Domingo, 26 de Julio de 2026

Un panorama más oscuro

ColombiaEl Tiempo, Colombia 26 de julio de 2026

ANALISTA SÉNIOR
La gran ironía es que las preocupaciones actuales no están relacionadas con hechos fortuitos o inconexos

ANALISTA SÉNIOR
La gran ironía

es que las preocupaciones actuales

no están relacionadas con hechos fortuitos

o inconexos.

El causante de las turbulencias de ahora vuelve a ser Donald Trump.
RICARDO ÁVILA PINTO - ESPECIAL PARA ELT IEMPO @ravilapinto
Cualquier lector desprevenido habría podido concluir que se trataba de titulares viejos. A fin de cuentas, la semana pasada la prensa internacional volvió hablar del alza en los precios del petróleo y de la guerra comercial protagonizada por Estados Unidos, temas que parecían haber quedado atrás el semestre pasado. Pero claramente no fue así. La reactivación de las hostilidades en el Medio Oriente que pone de nuevo en entredicho el adecuado suministro de una quinta parte de los hidrocarburos que consume el planeta se sumó a otra ofensiva arancelaria por parte de Washington, en la cual Colombia fue una más de las víctimas. Por causa de lo ocurrido se encendieron las alarmas relacionadas con la salud de la economía mundial. Pero muchos ignoraron el campanazo con el argumento de que hechos similares fueron motivo de inmensa preocupación unos meses atrás sin que realmente se cumplieran las predicciones de carácter más negativo. Aún así, haber superado un primer bache con daños menores no quiere decir que la capacidad de aguante esté garantizada. Más de un analista ha señalado que el margen de tolerancia a impactos como los señalados se reduce cada vez que se repite el golpe. Para colmo, en la presente oportunidad hay amenazas adicionales que pueden desembocar en trastornos de marca mayor. La gran ironía es que las preocupaciones actuales no están relacionadas con hechos fortuitos o inconexos. El causante de las turbulencias de ahora vuelve a ser Donald Trump, quien parece decidido a duplicar una apuesta en la cual también se juega el futuro de su administración. Con las elecciones legislativas de noviembre a la vuelta de la esquina, el Partido Republicano se expone a perder la mayoría con la que cuenta en la Cámara de Representantes y el Senado algo que, de llegar a ocurrir, limitaría seriamente el accionar del actual inquilino de la Casa Blanca. Como lo muestran las encuestas, los ciudadanos estadounidenses ven con ojos críticos el aumento en el costo de ciertos productos que consideran esenciales -como el galón de gasolina- y el involucramiento en un conflicto externo que se asemeja a un callejón sin salida. Al mismo tiempo, en otras latitudes cobra carrera la percepción de que el país del Tío Sam retornó a la época del gran garrote y golpea con este a unos y a otros, comenzando por aquellos que se creían sus aliados, debido a lo cual es mejor tomar distancia. Tales consideraciones merecen ser tomadas en cuenta en las más diversas capitales. También las sumas y restas merecen hacerse en Bogotá (algunos dirán que en Barranquilla) dado el cambio de mando que se avecina en la Presidencia de la República. Un contexto global en donde primen nerviosismo e incertidumbre le hará más empinada la cuesta del arranque al equipo que comienza. De mal en peor Cuando hace unas semanas el Fondo Monetario Internacional dio a conocer sus más recientes proyecciones sobre la marcha de la economía mundial, entregó lo que algunos consideraron como un parte positivo. Según el organismo las cosas estaban saliendo mejor que lo esperado, porque las repercusiones derivadas de un alza en las cotizaciones del petróleo y el gas natural habían sido relativamente menores. Debido a ello, mantuvo en términos generales el pronóstico de crecimiento entregado en abril. Según este, la expansión del producto interno bruto del planeta este año será de 3 por ciento, unas cuatro décimas menos de lo que calculó en enero, mientras la inflación se ubicaría en 4,7 por ciento, seis décimas más que en 2025. Justo cuando se hicieron esas afirmaciones, lo peor parecía haber quedado atrás. Por esos días daba la impresión de que una tregua acordada entre estadounidenses e iraníes, con la aceptación a regañadientes de Israel, permitiría