El estado del mundo
Uruguay vive su solitaria estabilidad política, sin riesgos institucionales previsibles.
Mientras el Uruguay vive su solitaria estabilidad política, sin riesgos institucionales previsibles, el nuevo siglo aporta cambios trascendentes que a estar a su escaso registro por los medios o en las diluidas manifestaciones de nuestra población, parecerían sin interés. Salvo en sectores muy ideologizados es mínimo el espacio que a ellos le dedican radios o televisoras y es escasa su presencia en las declaraciones de los partidos políticos, en general evasivos frente a su presencia. Como si nuestra cuasi insularidad y los 37 grados de latitud Sur, los volvieran cosas de otros. No obstante vale reconocerlos, porque ya desembarcaron, algún descarriado entre nuestros políticos ya los ha reclamado y a mediano plazo nadie se librará de sus efectos. Aún así no cabe culpar al gobierno por su sobriedad en el tema. Sucede que en su política es perfectamente explicable el bajo volumen. No involucrarnos oficialmente permaneciendo discretamente al costado del mundo, reafirmando, cuándo y dónde podemos, los valores de la Declaración Universal de 1948, y sus anexos, una disposición que nos han distinguido internacionalmente resulta prudente para nuestras dimensiones geopolíticas en tanto no implique desconocer nuestras tradiciones nacionales. Un conjunto de principios centenarios que nos sigue otorgando respeto internacional.
Desde afuera, desde la cúpula del poder, la estrategia estaba diseñada desde hace años. Apareció antes de la primera presidencia del "imperator mundis" quien, utilizando antecedentes como los del Tea Party y el MAGA, con viejos implantes en el viejo Partido Republicano, decidió: a) que Estados Unidos, debe mantenerse como la primera potencia económica y militar del mundo, liderando a las naciones que acepten o capitulen frente a su predominio; b) que sus intereses nacionales, envueltos en una visión ideológica pre-moderna, basada en la explotación capitalista de los ya escasos recursos naturales del planeta y de la lucha por monopolizarlos constituye su mejor estrategia; c) que el peor veneno para la grandeza de las naciones lo constituyen los inmigrantes; d) que solo podrán aceptarse otros pocos centros de poder geopolítico -posiblemente solo China- en la medida que no obstaculicen la primacía general de los Estados Unidos. Todo ello con el corolario de la destrucción o el franco desconocimiento de las instituciones supraestatales y del derecho internacional en cualquiera de sus expresiones, incluyendo naturalmente las de carácter humanitario. Se arma así una nueva estructura entre naciones, ya comenzada a concretarse en instituciones difusas como el Escudo de las Américas, un complejo militar-policial creado, organizado y dirigido por Trump, para actuar en su favor cualquier lugar del globo.
El resto de los actuales sucesos incluyendo sus guerras y sus estrafalarias reclamaciones territoriales, son una mera consecuencia de esta política. Si te portas bien y asientes, pagarás bajos aranceles. Si colaboras más firmemente, a lo Milei, o Noboa, los premios pueden aumentar, Pero si lo haces mal, te insultarán y degradarán, o te humillarán mediante delegados externos como en el caso Lula. También, por supuesto, te pueden declarar la guerra o amenazar con "decapitarte" y borrar tu cultura de los anales de la civilización. Ni se te ocurra protestar.