Domingo, 26 de Julio de 2026

El intento que nunca resta

ChileEl Mercurio, Chile 26 de julio de 2026

Bajo los 500 puntos vuelve a rendir el 35% de los de colegios pagados y el 10% de los municipales. Ese gradiente no lo inventó la PAES: ya en la PSU, a igual puntaje, el pagado repetía el doble que el municipal (...) La desigualdad no está en la prueba; está en quién puede repetirla".

Mi generación dio la prueba de admisión a la universidad una sola vez, a fines de cuarto medio, y con ese puntaje te jugabas la carrera que querías. Se podía repetir, pero era una apuesta real: el puntaje nuevo reemplazaba al anterior, aunque fuera peor. Quien ya tenía uno bueno tenía poco que ganar y mucho que perder.
A fines de 2022 debutó la PAES y la apuesta desapareció. La prueba se rinde dos veces al año, se pueden usar hasta cuatro rendiciones en una postulación, y el sistema elige el puntaje más alto de cada una. El de cuarto medio llega con un intento; quien espera dos años postula con lo mejor de cuatro. Cada año de espera compra la posibilidad de un mejor resultado: el intento extra nunca resta, solo suma. El objetivo era de justicia, aliviar la presión de jugarse el futuro en un día. La directora del Demre celebraba un sistema "más amistoso, más humano, más pensado en los estudiantes", y el ministerio lo justificó como una ayuda a los colegios públicos y subvencionados. Cuatro admisiones después, los datos permiten preguntar qué justicia se creó.
Analicé los microdatos públicos del Demre y el Mineduc, de las admisiones de 2016 a 2026. Hoy se repite algo más que antes: uno de cada cinco alumnos, frente a uno de cada seis antes de 2022. Pero el cambio grande no es cuántos repiten, sino quiénes. En la era de la PSU, la probabilidad de repetir bajaba mientras mejor le había ido al alumno: el quintil superior repetía un tercio menos que el resto. Con la PAES la pendiente se dio vuelta: vuelve a rendir el 14% del quintil más bajo y cerca del 24% de los tramos altos, y casi la mitad de los repetidores sale de los dos quintiles superiores. Al que le fue bien en el primer intento, que antes casi no repetía, hoy es el que más repite.
¿Dónde se ve el impacto? En carreras con pocos cupos y corte cerca del techo de la escala, donde los intentos extras de unos suben la vara para todos. En las masivas casi no se nota: en pedagogías, ingeniería o derecho, rendir tres o más veces es marginal (menos del 8% de los matriculados). En medicina, históricamente la más difícil de entrar en Chile, el efecto es gigante. De los 3.276 matriculados de este año, solo uno de cada tres venía saliendo del colegio; hace diez años era casi el 60%. Más de la mitad rindió la prueba tres o más veces, 57% más que hace cuatro admisiones. En los 33 programas presentes en todo el período, el corte pasó de 893 a 911 puntos; en la Católica llegó a 958.
¿Qué beneficios producen tantos intentos? El primero que uno esperaría: profesionales mejor preparados. Para la era PSU ya hay evidencia. Un workingpaper de Frisancho, Gallegos y González (2026) usa quince años de datos y método causal para mostrar que las ganancias de repetir no persisten: los repetidores se gradúan a las mismas tasas y en carreras de salarios similares que sus contrafactuales. Repetir reordena la fila: mejora el puntaje, no al profesional que se gradúa.
El segundo beneficio prometido: que más alumnos de colegios subvencionados y municipales accedieran a carreras exigentes. No ocurre. Las brechas de la PAES por establecimiento no han mejorado, y en medicina el efecto va al revés. Manteniendo constantes los 33 programas de medicina entre 2023 y 2026, el particular pagado subió su matrícula de 47% a 50% y el municipal bajó de 15% a 13%.
Mientras los beneficios no aparecen, los costos son concretos. El año sabático es un año fuera del estudio y del trabajo, muchas veces con un preuniversitario que pagar. ¿Quién puede pagar la espera? Seguí a los egresados de cada cohorte al proceso siguiente, comparando alumnos con el mismo puntaje. Bajo los 500 puntos vuelve a rendir el 35% de los de colegios pagados y el 10% de los municipales. Ese gradiente no lo inventó la PAES: ya en la PSU, a igual puntaje, el pagado repetía el doble que el municipal. La regla nueva multiplicó lo que la repetición paga, sin tocar quién puede pagarla. Es lo que Goodman, Gurantz y Smith documentaron con el SAT: repetir mejora el resultado y la probabilidad de entrar, y los de menores ingresos repiten menos. La desigualdad no está en la prueba; está en quién puede repetirla.
Se dirá que repetir funciona: el ministerio celebró que 9 de cada 10 mejoraron su puntaje en la PAES de invierno. Es cierto, y es justamente el punto: repetir sube puntajes, no crea un médico más. Solo reordena quién ocupa los cupos, y los ocupa quien pudo financiar el año extra. El municipal, que es el 25% de los egresados de cuarto medio, pone apenas el 14% de los futuros médicos.
Las soluciones parten por volver al problema original. Si se quería bajar la ansiedad de un solo día, la respuesta es dar más oportunidades antes de postular, no después de egresar. Abrir la fecha de invierno a los alumnos de cuarto medio ataca la asimetría sin quitarle oportunidades a nadie. También se puede revisar la regla del máximo: promediar las dos mejores rendiciones mantiene la segunda oportunidad y desarma el premio por acumular intentos.
Una regla que nació para aliviar la ansiedad creó el intento que nunca resta, y con él un premio que no todos pueden comprar. El talento se reparte entre todos los colegios de Chile. Los años sabáticos no.
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