Miércoles, 05 de Agosto de 2026

Gaza, la paz pendiente

ChileEl Mercurio, Chile 5 de agosto de 2026

Las condiciones de los distintos actores aún parecen incompatibles.

Pocas veces un conflicto ha concentrado tantas contradicciones como la guerra en Gaza, porque mientras la administración Trump impulsa una propuesta para avanzar hacia un nuevo escenario político en el enclave palestino, los combates continúan, la desconfianza entre las partes permanece intacta y la población civil sigue pagando un precio insoportable. La mayor paradoja es que todos hablan de la paz mientras la guerra todavía no termina.
El principal obstáculo es que las condiciones planteadas por los actores enfrentados parecen incompatibles. Israel sostiene que no puede retirar sus fuerzas sin garantías de que Hamas será desarmado y perderá definitivamente su capacidad de atacar. Los atentados terroristas del 7 de octubre de 2023 modificaron para siempre la percepción de seguridad israelí y transformaron la eliminación de esa amenaza en un objetivo estratégico irrenunciable. Hamas, en cambio, rechaza cualquier proceso de desarme mientras continúen las operaciones militares israelíes y no exista un compromiso efectivo de retirada. Cada parte exige que sea la otra quien dé el primer paso, perpetuando un bloqueo político que impide avanzar.
El costo lo sigue pagando la población civil palestina. Decenas de miles de muertos, entre ellos un número estremecedor de niños, ciudades reducidas a escombros, hospitales destruidos, familias separadas y millones de desplazados reflejan la dimensión humana de una guerra que comenzó con los atentados de Hamas y derivó en una ofensiva militar israelí demoledora. Detrás de cada estadística hay historias personales, proyectos de vida interrumpidos y una generación completa que ha crecido bajo la violencia, la incertidumbre y la pérdida.
El conflicto, además, dejó hace tiempo de ser una guerra exclusivamente entre Israel y Hamas. La confrontación se extendió hacia Líbano, involucró directamente a Irán, alcanzó a los hutíes en Yemen, alteró la seguridad de las rutas del mar Rojo, y obligó a una creciente participación de Estados Unidos y de otros actores internacionales. Lo que comenzó en Gaza terminó modificando el equilibrio estratégico de todo Medio Oriente, demostrando que la estabilidad regional depende, en buena medida, de encontrar una solución para ese pequeño territorio.
Por eso, la verdadera discusión ya no consiste solo en cómo terminar esta guerra, sino en construir la paz que la sucederá. Esa paz exige garantizar simultáneamente la seguridad de Israel, impedir que Hamas vuelva a constituir una amenaza militar y ofrecer a la población palestina un horizonte real de reconstrucción, gobernabilidad y esperanza. Ninguna de esas condiciones, por sí sola, será suficiente. La seguridad sin una salida política solo aplazará el conflicto; la reconstrucción sin el desarme de Hamas terminará reproduciendo el mismo ciclo de violencia, y un acuerdo que ignore el sufrimiento de la población civil difícilmente podrá consolidar una paz duradera. Las guerras concluyen verdaderamente cuando logran dar paso a un nuevo orden político. Y mientras esa ecuación siga sin resolverse, Gaza continuará siendo el principal foco de inestabilidad de Medio Oriente.
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