Miércoles, 29 de Julio de 2026

La grandeza de renunciar al poder

ColombiaEl Tiempo, Colombia 29 de julio de 2026

David Jiménez Mejía
La mayor demostración de fuerza de un gobernante moderno no es acumular poder

David Jiménez Mejía
La mayor demostración de fuerza de un gobernante moderno no es acumular poder. Creo —por el contrario— que consiste en atarse las manos frente a la tentación de usarlo. El próximo presidente recibirá un cetro forjado durante décadas para concentrar poder y tendrá una oportunidad histórica: ser recordado no por lo que hizo con ese poder, sino por lo que decidió no hacer con él. Parto de algo elemental. El sector privado es el que más empleo genera en Colombia, como en casi todo el mundo. De él dependen el crecimiento y buena parte de la confianza para invertir. Bien encaminado, creo que el empresario colombiano tiene enfrente un verdadero resurgimiento real. Pero nadie invierte a ciegas: hacen falta reglas claras, que no cambien según el humor del presidente de turno. Pongo un ejemplo concreto: la fijación anual del salario mínimo legal. Siempre ha dependido, en exceso, de la voluntad del Ejecutivo. Y cuando los criterios que fija la ley no obligan de verdad, el presidente queda totalmente suelto. Ahí asoman el populismo, el afán electoral y las salidas de coyuntura —como la que vivimos el último año—: decisiones tomadas sin estudio, que se aplauden hoy y se pagan mañana con desempleo, porque no obedecen a ninguna planeación ni a un modelo de desarrollo que hayamos acordado. Por eso propongo algo que sonará muy extraño en quien busca gobernar: que el próximo presidente impulse una política de Estado que limite esa discrecionalidad. ¿Por qué habría de limitarse a sí mismo, con un poder tan grande? Por coherencia con lo que de verdad le conviene al país. El presidencialismo colombiano ha metido en una sola mano, por decirlo así "en un solo bolsillo", el presupuesto general, la iniciativa tributaria, el veto presidencial y la capacidad de doblegar a las demás ramas. Ceder parte de ese poder no debilita la Presidencia. A mi juicio la dignifica, porque le devuelve su lugar en la separación de poderes y a los contrapesos que quiso la Constitución de 1991. La cosecha de esa autolimitación será la confianza. El inversionista, sea de aquí o de afuera, no pone sus recursos donde las reglas cambian por capricho, sino donde las instituciones siguen en pie cuando el gobierno se va, sin que decidan por ellas la ideología o las ganas de quedarse. Aquí está la oportunidad: ser disruptivo y revertir esas costumbres que tantas campañas han prometido cambiar sin lograrlo. Que Colombia inicie el tránsito hacia una democracia madura, donde las políticas de Estado prevalezcan y sean permanentes. Eso se traduce en bienestar social, en igualdad material y en la reducción de los factores que hoy se esgrimen para justificar la violencia. El próximo presidente tendrá un poder inmenso. Su grandeza no estará en cuánto lo ejerza, sino en la sabiduría de contenerlo. Y la historia, ingrata con quienes concentraron el poder, reserva sus mejores páginas para quienes tuvieron el coraje de balancearlo.
Vocero Unión Gremial de Estaciones de servicio ‘Somos Uno’.
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