Rueda pinchada
El deporte es un reflejo de la vida nacional.
El Malicho era un crack en el barrio. Tenía una bici piñufla, pero con 13 años, sin importar la edad del contendor, daba barraca. Me acordé de él leyendo una anécdota: el entrenador Andrej Hauptman cuenta que en 2011 presenciaba una carrera de ciclismo juvenil en Eslovenia. Notó que el más chico del grupo sufría por alcanzar al pelotón. Preocupado, pidió a los organizadores consideración por la obvia desventaja física. "¿De qué hablas?", le respondieron, "el de 13 les va a sacar una vuelta a los mayores". Ese chico, Tadej Pogaèar, hoy, si nada extraño pasa, ganará su quinto Tour de Francia. ¿Malicho? Saludos donde sea que te encuentres.
Lo ocurrido en los últimos años en el ciclismo de ruta es extraordinario. No hace mucho, los profesionales tenían su mejor desempeño cerca de los 30 años (Armstrong e Induráin ganaron su primer Tour a los 27); hoy las estrellas del deporte bordean los 20 y hay logros que dejan a todos boquiabiertos. Ejemplo: el récord de la subida a Alpe d'Huez lo tenía Pantani con 36'40'' (1995). Tadej, bajo férreo escrutinio antidopaje, el viernes lo pulverizó (35'27''). ¿Tanta mejoría en productividad? ¿Cuánto habría hecho el crack del barrio?
La innovación en todos los aspectos del deporte ha sido gigante. La parte más obvia es la bicicleta. Marco, frenos, ruedas: la tecnología ha mejorado aerodinámica, eficiencia y durabilidad. Luego está el entrenamiento físico y mental de los atletas, las mejoras en nutrición y el monitoreo de las horas de sueño. Además, la recolección de datos antes, durante y después de las carreras ayuda a identificar fortalezas y debilidades individuales y colectivas. Esto importa, pues, más allá del talento individual, en la alta competencia el equipo es clave.
Los avances han permitido a varios talentosos latinoamericanos destacarse. Este año, en el Tour, lo de Carapaz (Ecuador) y Del Toro (México) es notable, y no olvidar al colombiano Bernal (lo ganó el 2019). ¿Y los chilenos en Francia este año? Ninguno compite. ¿Y el año pasado? Tampoco. Es que no me va a creer, pero en los 123 años del magno evento ningún nacional ha participado.
Raro, ¿no? No tanto. Más allá de las innovaciones, la institucionalidad es fundamental para hacer florecer el talento y generar competitividad, y aquí el problema es enorme. Hace poco más de una década el colapso de las dos federaciones dejó al deporte patas arriba. Quizás por lo mismo, la Vuelta a Chile está suspendida desde el 2020 y el calendario competitivo está moribundo. Y las restricciones (justificadas) a los ciclistas en las carreteras concesionadas hacen casi imposible encontrar buenos circuitos largos.
Tenemos montañas, se puede entrenar en altura (como sabemos, con acogedores refugios), los avances en el deporte están disponibles y, como demostraba el Malicho, el talento existe. Como en muchos ámbitos del quehacer nacional, el problema es que la institucionalidad tiene la rueda pinchada. Al menos está el futb... no, tampoco. Y es que el deporte no es una actividad separada de la vida nacional, sino su reflejo.