la rápida normalización del tráfico marítimo por el Golfo Pérsico y, en particular, el tránsito por el estrecho de Ormuz, tan vulnerable a los ataques armados. Sin embargo, la ilusión de que el problema había quedado resuelto se esfumó rápido. El 7 de julio retornaron las hostilidades en la zona, al tiempo con la retórica agresiva de lado y lado. Además, los hutíes de Yemen, un grupo tribal armado cercano a Teherán, bombardearon esta semana a un par de buques petroleros saudíes en el Mar Rojo, con lo cual se bloqueó de facto otra vía clave para el despacho de combustibles. Debido a la aparición de un obstáculo más, las cotizaciones del crudo llegaron a superar el nivel simbólico de los 100 dólares el barril, un salto cercano al 40 por ciento frente a los niveles registrados a finales de junio. La posibilidad de que venga otro extenso periodo de bloqueo pone nerviosos a los expertos que consideran que el margen de maniobra de los consumidores afectados por las interrupciones en el suministro es mucho menor. Hasta la fecha la emergencia pudo ser superada apelando a los inventarios acumulados por los grandes consumidores. China, para citar un caso concreto, cuenta con existencias de más de mil millones de barriles de crudo que, en principio, le servirían para aguantar varios meses sin tener que recurrir a sus proveedores externos. Parte de lo ahorrado le sirvió para reducir drásticamente sus compras a partir de marzo, cuando se desataron las hostilidades en el Medio Oriente. Pero hay rumores de que volvería a buscar suministros, lo cual ejercería presión sobre el valor de los hidrocarburos. Aunque en estas materias hacer apuestas resulta muy riesgoso, hay quienes se aventuran en ese terreno. La firma Goldman Sachs aseguró que el crudo se podría acercar a los 120 dólares por barril en los meses que vienen si la situación actual se prolonga. Dadas esas expectativas nadie cree que venga pronto un recorte en las tasas de interés internacionales. Todo lo contrario. Después de que el Banco Central Europeo aumentó el costo de sus fondos, ahora los ojos están puestos sobre el Banco de la Reserva Federal estadounidense, que esta semana decidirá si hace lo mismo a pesar de la férrea oposición de la Casa Blanca. En cualquier caso, los anhelos de que haya dinero barato han quedado aplazados indefinidamente. El encarecimiento de los créditos será un lastre adicional que afecta tanto a consumidores como empresas y países. Por ejemplo, los préstamos hipotecarios han subido tanto que las ventas de vivienda en el hemisferio norte han disminuido en forma sensible. Llama la atención que, a pesar de esos factores, el crecimiento global todavía se mantiene en el terreno de lo aceptable. La causa de que así sea es el enorme volumen de inversiones asociadas al desarrollo de la inteligencia artificial (IA) que incluye la construcción de centros de datos, la compra de equipos y la instalación de fuentes de energía y redes de transmisión. De no existir el auge tecnológico actual la historia sería muy distinta. No obstante, es evidente que la mayoría de los capitales se concentran en unos pocos lugares de la geografía mundial. Estados Unidos ha sido el gran beneficiado de esta especie de fiebre del oro, pero no es el único. Taiwán, Corea del Sur, Tailandia y Malasia viven una verdadera bonanza por cuenta de las exportaciones de microcomponentes y otros insumos relacionados con la IA. Al mismo tiempo en Asia hay naciones en donde la calidad de vida se ha deteriorado debido a la escasez de combustibles o los precios al alza. El resultado es un panorama más heterogéneo pues junto a un puñado de ganadores, abundan los perdedores. América Latina enfrenta un panorama similar, aunque con menos extremos. De un lado, exportadores de crudo como Guayana o Venezuela salen ganando. Del otro, los importadores netos deberán pagar una cuenta más alta para suplir las necesidades. En promedio, el desempeño regional será un poco mejor, sin que el panorama cambie radicalmente. Una duda más Las cuentas anteriores no incluyen la más reciente andanada comercial de Washington. A primera vista lo hecho por Trump consiste simplemente en prorrogar un esquema temporal que le fue necesario adoptar en febrero