alfabetización en IA’: saber usarla, entender sus límites y evaluarla críticamente. Colombia debería priorizar programas masivos y gratuitos de alfabetización digital -al estilo del curso Elements of AI de Finlandia- antes que programas costosos de especialización técnica. En segundo lugar, urge un mecanismo de cofinanciación de capacitación empresarial similar al modelo alemán, que subsidia tanto el costo en formación, así como los salarios durante esta etapa. Sin ese incentivo, las pymes colombianas seguirán posponiendo la capacitación de su personal por razones de flujo de caja, no de voluntad. El tercer elemento, y quizás el más urgente, es que Colombia necesita un sistema real de reentrenamiento para trabajadores desplazados, con rutas cortas y certificables, y no solo programas de empleabilidad genérica. El Sena tiene la infraestructura territorial para liderar este esfuerzo, pero requiere currículos actualizados y alianzas más ágiles con el sector privado, como las que muestran los casos de Corea o Estonia. La IA no espera a que los países se pongan de acuerdo sobre cómo regularla. Mientras discutimos el marco normativo, la brecha de habilidades sigue creciendo. Colombia tiene la oportunidad de construir una transición digital justa, pero solo si entiende que la política de habilidades es tan urgente como la política industrial o fiscal.
Abogado.