La riqueza de las naciones
Algo pasó en los últimos años que quebró la tendencia en la valorización de las empresas chilenas. ¿Qué habrá sido?
La riqueza en el mundo no para de crecer. Un reciente informe de la consultora estadounidense McKinsey da cuenta de que el patrimonio de los hogares en el mundo alcanzó la friolera de 570 trillones de dólares. Si tiene dificultad para comprender el número, no se preocupe; todos la tenemos. Esta cifra representa 4,8 veces lo que se produce en el mundo cada año, y es un 25% superior al valor de hace 15 años, lo que revela cómo el patrimonio de los hogares se ha acumulado más rápido que lo que crece la actividad económica.
La forma en que aumentó la riqueza, sin embargo, ha cambiado. No solo creció el ahorro, sino que también el valor de los activos. Por muchos años fue el mayor precio de las propiedades lo que impulsó al alza el patrimonio de los hogares, pero recientemente ha sido el valor de las acciones lo que explica (casi) todo. La expectativa de crecimiento y desarrollo tecnológico se ha reflejado en la mayor valoración de las compañías que, finalmente, pertenecen a las personas. La lista de la riqueza de hogares la lidera, naturalmente, Estados Unidos, seguido a una cómoda distancia por Europa y China.
Estas tendencias contrastan con nuestra realidad. Mientras la riqueza de los hogares en Chile también ha aumentado en los últimos 15 años, lo ha hecho a una tasa menor que en el resto del mundo. Como porcentaje del producto, el patrimonio de los hogares pasó de 2,2 a 2,9 veces en ese período. Este menor dinamismo se explica por los famosos retiros previsionales -que introdujeron un forado al ahorro previsional- y porque el valor de las compañías chilenas en manos de los hogares ha crecido a una tasa bastante menor que la actividad económica. No nos referimos solo a las grandes corporaciones del IPSA, sino a todas las empresas que tienen los chilenos: abiertas y cerradas, grandes y chicas, panaderías y grandes corporaciones.
De acuerdo con cifras del Banco Central, el valor de la propiedad de empresas en manos de los hogares chilenos, como porcentaje del PIB, alcanzó su máximo el último trimestre de 2019. Mientras el resto del mundo es testigo de cómo la capitalización de sus empresas enriquece a los hogares, algo pasó en los últimos años que quebró la tendencia en la valorización de las empresas chilenas. ¿Qué habrá sido?
Ofrezco una hipótesis. En Chile hemos olvidado mirar el valor de las empresas como indicador de creación de valor; más bien, el discurso público apunta hacia la sospecha. Si en cada discusión de política pública pusiéramos más foco en su impacto sobre la creación de valor privado en vez de entender cómo va el Estado en la parada, otro gallo cantaría.