Intelectuales
Como grupo dentro de las sociedades, el de los intelectuales tiene contornos difusos
Como grupo dentro de las sociedades, el de los intelectuales tiene contornos difusos. Podría ser, según algunos, el de quienes trabajan con la mente o el intelecto. Según otros, los que críticamente estudian y analizan sus comunidades o aportan creativamente a las formas de pensar y de sentir.
No sé si en la Antigüedad existió tal designación para los pensadores, poetas y escritores. Lo cierto es que el intelectualismo como condición humana se asocia a la cultura europea, especialmente la francesa. En esa categoría caben escritores, poetas, pensadores, rara vez algún político y algún militar. Gente que, desde diversos oficios y prácticas, contribuye a formar opinión, dar razón de las cosas, señalar liderazgos y anticipar acaeceres.
Critilo admite que a veces ser intelectual es motivo de orgullo e induce a la emulación o la imitación. En otras ocasiones, bajo regímenes políticos que no aprecian el pensamiento o el disenso, los intelectuales no son más que propaladores de falsas ideologías. Y en ocasiones se los rotula de parásitos o zánganos que no contribuyen al bienestar material.
Sea como fuere, el rótulo parece gozar de aprecio. Muchos posan de intelectuales porque escriben o hablan y opinan. Nos falta una medida justa para apreciar esta categoría de personas y dar a cada cual lo que merece en respeto, dinero u honra.