Optimismo electoral
Gregorio Gandini
El dólar en Colombia acercándose a los $3
Gregorio Gandini
El dólar en Colombia acercándose a los $3.200 y acumulando una caída de 14,5% desde mediados de mayo, cuando cotizaba alrededor de $3.785, es quizá la señal más evidente del impacto que el optimismo electoral puede tener sobre las decisiones de los inversionistas. Sin embargo, este fenómeno no es exclusivo de Colombia. La historia reciente muestra que las elecciones reñidas o los resultados inesperados suelen generar movimientos abruptos en los mercados. En 2016 coincidieron dos de los mayores choques políticos de las últimas décadas: el referendo que determinó la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit) y la elección de Donald Trump para su primer mandato en Estados Unidos. Ambos resultados sorprendieron a los mercados. La libra esterlina llegó a depreciarse cerca de un 8% frente al dólar tras el Brexit, mientras que los futuros del S&P 500 llegaron a caer cerca del 5% durante la noche electoral en Estados Unidos. Sin embargo, una vez disminuyó la incertidumbre, gran parte de esas reacciones se revirtió, especialmente en los mercados accionarios. Esa es precisamente la clave. Más que el resultado electoral, los mercados reaccionan a la incertidumbre y a la rapidez con la que esta se disipa. En Colombia, las acciones han pasado por tres etapas. La primera, entre el 21 de mayo y el 18 de junio, registró un alza cercana al 15%, impulsada por inversionistas que buscaron posicionarse antes de la primera vuelta y por la sorpresa que representó la victoria de Abelardo de la Espriella. La segunda fue una corrección de cerca del 9% entre el 19 y el 24 de junio, tras una segunda vuelta más apretada entre los candidatos. Desde entonces, el mercado se ha estabilizado en un rango entre los 2.250 y los 2.300 puntos. Ahora comienza una etapa diferente. El nuevo gobierno enfrenta el reto de construir mayorías en un Congreso donde no cuenta con una representación suficiente para aprobar por sí solo su agenda. La negociación política será determinante para sacar adelante iniciativas como la reforma tributaria y el presupuesto, dos piezas fundamentales para fortalecer las finanzas públicas y mantener la confianza de los inversionistas. En términos de los mercados financieros —dólar, TES y acciones—, después del 7 de agosto el nombre del juego dejará de ser la expectativa y pasará a ser el cumplimiento. Cumplimiento de las promesas de campaña, de las metas fiscales, de los objetivos de crecimiento y de la capacidad para construir gobernabilidad. Los inversionistas ya descontaron una parte importante del optimismo electoral en los precios. A partir de ahora, el mercado exigirá evidencia. Si el Gobierno logra convertir las expectativas en resultados concretos, podrá consolidar la confianza alcanzada en las últimas semanas. Si no lo hace, el mismo mercado que hoy premia las expectativas será el primero en corregirlas.
Director Gandini Análisis: https://gandinianalisis.com/