Miércoles, 12 de Agosto de 2026

Cambió el eje

UruguayEl País, Uruguay 12 de agosto de 2026

La Coalición Republicana está logrando cambiar el eje del pensamiento hegemónico.

Después del discurso de Luis Lacalle Pou del domingo pasado, algo terminó de cambiar en la percepción ciudadana de la política partidaria.

A nivel de la opinión pública, los 15 años de gobiernos frentistas colocaron a la izquierda como protagonista del debate. Blancos y colorados debían definirse no por sus propias cualidades, sino en oposición a un modelo que había tomado visos de hegemónico. Incluso durante la administración de la Coalición Republicana (CR), el discurso político se articuló casi siempre a través de una reafirmación ideológica no propia, sino enfrentada a lo que mucha gente defendía como un "deber ser" encarnado en el FA.

En los últimos días parece haberse dado vuelta la tortilla: Lacalle Pou habló el domingo y, a partir del lunes, importantes dirigentes del FA elogiaron sus dichos, al mismo tiempo que su propia Mesa Política filtraba a la prensa un informe tremendamente crítico de la administración Orsi.

Esta observación no es menor.

En parte por méritos propios y sobre todo por deméritos ajenos, la Coalición Republicana está logrando cambiar el eje del pensamiento hegemónico. La famosa batalla cultural va dando sus frutos: la corrección política no está ya inclinada hacia la izquierda, sino que la ciudadanía está dispuesta a atender más a las personas que a las marcas, más a las ideas concretas que a las utopías.

Quienes venimos votando desde aquel glorioso plebiscito de 1980, fuimos testigos de un proceso que fue lento pero inexorable: en las dos primeras elecciones presidenciales, de 1984 y 1989, la discusión se centraba en la confrontación entre blancos y colorados, con una izquierda que despegaba, pero distaba aún de influir en forma decisiva. El triple empate de 1994 cambió esa lógica y no es casual que en 1999 Jorge Batlle haya ganado con la consigna "Llegó la hora de votar juntos". Pero la crisis de 2002 desequilibró la balanza y los tres períodos del FA propiciaron un pensamiento hegemónico que explicó su permanencia.

Hasta hace dos años, muchos sentíamos la sensación de que, desde la CR, debíamos justificar nuestros pasos ante un FA que supuestamente encarnaba la experiencia de gobierno. Ahora es al revés: con un equipo económico liberal, en franco conflicto con las bases ideológicas de su partido, el gobierno del FA se debate entre responder a dichas bases, haciéndolo explotar, o asumir de una vez por todas que el pragmatismo es más seguro que las consignas de barrabravas.

El último recurso comunicacional que les queda es el de la victimización ante una ultraderecha maligna, pero resulta muy poco creíble.

Derribados por el expresidente Lacalle Pou los prejuicios sobre la supuesta insensibilidad a las injusticias sociales, y negociando el oficialismo los votitos del único partido autodefinido de derecha, Cabildo Abierto, la hegemonía cultural de izquierda que viene construyéndose en el país desde la generación del 45 se empieza a resquebrajar desde sus cimientos.

Los gobiernos democráticos pueden cometer errores. Lo que no les está permitido es titubear entre la certidumbre de los técnicos y las ilusiones demagógicas de los diletantes.

Esa debería ser la promesa de la Coalición Republicana pensando en 2029: más gestión profesional y menos revolución de cositas simples.
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