Lunes, 27 de Julio de 2026

A sus 110 años de historia, "Donde Golpea el Monito" prepara su llegada al retail

ChileEl Mercurio, Chile 26 de julio de 2026

La histórica sombrerería del centro de Santiago, rescatada por una nueva generación de la familia durante la pandemia, invirtió US$ 1,5 millones en restaurar el negocio y ahora apuesta por el e - commerce y los marketplaces para expandir la marca. Trinidad Riobó M.

"A principios del siglo XX, no tener sombrero era como no tener camisa", dice Roberto Lasen Sordo, actual administrador de Donde Golpea el Monito y tercera generación de la familia ligada al tradicional negocio del centro de Santiago. Fundada en 1915, en la misma calle 21 de Mayo, donde hoy continúa, la sombrerería surgió bajo el nombre de Fábrica Unida Americana de Sombreros.
El negocio nació del inmigrante asturiano José González Noriega y su esposa, María Sordo. Años más tarde se incorporó José Sordo, sobrino de los fundadores, quien terminó quedando al frente de la empresa.
La propiedad fue pasando de generación en generación hasta llegar a José Lasen Sordo, quien tuvo dos hijas: María Teresa y Dolores. Mientras María Teresa y su marido, Fernando Tamayo, asumieron un rol clave en la administración -"se les debe gran parte de la permanencia del local en el tiempo", reconoce la familia-, la madre de Roberto, Dolores, vendió su participación a fines de los años 90. Entonces la empresa quedó en manos de las hermanas Tamayo, quienes lideraron la gestión durante las siguientes décadas.
En paralelo, la sombrerería también fue adaptándose a los cambios del mercado. La familia compró en los 60, el inmueble donde funcionaba el local y poco a poco dejaron atrás la fabricación propia por la importación de modelos extranjeros. Actualmente trabajan con sombreros provenientes de Bolivia, España, Portugal, Argentina y China, buscando cubrir distintos segmentos de clientes sin perder el sello tradicional que los caracteriza.
Parte importante de esa identidad la construyó el personaje que terminó dándole nombre al negocio. Aunque oficialmente seguía siendo la Fábrica Unida Americana de Sombreros, el autómata con forma de mono instalado en la vitrina -adquirido por José Sordo en un remate- comenzó a atraer a santiaguinos con el tac, tac, tac de su bastón golpeando el vidrio.
"Juntémonos donde golpea el monito", empezaron a decir y la referencia terminó imponiéndose sobre el nombre original. Décadas después, el muñeco fue guardado por decisión de la familia entre las tablas del piso del negocio y permaneció oculto durante cerca de 40 años, hasta que reapareció tras el terremoto de 1985.
Restaurado, volvió a ocupar su lugar en la vitrina y hoy sigue siendo el principal emblema del local que es parte de los circuitos en el casco histórico de Santiago, a pasos del Mercado Central y la Estación Mapocho
US$ 1,5 millones de inversión para una segunda vida
De la mano de su prima Maite, el actual dueño mantuvo el negocio por años pero no logró crecer. Cuando la pandemia paralizó el país en 2020, la sombrerería "ya venía debilitada y la situación era insostenible", cuenta Catalina Lasen.
En ese escenario ingresó Roberto Lasen con la intención de inyectar recursos y sacarlo a flote. Tras evaluar la situación y negociar la compra de la participación del resto de la familia, Lasen asumió el control en 2021 junto a su hija Catalina, iniciando una nueva etapa.
"Yo vi la historia, nada más. En ningún momento me fijé en que esto iba a ser un buen negocio. Siempre dije: estoy rememorando la historia de la familia", recuerda. Los números, advierte, también acompañaban: "Aunque vendiéramos muy poquito, siempre ganábamos", explica.
La inversión inicial de US$ 1,5 millones se destinó en su mayor parte a la restauración del inmueble. "Son los mismos espejos, los mismos mesones, todo original. Queríamos mantener la historia pero mejorar", dice Catalina.
El frontis del local se pintó en blanco y negro, siguiendo la línea estética del barrio histórico y el mono autómata recuperó su lugar protagónico.
Con estos cambios, el salto en ventas fue rápido. De los $140 millones anuales que facturaba cuando fue adquirida por Lasen, la sombrerería llegó a vender $700 millones el año pasado y proyecta cerrar este año en torno a los $900 millones. Hoy, el volumen de ventas mensuales ronda las dos mil a tres mil unidades.
Activaron el canal digital en 2021, casi en paralelo con la reapertura del local renovado. Hoy el e-commerce representa cerca de un 10% de sus ventas y proyectan su entrada a los principales marketplaces del país. "Tenemos un equipo interno rediseñando todo para que ahora estemos en todos lados", cuenta Catalina.
La gran apuesta, sin embargo, es el retail . "Queremos ver la opción de poner pequeños corners en centros comerciales, para darle la posibilidad a aquel joven que no conoce la historia", dice el dueño.
Con la masificación de la marca aspiran también a dar el salto fuera del país. "La marca tiene más de cien años, apela a la herencia y a lo emocional. Tiene todos los atributos", dicen.
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