Lunes, 27 de Julio de 2026

Guanacaste atrae talento, pero expulsa a los suyos

Costa RicaLa Nación, Costa Rica 27 de julio de 2026

El auge inmobiliario y turístico de Guanacaste atrae capital y profesionales, pero obliga a algunos locales a emigrar por falta de formación.

Guanacaste no es una provincia que únicamente exporta población. Hoy también la importa: atrae migrantes internos desde otras regiones de Costa Rica y migrantes externos que encuentran en sus tierras un destino para invertir, trabajar o retirarse, impulsados por el auge del turismo, la construcción y el desarrollo inmobiliario.

Sin embargo, detrás de esa aparente historia de éxito económico se esconde una paradoja incómoda: la provincia que suma inversiones y nuevos residentes no logra ofrecer un horizonte de bienestar para buena parte de quienes nacieron allí. Muchas personas aún deben salir de ella para buscar un mejor futuro.

Mientras la transformación productiva incrementa la demanda de profesionales en salud, administración, educación y servicios empresariales, así como de especialistas en STEM, la oferta local de formación técnica y universitaria sigue siendo limitada en comparación con la Región Central. Aunque universidades como la UCR y la UTN han ampliado carreras y cursos en sedes regionales, su cobertura y su diversidad de programas todavía están lejos de responder a la escala y complejidad de las necesidades del nuevo Guanacaste. La consecuencia es que muchos jóvenes deben migrar a la GAM para estudiar y una parte significativa no regresa, alimentando el ciclo de "exportación" de talento local.

Además, distintos estudios sugieren que una porción importante de los puestos más calificados en la provincia se llena con profesionales provenientes de otras regiones del país o del extranjero. En un escenario donde el turismo de alto estándar, los servicios empresariales y la inversión inmobiliaria exigen perfiles técnicos y profesionales cada vez más complejos, Guanacaste se ve obligada a "importar" talento porque no lo forma en suficiente cantidad ni logra retenerlo. Es una geografía paradójica: atrae residentes y capital, pero sigue expulsando a parte de su población.

El resultado es un modelo que segmenta a la población en dos carriles. En el primero, una élite de profesionales altamente calificados —muchos de ellos llegados de fuera— ocupa los puestos de mayor responsabilidad y remuneración en cadenas hoteleras, desarrollos inmobiliarios y empresas de servicios avanzados. En el segundo, miles de trabajadores locales sostienen la operación cotidiana en construcción, limpieza, mantenimiento, cocina, atención al cliente y transporte, atrapados en un mercado laboral que ofrece menores remuneraciones y menos oportunidades de desarrollo profesional. La movilidad social se vuelve una promesa distante cuando la estructura productiva necesita pero no desarrolla el talento que podría cambiar esa ecuación.

Que Guanacaste sea hoy una provincia que atrae población no debe confundirse con que sea una provincia que distribuye desarrollo. El problema no es la ausencia de actividad, sino el tipo de encadenamientos que se generan y a quienes benefician. Los datos recuerdan que un modelo basado en turismo y construcción puede sumar inversión y visitantes, pero también consolidar relaciones laborales débiles y dependencia de capital externo, si no se acompaña de políticas deliberadas de formación y fortalecimiento de capacidades locales.

El desafío, entonces, no es frenar el turismo ni desincentivar la inversión inmobiliaria, sino cambiar la lógica bajo la cual operan. Eso pasa por una agenda ambiciosa de educación técnica y superior arraigada en la provincia, por programas de actualización y reconversión laboral adaptados a las necesidades de los sectores dinámicos, y por un esfuerzo público‑privado que vincule la contratación de talento local con incentivos claros. En otras palabras: que el boom turístico e inmobiliario deje de ser un ciclo que necesita importar profesionales y exportar jóvenes y se convierta en una plataforma para que los guanacastecos ocupen el lugar que les corresponde en la economía que se ha construido sobre su territorio.

Si Guanacaste ha dejado de ser solo una tierra de salida para convertirse en tierra de llegada, es el momento de preguntarse quién llega, quién se queda y quién se ve obligado a partir. La respuesta, de momento, revela un balance mixto: crecimiento económico con beneficios concentrados, migración que dinamiza la provincia pero también desnuda sus desigualdades, y una deuda persistente con los propios. La tarea pendiente es que el nuevo mapa demográfico y productivo no sea la historia de una provincia que atrae capital y talento ajeno, mientras sus habitantes siguen esperando que el desarrollo deje de ser una promesa y se convierta, al fin, en experiencia cotidiana.

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