Frente a un fenómeno que no puede evitarse, la mejor política pública sigue siendo la anticipación.
América Latina y el Caribe podrían enfrentar hacia finales de 2026 uno de los episodios de
El Niño más intensos registrados desde que existen mediciones modernas. Si las proyecciones actuales se mantienen, el episodio de
El Niño ya en curso podría alcanzar una intensidad comparable, o incluso superior, a la de los grandes eventos de 1982-83, 1997-98 y 2015-16.
Como ocurre con cualquier
pronóstico climático, la incertidumbre nunca desaparece por completo. Sin embargo, las señales observadas en el
Pacífico son hoy lo suficientemente consistentes como para que la discusión ya no sea únicamente
meteorológica. También es
una discusión económica, fiscal y de desarrollo.
Para Uruguay, como para buena parte del Cono Sur, el principal riesgo no sería la sequía sino el exceso de lluvias: inundaciones, presión sobre la infraestructura vial y urbana, afectación de la producción agropecuaria y mayores costos fiscales para responder a la emergencia. Pero el fenómeno trasciende las fronteras de un solo país. El Niño puede traducirse en pérdidas económicas, interrupciones productivas y deterioro del bienestar.
A diferencia de otros desastres naturales, El Niño ofrece algo poco frecuente: tiempo para prepararse. Esa ventana de anticipación constituye probablemente el activo más valioso para reducir pérdidas humanas y económicas. La diferencia entre una emergencia y un fenómeno manejable dependerá, en buena medida, de las decisiones que los países adopten durante los próximos meses.
¿Qué es el Súper Niño?
El Niño es la fase cálida del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO). Se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico tropical que altera los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta. Cuando ese calentamiento supera los 2 °C en la región Niño-3.4 se habla, de manera informal, de un Súper Niño. Desde que existen mediciones modernas, solo se han registrado tres episodios de esta magnitud: 1982-83, 1997-98 y 2015-16.
¿Por qué preocupa 2026?
Las señales observadas durante los últimos meses han elevado significativamente los niveles de alerta de los principales centros meteorológicos. Una onda de Kelvin cálida que avanza por el Pacífico central refuerza la probabilidad de un evento intenso hacia finales de 2026.
Según la actualización de julio de 2026 del Climate Prediction Center de la NOAA, existe una probabilidad del 100% de que El Niño permanezca activo al menos hasta febrero de 2027, del 97% de que continúe entre febrero y abril y del 81% de que alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre del año. Las proyecciones del Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos y de otros modelos internacionales apuntan en la misma dirección, con anomalías cercanas a +4 °C hacia finales del año. De confirmarse, sería el episodio más intenso registrado desde 1877-78.
Aunque los pronósticos continuarán ajustándose, la información disponible hoy justifica comenzar la preparación desde ahora.
¿Qué impactos puede tener?
Los efectos no son uniformes. En Centroamérica, el Caribe y el norte de Colombia y Venezuela suele predominar el calor y la sequía, con un déficit hídrico particularmente severo en el Corredor Seco Centroamericano. En cambio, las costas del Pacífico de Ecuador y Perú, el centro de Chile y el sur de Brasil, Uruguay, Paraguay y el norte de Argentina suelen registrar lluvias intensas e inundaciones.
La experiencia histórica ilustra la magnitud del riesgo. El episodio de 1982-83 dejó más de 1.600 muertes y pérdidas por US$3.600 millones en Sudamérica. Más recientemente, la reducción del nivel de los lagos que abastecen el Canal de Panamá obligó a restringir el tránsito de buques desde 2023, mientras que el episodio de 1997 generó pérdidas cercanas a US$1.700 millones solo en el sector transporte.
Estos eventos afectan directamente la economía y el bienestar de la población:
- Seguridad alimentaria: sequías e inundaciones reducen la producción agrícola y presionan los precios de los alimentos.
- Energía: menores precipitaciones afectan la generación hidroeléctrica y elevan los costos energéticos.
- Salud pública: aumentan las condiciones favorables para enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue y el chikungunya.
- Infraestructura: carreteras, puentes, puertos y redes eléctricas enfrentan mayores riesgos de interrupción y daños.
Todo ello ocurre, además, en un contexto de temperaturas globales cada vez más elevadas. El Niño es un fenómeno natural distinto del cambio climático; sin embargo, un planeta más cálido puede amplificar algunos de sus impactos y favorecer nuevos récords de temperatura global.
¿Cómo prepararse?
La principal ventaja frente a El Niño es que puede anticiparse con varios meses de antelación. La evidencia internacional muestra que las intervenciones más costo-efectivas se concentran en seis frentes:
- Activar mecanismos de acción anticipatoria, como los Protocolos de Acción Temprana y el Fondo de Emergencia para la Respuesta a Desastres (DREF) de la Federación Internacional de la Cruz Roja.
- Fortalecer los sistemas de alerta temprana y el monitoreo hidrometeorológico, cuya expansión ha contribuido a reducir significativamente la pérdida de vidas humanas.
- Ejecutar obras preventivas, como la limpieza de drenajes, el refuerzo de diques, el mantenimiento vial y la protección de infraestructura crítica.
- Proteger los sectores productivos mediante seguros agroclimáticos, fondos de contingencia y apoyo oportuno a los productores.
- Incorporar criterios de resiliencia climática en el diseño y rehabilitación de infraestructura pública.
- Fortalecer la coordinación regional para compartir información, capacidades y protocolos de respuesta.
Los grandes episodios de El Niño han demostrado que los costos de reaccionar tarde suelen ser muy superiores a los de prepararse a tiempo. Hoy la región dispone de mejores sistemas de monitoreo, mayor conocimiento científico y varios meses para actuar. Esa combinación constituye una oportunidad excepcional: frente a un fenómeno que no puede evitarse, la mejor política pública sigue siendo la anticipación.
- El autor, Juan Odriozola, es Director de Investigaciones Socioeconómicas, Gerencia de Conocimiento, CAF -Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe-.