Jueves, 06 de Agosto de 2026

Alto impacto

ChileEl Mercurio, Chile 6 de agosto de 2026

Vivimos en la era del impacto

Vivimos en la era del impacto. Ya no basta con descubrir algo, enseñarlo, crear conocimiento o formar personas. Todo eso está muy bien, siempre y cuando pueda convertirse en un indicador, una métrica, un tablero de control o, idealmente, un gráfico ascendente en una presentación de PowerPoint.
Alguna vez nos preocupamos por preguntas como "¿qué vale la pena conocer?" o "¿cómo contribuimos a la sociedad?"; ahora buena parte de la energía se gasta en responder una interrogante mucho más "trascendental": ¿cómo demostramos el impacto de lo que hacemos? Porque, al parecer, si el impacto no puede medirse, probablemente nunca ocurrió.
Así, hemos llegado a un curioso escenario donde el esfuerzo por producir impacto empieza a competir con el esfuerzo por medirlo. Surgen oficinas, metodologías, consultorías, rúbricas y taxonomías para cuantificar el supuesto cambio producido por quienes, mientras tanto, intentan seguir haciendo lo mejor posible su trabajo. A este ritmo, pronto necesitaremos medir el impacto de medir el impacto.
Las artes, por supuesto, constituyen una incomodidad en este panorama, porque su impacto se resiste obstinadamente a caber en una planilla de cálculo.
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