El actor llega a Montevideo con Ni media palabra, habla del fin de las novelas argentinas, su regreso al teatro junto a Nicolás Cabré y un personaje que aún lamenta haber rechazado.
Hubo un tiempo en que Mariano Martínez era una presencia fija en la televisión argentina. Desde fines de los años noventa, y con mucha intensidad en la década de los 2000, el actor fue parte una seguidilla de éxitos que lo convirtieron en uno de los galanes más populares. Todo fue gracias a títulos como Campeones, Son amores, Valientes, Los Roldán, Son de fierro y una larga lista de novelas que marcaron a toda una generación. Eran tiempos en que la televisión abierta producía varias ficciones al año, de distintos géneros, con elencos numerosos y rodajes que duraban varios meses.
Hoy, ese escenario cambió por completo. La producción de ficción prácticamente desapareció de la televisión argentina y muchos de aquellos actores debieron reinventar sus carreras. Martínez encontró en el teatro un espacio que durante años había postergado por el intenso ritmo de las grabaciones y que hoy ocupa un lugar central en su presente profesional.
Su primer acercamiento fue gracias a la televisión, y a fenómenos como Son amores y Valientes que extendieron su éxito en el teatro. De esa época proviene su hit: "Ya sé", que el año pasado lanzó su remix, junto a El Reja.
De polera negra y pantalón de cuero, sobretodo gris y algunas canas asomando entre los rulos, Martínez llegó a Montevideo para hablar de Ni media palabra. Se trata de una comedia que protagoniza junto a Nicolás Cabré (es el reencuentro en escena luego de varios años) y Bicho Gómez, fue éxito en Carlos Paz y llega la sala teatro del Movie el 29 y 30 de agosto. Entradas en Movie desde 1.900 pesos.
En la obra Cabré (que también la dirige) es Dedé, un conductor de televisión, y Martínez: Chema, su productor; quienes terminan siendo amenazados por Nelson (Bicho Gómez), quien fue un participante en el programa de Dedé, y está seguro de que lo estafaron.
"Lo más lindo de esta obra es que representa la vuelta a trabajar con Nico después de 23 años", dice Martínez. Hace unos seis años se reencontraron luego de muchos años sin verse y charlaron mucho.
De ese reencuentro surgió Tom, Dick y Harry, debut de Cabré como director, y germen para esta nueva producción. "Me pasó la obra de Fernando Schmidt, la leí y me gustó mucho. Empezamos a prepararla, la estrenamos el verano pasado en Carlos Paz; después se sumó el Bicho Gómez, con quien ya habíamos trabajado. Y así terminó de armarse este tridente", agrega.
¿Qué tiene que tener una obra para que digas "quiero hacer esto"? En este caso el principal motivo fue volver a trabajar con Nico. Cuando leí la obra sentí que era la indicada para reencontrarnos arriba del escenario. Me pareció muy divertida y pensé que nos permitía recuperar esa chispa que siempre tuvimos trabajando juntos.
La televisión te convirtió muy joven en galán. ¿Ese rótulo te abrió más puertas o las cerró? Siempre fue algo que me sumó. Me dio muchas satisfacciones y me permitió hacer personajes que me encantaron, como Valentín en Campeones o Martín de Son Amores. Nunca sentí que fuera algo negativo. La inquietud por hacer cosas distintas siempre estuvo, así que jamás lo viví como un encasillamiento.
Preguntaba porque hay actores que reniegan esas etiquetas... También tiene que ver con una cuestión de edades y de otra televisión. En esa época había muchísima ficción. Hoy prácticamente no existe la ficción en TV Argentina. Brasil sigue produciendo ficción y le va muy bien. Incluso vuelven a rehacer novelas clásicas. Acá el problema fue más estructural que otra cosa. Y no pasó de un día para el otro: es un proceso que viene desde hace quince o veinte años.
Muchos sienten que ustedes fueron la última generación de protagonistas de la ficción diaria. ¿Fue difícil adaptarse cuando esa industria desapareció? Claro que sí. Lo complicado es volver al ruedo cuando esa industria se termina. Pero también aprendés que, cuando elegís un trabajo, hay otras cosas que pasan a ser muy importantes.
¿Qué cosas? Si hago algo necesito sentirme cómodo. Principalmente con la gente con la que voy a trabajar. Es muy importante para mí compartir un proyecto con personas con las que me sienta bien. Después las circunstancias nunca se saben y uno no puede controlar todo, pero dentro de lo posible eso es fundamental.
