Tope Awotona se mudó a Estados Unidores donde invirtió sus ahorros para crear la empresa de software que automatiza la programación de reuniones y llamadas de empresas en todo el mundo.
Tope Awotonanació hace 45 años en Nigeria, pero fue lejos de su tierra natal donde construyó su fortuna, estimada en US$ 1.400 millones. Radicado en Estados Unidos, invirtió sus propios ahorros para fundar Calendly, una empresa de software que automatiza la programación de reuniones y llamadas, hoy valuada en más de US$ 3.000 millones. Desde joven demostró un marcado espíritu emprendedor, un rasgo que heredó de su padre, un microbiólogo que soñaba con fundar su propia empresa. Sin embargo, ese anhelo quedó truncado cuando fue asesinado durante un robo, mientras Tope tenía solo 12 años. Desde ese entonces, el futuro empresario se hizo una promesa: lograr lo que su padre no había podido alcanzar. «Sentí que no tuvo la oportunidad de completar su obra, y desde pequeño sentí el deseo de redimirlo», expresó en una entrevista con la revista Inc. En 1996, con 15 años, emigró junto a su familia a Atlanta, donde estudió y dio sus primeros pasos en el mundo de los negocios. Gracias a una beca HOPE -un programa de ayuda para estudiantes con buen rendimiento académico-, ingresó a la Universidad de Georgia. Allí comenzó a cursar la carrera de Ciencias de la Computación, pero la abandonó para formarse en Sistemas de Información Gerencial en esa misma institución.
Según recordó en una entrevista con el fondo de capital Atlanta Ventures -su primer gran inversor- su debut laboral fue en una agencia de viajes. Esa experiencia le enseñó a vender, aunque luego dedicó gran parte de su carrera a la tecnología, un sector que años después le permitiría fundar Calendly y alcanzar el éxito empresarial.
«Curiosidad insaciable»
Tener una «curiosidad insaciable», como él mismo la define, le permitió abrirse camino en grandes tecnológicas. Su primera escala fue IBM, a la que ingresó tras presentar una solicitud de empleo en el sitio web de la compañía y superar el proceso de selección.
Luego de un año en esa firma, se incorporó a Perceptive Software, «el Google de Kansas City», según la definía su novia, oriunda de esa ciudad. En esta etapa despertó en él su vocación emprendedora. Empezó a desarrollar ideas de negocios, entre ellas una web de citas que, si bien no funcionó, le devolvió las ganas de crear un proyecto propio.
Con el tiempo dejó Perceptive y regresó a Atlanta para sumarse a la tecnológica Vertafore. En paralelo, se embarcó en nuevos emprendimientos personales, como YardSteals, un sitio web de venta de equipos para el cuidado del hogar y el jardín, o ProjectorSpot, un e-commerce de proyectores.
Una empresa global
En 2013, su deseo de emprender y la frustración que sentía ante las dificultades para coordinar reuniones se fusionaron en Calendly, un software desarrollado por Awotona que simplifica la programación de encuentros.
Ese año invirtió US$ 200.000 de sus ahorros para abrir la empresa. Poco después accedió a un capital semilla de US$ 550.000, otorgado por Atlanta Ventures.
En 2021, llegó el gran salto: una segunda ronda de financiación -esta vez por US$ 350 millones y liderada por OpenView Venture Partners e Iconiq Capital- elevó el valor de la compañía a US$ 3.000 millones.
Hoy, Calendly es utilizada por más de 20 millones de usuarios y 100.000 empresas en más de 230 países. Además de programar reuniones, la compañía amplió las capacidades de su software a través de acuerdos con plataformas como Claude (inteligencia artificial), Stripe (infraestructura financiera) o LinkedIn (empleo). Gracias a esas integraciones, los usuarios pueden cerrar acuerdos de trabajo, agendar pagos y crear reuniones a partir de la mensajería de la red profesional.
Lo que nació como un emprendimiento se transformó en una organización con cerca de 500 colaboradores y en la fuente de la fortuna de Awotona.
Su camino emprendedor, su filosofía de trabajo y los resultados obtenidos le valieron un lugar en la sección «Grandes Inmigrantes» de la Fundación Andrew Carnegie, organización benéfica creada por ese magnate industrial, conocido como el «rey del acero».
Para el empresario nigeriano, el éxito no depende solo del talento. En la entrevista con Atlanta Ventures reflexionó: «Hacia el final de la universidad empecé a darme cuenta de que, por muy talentoso que uno sea, puede salirse con la suya en muchas cosas, pero si quiere pertenecer al grupo de élite, tiene que complementar eso con una ética de trabajo increíble».