El milagro de tragar
Temo por la vida de tía Waverly
Temo por la vida de tía Waverly. Lleva varios días con una laringitis viral que ha devenido ahora en faringitis. Lo grave, en su caso, es que no ha habido tos ni carraspera, sino una intensísima inflamación de cada membrana, epitelio y cosa semejante que compone toda esa parte del sistema digestivo. "Mijito, me arde al tragar el agua", espeta compungida, y no soy capaz de contener las lágrimas (horribles recuerdos vienen a mi memoria...). Le pido que abra la boca, le incrusto la linterna del Android entre muela y muela y, vaya, es un volcán en erupción.
Ya van varios días en que no come. !Y es que no puede¡ Con la flaca que es, temo por su vida, ya lo dije. Va a quedar en los huesos de los huesos. Y como por indicaciones médicas no puede acudir a nadie de la familia de los "profenos" (esa historia ya la conté en diciembre de 2024, cuando la bacteria esa con nombre de helicóptero le perforó una úlcera), me las he estado batiendo con jarabes de miel, propóleo y jengibre. Todo muy natural pero muy lento.
Con todo, esta mañana ha ocurrido una pequeña hazaña. Después de dormir muy bien (pasó varias noches en vela escupiendo en una taza la saliva que no podía tragar), logró desayunar un vaso de leche, un plátano molido y una taza de té verde con miel. "Yo ya me siento de lo más bien, mijito. El drama es echarle adentro del buche. !Ptas que duele por la cresta del gallo¡". Así, ladina hasta el final, segura de pasar agosto y llegar traga traga a las fiestas patrias. "!Muero por una empanada, mijito¡".