Lunes, 10 de Agosto de 2026

Mi verdad, tu verdad y lo que falta3080 caract mi ta demus Catuidem di ctuideont Doluptur

PerúEl Comercio, Perú 10 de agosto de 2026

Ya nos vamos acostumbrando a identificar videos falsos o dudar de videos creados con inteligencia artificial: buscar la fuente, contrastar, verificar

Ya nos vamos acostumbrando a identificar videos falsos o dudar de videos creados con inteligencia artificial: buscar la fuente, contrastar, verificar. Toma tiempo, pero se puede. Sin embargo, casi nunca dudamos de una media verdad. Un ?clip? puede mostrar veinte segundos auténticos de una entrevista de una hora: la frase fue dicha, el video es real, todo verifica. Pero desaparecieron la pregunta anterior, el matiz posterior o el argumento que cambiaba su sentido. Desconfiar de lo incompleto es más difícil porque nada nos avisa que falta algo. Un buen recorte no falsifica la frase: falsifica nuestra impresión del conjunto.El algoritmo hace el resto. Premia el fragmento más indignante, radical o fácil de compartir. Así terminamos conociendo al que piensa distinto por sus peores veinte segundos, mientras su mejor argumento casi nunca llega a nuestra pantalla.Algo de eso ocurrió en la reciente elección presidencial. En la segunda vuelta había que elegir entre dos, y así lo vivimos: dos candidatos, dos bandos. Esa división duró unas semanas, y sin embargo pareciera que nos hemos quedado con ella como si así fuera el país entero. La historia que cuenta la primera vuelta es otra: el 75,7% de los votos emitidos no fue para ninguno de los dos que luego pasaron a la segunda. Tres de cada cuatro votantes preferían otra cosa. Y ahí está el costo: un discurso que se presenta como la única voz termina anulando a los tres de cada cuatro que nunca estuvieron en esa pelea.El riesgo de quien gana una elección es confundir una victoria electoral con un consenso. Asumir que la mitad que lo apoyó está convencida de su proyecto y que la otra mitad debe resignarse es la receta perfecta para estancar al país.Muchos desconfían, y tienen motivos: unos por lo que ocurrió hace treinta años; otros, por lo que vieron en los últimos diez. Desconfiar no es el problema, ni llegar a conclusiones duras cuando los hechos las sostienen. El problema empieza cuando dejamos de mirar para formar nuestra propia opinión.Mientras mirábamos el país como dos bandos, la realidad seguía ocurriendo fuera de ese encuadre. En Lima y el Callao se registraron durante el 2025 un promedio de 1.077 denuncias por extorsión al mes. Denuncias: solo las que alguien se atrevió a hacer. La banda que cobra cupo no pregunta por quién votó su víctima. Podemos discrepar sobre el modelo económico o las reformas. Sobre salir a trabajar sin miedo, no.Formarnos una opinión propia exige algo más que procesar lo que llega a nuestra pantalla. Exige buscar lo que quedó fuera, y no basta con mirar al más torpe o agresivo del otro lado; de esos el algoritmo nos sirve todos los días. Hay que buscar al que piensa distinto y argumenta bien, al que no podemos despachar en un tuit. Si nunca encontramos un argumento contrario que nos incomode, no es que no exista: es que no lo estamos buscando.Verificar lo que vemos ya no alcanza. Lo que cambia una opinión es preguntarse qué quedó fuera. Sospecho que, fuera del cuadro, coincidimos en bastante más de lo que creemos.

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