Estudio revela detalles de la vida de una mujer que cruzó el altiplano hace siete siglos
Gracias a nuevos análisis, se logró saber los cambios en su dieta, la procedencia del agua que bebió en su niñez y cómo fueron sus últimos días.
No se sabe el nombre de esta mujer, pero sí que hizo un largo viaje de entre 150 y 350 km desde el altiplano boliviano hasta Pica, donde se radicó entre los años 1280 y 1380 d. C.
También que se integró a esa comunidad y que seis meses antes de morir sufrió un grave accidente. Entonces, alguien la cuidó mientras no podía moverse. Todo esto lo reveló un estudio encabezado por Francisca Santana, bioantropóloga de la U. Católica, y que contó con la participación de investigadores de Chile, Argentina, Sudáfrica, EE.UU. y Reino Unido.
"Los restos fueron hallados en el cementerio de Pica por el arqueólogo Lautaro Núñez en los años 60. Fueron enviados a la U. de Chile y forman parte de su colección", cuenta Santana.
Ella comenzó un estudio para caracterizar la dieta de las personas que habitaron en Pica en el período Intermedio Tardío (entre los años 900 y 1450 d. C.). Entre los cerca de 45 individuos analizados había uno que era diferente. "Era la única que en algún momento no consumía maíz. Mediante el análisis geoquímico de isótopos estables concluimos que consumía papa, quinoa y camélidos, dieta asociada con el altiplano".
Eso llamó la atención de los investigadores. "A través de los dientes se puede analizar la dieta que tuviste de pequeño". Así, pudieron estudiar los isótopos del agua que consumió cuando niña. "No coincidía con el agua de Pica o de Tarapacá, pero sí con la del altiplano. ¿Qué lugar del altiplano? Podemos decir que estaba entre los 3.800 a los 4.000 metros sobre el nivel del mar", explica.
"Los dientes nos permiten ver la infancia; los huesos, los últimos años y el pelo los últimos meses de vida", explica Santana. Su pelo -de 23 cm de largo- les ayudó a reconstruir casi dos años de su vida. "Comenzó a cambiar su dieta entre 12 y 14 meses antes de morir. Pasando de la dieta del altiplano a comer maíz, como lo hacían en Pica".
Armando el puzle, hoy se sabe que la mujer habría viajado a Pica y se quedó a vivir allí. Pero cuatro a seis meses antes de su muerte se quebró la clavícula, la pelvis y la mano izquierda, lo que sugiere una gran caída. "Alguien tuvo que alimentarla y cuidarla. Las radiografías muestran que su pelvis estaba sanando", dice Santana.
Cuando murió -teniendo entre 25 y 30 años- la enterraron en el cementerio local, con un peinado típico del complejo cultural Pica Tarapacá. "Su ajuar es una bolsa llamada chuspa, que no era de Pica, probablemente era la que ella traía. También había una onda, que está asociada a los hombres, pero creemos que en este caso está asociada a labores de pastoreo y que sirve para espantar a pumas y zorros".
El estudio concluye que este es un "caso excepcionalmente documentado de movilidad femenina (...) y plantea que estos desplazamientos pudieron responder a vínculos de parentesco o alianzas sociales, más que a caravanas e intercambio económico".