Jueves, 30 de Julio de 2026

El fin de un modelo

ColombiaEl Tiempo, Colombia 29 de julio de 2026


Miguel Gómez Martínez
¿Es posible salir de la crisis actual con los remedios tradicionales? ¿Podemos seguir haciendo el mismo tipo de política económica aumentando los impuestos y postergando las reformas estructurales en materia tributaria y presupuestal? ¿El país aguanta otra terapia de pañitos tibios? La respuesta a estas preguntas es no


Miguel Gómez Martínez
¿Es posible salir de la crisis actual con los remedios tradicionales? ¿Podemos seguir haciendo el mismo tipo de política económica aumentando los impuestos y postergando las reformas estructurales en materia tributaria y presupuestal? ¿El país aguanta otra terapia de pañitos tibios? La respuesta a estas preguntas es no. La crisis fiscal que hereda el nuevo gobierno es de tal magnitud que no puede ser enfrentada con medidas superficiales. No hay espacio para aumentar la presión fiscal sobre quienes ya hoy en día pagan una de las más altas tasas de tributación del mundo. Tampoco es posible seguir manteniendo los niveles de gasto tributario que tenemos (8 por ciento del PIB), el más elevado de América Latina. La informalidad, que excluye a millones de colombianos productivos, es en buena parte resultado de un código de tributación diabólico con más de 930 artículos, con 16 impuestos nacionales más la tributación territorial y una maraña de normas contradictorias que sólo hacen ricos a los asesores en impuestos. Por el lado del gasto, hemos petrificado el presupuesto con partidas obligatorias que no permiten utilizar el instrumento de forma contracíclica. Nuestras finanzas públicas lo único que garantizan es el despilfarro en los recursos en sectores ineficientes y burocratizados. Mientras el país desciende en los escalafones internaciones en materia de calidad de la educación y la natalidad se desploma, cada vez el peso de este sector es más grande en el presupuesto. El sistema de salud, otrora uno de los mejores del mundo en vías de desarrollo, hoy es un desangre presupuestal colosal. No hay en Colombia mediciones confiables sobre la efectividad del gasto público. Los recursos se ejecutan sin evaluación y los subsidios proliferan en el tiempo hasta que resultan imposibles de financiar. El problema de esta estructura irracional de tributos y gastos es que favorece a unos pocos poderosos intereses. Están las mafias de la corrupción que, al amparo de la ineficiencia de nuestros sistemas de control y enquistadas en el poder político, desvían colosales recursos mediante la contratación pública. Los últimos cuatro años han sido la feria mayor de este robo masivo ancestral de las finanzas públicas. Pero hay muchos otros intereses agazapados que se benefician de un modelo donde el interés general siempre está de último. El reto para los próximos cuatro años es iniciar una serie de reformas de fondo que nos permitan acelerar el crecimiento y luchar contra la pobreza. Esto no puede hacerse sin sacrificios y generosidad por parte de todos. No podemos seguir atrincherados en los privilegios y comodidades mientras el país se estanca en la mediocridad. No afirmamos que sea fácil ni que todo pueda lograrse en cuatro años. Pero se agotó el tiempo y es necesario darle al país un empuje decidido. Seguir por el mismo camino nos llevará al abismo y al regreso del populismo al poder. No hay tiempo para perder.
migomahu@gmail.com
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