El Comercio, Perú
8 de agosto de 2026
La relación entre la ciudadanía y el Parlamento atraviesa un distanciamiento preocupante
La relación entre la ciudadanía y el Parlamento atraviesa un distanciamiento preocupante. La desconfianza generalizada no responde a una coyuntura pasajera, sino a una percepción sostenida de desconexión entre las prioridades del debate legislativo y las demandas reales del país. Ante este panorama, el Congreso enfrenta el reto urgente de recuperar su legitimidad institucional.Uno de los problemas más evidentes radica en la calidad de la producción normativa. Con frecuencia se promulgan leyes de manera apresurada. En este contexto, el retorno a la bicameralidad plantea que la Cámara de Senadores opere como un verdadero filtro reflexivo, capaz de contener el populismo legislativo y evitar la improvisación en la agenda nacional.Por otro lado, el ejercicio del control político no puede subordinarse al cálculo partidario inmediato. Controlar al Ejecutivo requiere sostener criterios de oportunidad, razonabilidad y objetividad que velen por el interés general, evitando la parálisis continua de la gestión estatal. A la par, la función representativa exige implementar mecanismos efectivos de rendición de cuentas que conecten, de forma transparente y permanente, al parlamentario con las necesidades reales de su circunscripción.Desde el análisis del derecho constitucional se confirma que las instituciones no se fortalecen únicamente por su diseño formal en la norma fundamental. Exigen, sobre todo, el compromiso ético de quienes las integran y la vigilancia activa de la ciudadanía. Si el Parlamento no asume una autocrítica profunda y una vocación real de consenso en beneficio del país, resultará imposible reconstruir el contrato de confianza que sostiene a nuestra democracia.