Una pareja al borde de un ataque de nervios
El origen de "La invitación" es una obra de teatro escrita por Cesc Gay (1967), escritor y director de cine catalán
El origen de "La invitación" es una obra de teatro escrita por Cesc Gay (1967), escritor y director de cine catalán. Estrenada en Barcelona en 2015, se llamó "Elsveins de Dalt", los vecinos de arriba. Luego el mismo Gay la adaptó al cine, en 2020, ahora con el título de "Sentimental". "La invitación" es la versión filmada en Estados Unidos. Ambientada en San Francisco, la cinta conserva mucho de su origen teatral, lo que no es necesariamente una limitación, como el cine ha demostrado incontables veces. Adaptaciones del teatro se han convertido en películas perfectas, como "La soga" (1948), de Hitchcock, o en películas apasionantes, como "Glengarry Glen Ross" (1992), de James Foley. "La invitación", con sus logros, sin embargo, está lejos de acercarse a esas calificaciones.
La historia abre con Joe (Seth Rogen) y Angela (Olivia Wilde), un matrimonio con una hija adolescente, mientras se aprestan a recibir a los vecinos de arriba. Aunque Angela tiene todo listo para la comida, Joe no sabía de esta invitación y la idea no le gusta nada, en parte porque está cansado y en parte porque estos vecinos suelen hacer mucho ruido cuando tiran, y tiran mucho. Sin embargo, lo que verdad sucede es que Joe y Angela tienen un matrimonio que está en las cuerdas y cualquier excusa es buena para culparse el uno al otro. Hawk (Edward Norton) y Pina (Penélope Cruz), los vecinos, en cambio llevan juntos poco menos de un año y se quieren y se tocan y tienen amplia complicidad, cuestión que se nota especialmente cuando hablan castellano entre ellos. Su presencia hará más evidente las dificultades de Joe y Angela.
La cinta se ha hecho conocida por la invitación que Hawk y Pina les hacen a Joe y Angela. Y si bien esta propuesta le da cierto sabor transgresor y "moderno" a la trama, y explica algunas de las motivaciones de los personajes, no es tan central a su desarrollo como aparece. La cinta, por lo demás, cuidadosamente bien escrita, acertadamente pensada en los pequeños giros que incorpora aquí y allá, oportunamente condimentada con algo de humor, avanza con la fluidez de los dramas bien estructurados. Mucho aquí recuerda el poder original del teatro. La dirección de Olivia Wilde parece especialmente interesada en transmitir esa fuerza, esa mecánica. El problema, más bien, está en que pareciera confiar poco en el cine. Sabe, sí, que debe hacer del departamento de Joe y Angela un mundo propio, un espacio dotado de carácter, que no se sienta monótono o claustrofóbico si esa no es la intención. Pero cuando llega a la puesta en escena, Wilde filma y monta de manera muy literal, básica, lo que significa que por lo general se limita a enfocar cada personaje cuando habla, casi siempre en primer plano, como si no hubiera otra posibilidad de seguir el diálogo. Luego, cuando una escena sube en tensión, la directora lo enfatiza con la música y, no poco, con el montaje, que también se acelera. El resultado es que por momentos la pantalla se satura tanto como los sentidos del espectador. El resultado es que no hay ambigüedad alguna en las imágenes: cada plano significa una cosa y solo una. El resultado es que los espectadores se sienten tratados infantilmente: esto está pasando en este momento, no te pierdas; ahora está pasando esto otro. ¿Entendiste? Quizá el público está acostumbrado a esta dinámica. Las series de streaming la plantean todo el tiempo, y no se suelen escuchar quejas de los espectadores. El buen cine, sin embargo, tiene pausas; sabe que a veces es mejor filmar a quien escucha una línea y no siempre a quien la dice; sabe que el tipo de encuadre y el movimiento de los personajes en él puede enfatizar de manera sutil atmósferas, relaciones, incluso movimientos en la conciencia de un personaje. Wilde no parece totalmente consciente de estas herramientas. Eso daña la capacidad expresiva de su material, la densidad emocional de las situaciones que plantea. Con todo, hay partes que funcionan y hay momentos en que se tiene la impresión de estar viendo una película para adultos. La mayor parte de ellos tienen que ver con la capacidad de los actores de hacer vívidos, verdaderos, algunos de sus diálogos.
"La invitación"
Dirigida por Olivia Wilde.
Con Seth Rogen, Olivia Wilde, Penélope Cruz y Edward Norton.
Estados Unidos, 2026.
107 minutos.
En cines.