cuando la justicia determinó que el aumento original de aranceles, impuesto en abril del año pasado, transgredía la normas. Para blindar jurídicamente su política destinada a proteger a los productores locales y estimular la reapertura o construcción de plantas industriales el mandatario hizo uso de otras disposiciones, cobijando a unos 60 países. Quienes saben del asunto sostienen que el nuevo marco posiblemente saldrá avante en los tribunales, una vez se presenten las demandas del caso. Más allá de ese debate, el punto de fondo es que el Gobierno estadounidense no ha cambiado un ápice su postura. Básicamente esta consiste en que el esquema previo le resultaba desventajoso y que merece cobrar por el acceso al mercado más importante del planeta con el fin de equilibrar las cargas. De paso, eso le genera recursos importantes para asumir gastos que no estaban previstos. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, le informó hace unos días al Congreso que las operaciones en contra de Irán ya han costado 37.500 millones de dólares y que serían necesarios cerca de 70.000 millones de dólares adicionales en el futuro cercano. Si bien en principio las cosas en lo que hace a restricciones comerciales parecen no haber cambiado mucho, en la práctica sí hay variaciones importantes. Una primera lectura revela que a los europeos les fue relativamente mejor que antes, mientras a los brasileños se les castigó con dureza, pues sus productos pasarán de pagar 11 por ciento en promedio a 17,7 por ciento. Eso aparte de los castigos con nombre propio. Desde hace rato Canadá ha sido objeto de sanciones y otra vez se apresta a defenderse de una nueva ofensiva de su vecino del sur que hasta hace muy poco parecía un socio irremplazable. México también está en vilo ante el incierto camino del tratado de libre comercio que lo ha llevado a ser el principal proveedor de Estados Unidos. Colombia igualmente quedó del lado de los damnificados, pues ahora la tarifa nominal se elevó del 10 al 12,5 por ciento. El incremento está relacionado con la falta de medidas efectivas para impedir que lleguen al territorio nacional bienes fabricados por personas sometidas al trabajo forzoso. Fuera de la discusión sobre si es posible adoptar una barrera efectiva frente a tales abusos, lo cierto es que las autoridades colombianas estaban advertidas de que debían moverse en ese terreno. Lamentablemente el ministerio de Comercio y la Dian se pelotearon el tema durante semanas y aunque ya hay una reglamentación en borrador, habría sido más fácil reaccionar a tiempo en lugar de pedir una corrección en las semanas que vienen. Puede ser que la cercanía de la administración entrante con Trump logre un tratamiento preferencial, aunque eso está por verse. En el intermedio, el equipo económico que llega requiere entender la realidad para tomar las decisiones correctas. Y esta comprende un entorno internacional mucho más complejo que el que existía cuando Abelardo De La Espriella ganó las elecciones presidenciales. Aparte de que las tensiones geopolíticas vienen al alza, todo apunta hacia un endurecimiento de las condiciones financieras a la hora de conseguir préstamos o atraer capitales. También, claro, existen oportunidades. En la medida en que el Medio Oriente es considerado como una zona estructuralmente inestable habrá inversionistas interesados en diversificar el riesgo geográfico y de seguridad si las reglas de juego ofrecidas resultan atractivas. Ello hace que un área rica en recursos, como América Latina, sea particularmente atractiva y más ahora cuando la gran mayoría de los gobiernos del área tienen una actitud más amistosa hacia el sector privado. Dicho eso, nada sucederá por generación espontánea, lo cual quiere decir que es obligatorio hacer la tarea y tomar las medidas pertinentes mientras mejora la calidad de la administración pública. Solo así el país podrá minimizar el efecto de los coletazos derivados de las tormentas que se avizoran en el horizonte. Más que ideología, lo que se requiere ahora es pragmatismo y comprensión de la coyuntura, algo que incluye aceptar que el mundo es como es y no como el gobierno de turno quiere.
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