Vivimos en una época donde todo el mundo opina desde las redes sociales. ¿Leés lo que dicen de vos? Aprendí a tomar distancia.
¿Costó llegar a ese punto? Seguramente fue un proceso, pero hoy sí. Hoy hago mi vida así. Siempre trato de manejarme por el camino del bien, con mis valores, mi conciencia. Después: no te puede querer todo el mundo. Llega un momento en el que entendés que te quieren los que te quieren y los que no, no. No podés controlar eso.
¿Las redes exageran todo? Totalmente. Hoy está más Black Mirror que nunca. Es impresionante cómo en un segundo podés pasar de ser un fenómeno a ser el peor del mundo. Lo vimos con el Mundial, pasa con los artistas, con cualquier persona pública. Hacés algo que no gustó y parece que se borra todo lo anterior. Si no es algo realmente grave, me parece una locura que todo sea tan determinante por cualquier pavada.
Te cambio de tema. ¿Hay algún personaje que rechazaste y todavía lamentás? Sí. Pero no voy a decir cuál es, pero sí hay algo que rechacé y me arrepiento. No tanto por el personaje en sí, sino porque creo que después mi vida habría tomado otro rumbo. Pero bueno... ya está. De eso también se aprende. Cuesta, pero se logra.
¿Qué pasa por tu cabeza antes de salir al escenario? En los estrenos aparece una adrenalina especial. Igual tampoco tengo tantísima experiencia en teatro. Esta es mi cuarta obra de texto. Hice Closer (2008), Mentiras Inteligentes (2018), Tom, Dick y Harry (2023) y ahora esta. Pero cada vez que voy a salir al escenario hago lo mismo: me digo "estás acá, sos el personaje, disfrutá". Mi ritual es tratar de estar completamente presente durante esa hora y pico de función. No tengo cábalas. De hecho, no me gusta depender de ellas. Si un día subí siempre con el pie derecho, otro día subo con el izquierdo a propósito para demostrarme que todo está en la cabeza.
¿Qué extrañás más de la televisión? Me encanta el audiovisual. Es probablemente lo que más disfruto hacer. Extraño preparar un personaje, grabar cada escena y después ver el resultado en pantalla. No sé si hoy volvería a hacer novelas de doscientos capítulos porque cambió el consumo, pero sí extraño muchísimo ese proceso de grabar todos los días. Sea una serie de treinta capítulos o de sesenta, me encanta actuar.
Raw Html El teatro tiene una devolución inmediata que el audiovisual no ofrece. Exactamente. Eso lo descubrí antes de la pandemia, con Mentiras Inteligentes. Hasta ese momento nunca había hecho demasiado teatro porque trabajaba tanto en televisión que no quería hacer las dos cosas al mismo tiempo. Y no sabía si realmente era un actor de teatro. Esa obra fue una prueba y terminé descubriendo que me encantaba.
¿Sentís que hoy es más difícil convertirse en un actor popular? Depende. Hoy hacerse conocido es muchísimo más fácil. Alguien con un celular puede hacerse famoso en todo el mundo en dos minutos. Después hay que ver qué pasa con la actuación. Me encanta ver que nuevas generaciones, que nacieron en YouTube o TikTok, hagan películas exitosísimas. Eso demuestra que la actuación sigue viva, que el cine sigue vivo y que hay nuevas maneras de llegar al público.
El año pasado grabaste una nueva versión de "Yo sé" junto a El Reja. ¿Cómo surgió? Me escribió por Instagram. Estaba ensayando esta obra, dejándome el pelo largo justamente por el personaje. Me dijo que quería hacer un remix de "Yo sé". Le tengo mucho cariño al Reja, aunque no lo conocía personalmente, pero le dije enseguida que sí. Él escribió una parte nueva, le dio otro ritmo y me mostró la idea. Mi voz, en realidad, está hecha con inteligencia artificial. Yo no la canté. Después filmamos el videoclip y quedó muy lindo.
¿Sos celoso de una canción tan asociada a vos? No. Lo tomé como un homenaje, no como un negocio. Me pareció un honor. Incluso en la obra hay un guiño muy pequeño a esa canción y a la gente le encanta. Es un tema que quedó asociado a una época y que sigue funcionando. Mi hija tiene nueve años, la escucha, se la aprendió enseguida y se divierte. Siempre la voy a recordar con muchísimo cariño y me encanta que la gente también la recuerde así.