Miércoles, 05 de Agosto de 2026

El purgatorio de la indecisión

ColombiaEl Tiempo, Colombia 4 de agosto de 2026


Lue Araújo
El purgatorio de la indecisión —¿Ya decidiste? —le pregunté


Lue Araújo
El purgatorio de la indecisión —¿Ya decidiste? —le pregunté. —Lo sigo analizando. —Lo llevas analizando años. Hoy cambiamos eso —le dije. He acompañado a suficientes fundadores y altos ejecutivos para reconocer un patrón. Algunos esperan tener certeza antes de actuar. Quieren eliminar el riesgo, anticipar las consecuencias y garantizar que la decisión sea correcta. El problema es que no saben que la certeza llega después de decidir, no antes. La decisión genera orden en la mente. La indecisión produce lo contrario: un conflicto que puede convertirse en una guerra emocional. Ese estado se llama ambivalencia: "Lo hago o no". "Renuncio o me quedo". "Lo digo o me callo". Una mente ambivalente pelea consigo misma. Cuando alguien lleva años "analizando" una decisión para la cual ya tiene información suficiente, probablemente no está protegiendo el negocio. Está protegiendo su imagen: la de quien nunca se equivoca. Por eso sostengo algo que puede incomodar: cierta indecisión no es prudencia. Es vanidad. La prudencia espera cuando falta información relevante. La indecisión espera aunque ya sea posible actuar. No busca comprender mejor; busca evitar quedar mal. Mientras uno analiza, nadie puede acusarlo de haberse equivocado. Pero tampoco puede demostrar que tenía razón. Ese lugar aparentemente seguro es, en realidad, un purgatorio. El indeciso paga el precio de no aprender ni avanzar. Sigue defendiendo una decisión pasada porque cambiarla implicaría reconocer que hoy ve las cosas de otra manera. Confunde una decisión equivocada con una identidad incoherente. Ahí nacen dos mindsets. El de estancamiento dice: "Me equivoqué; no soy tan inteligente como creía". El de crecimiento responde: "Me equivoqué; ahora sé algo que antes no sabía". Roger Federer lo explicó en Dartmouth. Durante su carrera ganó cerca del 80% de sus partidos, pero apenas el 54% de los puntos. Uno de los mejores tenistas de la historia perdió casi uno de cada dos puntos. Su aprendizaje fue no quedarse atrapado en ninguno. Una doble falta es solo un punto. Un error en la red, también. Mientras se juega, el punto es lo más importante. Cuando termina, queda atrás. Los mejores no son los mejores porque ganen siempre. Lo son porque saben que volverán a perder y han aprendido qué hacer después. Quien decide no confía en que jamás se equivocará. Confía en que podrá sobrevivir a su error, aprender y corregir. Por eso hay que decidir donde uno está y con lo que tiene, no con información perfecta, recursos infinitos o aprobación unánime. Decidir no es volverse temerario. Es aceptar que ninguna decisión importante viene con garantía. El mayor riesgo no siempre es equivocarse. A veces es quedarse quieto mientras el tiempo, y otros, deciden por uno. Entonces, hazlo concreto: escribe la decisión, identifica qué dato podría cambiarla y fija un plazo. Si ese dato ya está disponible, deja de analizar. Decide hoy. Deja de proteger la imagen de quien nunca falla y empieza a construir la identidad de quien elige, aprende, corrige y juega el siguiente punto.
Fundador Boost Your Mind™ @luearaujo | luearaujo.com
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