"Había filas eternas": la icónica fábrica de hielo que marcó la vida de un barrio y sucumbió ante los avances tecnológicos
El edificio donde funcionó la empresa, en avenida La Plata 2859
En tiempos en que la heladera eléctrica no había llegado a los hogares ni a los comercios, el hielo era considerado un producto de primera necesidad
El edificio donde funcionó la empresa, en avenida La Plata 2859
En tiempos en que la heladera eléctrica no había llegado a los hogares ni a los comercios, el hielo era considerado un producto de primera necesidad. La fábrica de hielo ubicada sobre la avenida La Plata al 2800 , en Nueva Pompeya , ocupaba 3500 m² y abastecía a diario a cientos de casas particulares y negocios del barrio y de los alrededores.
Si bien la planta abrió en la década de 1910, la construcción que aún persiste es de los años 30. Pese al estado de abandono de su interior, el edificio, levantado por los arquitectos Schmidt y González Feltrup, mantiene gran parte de su fachada. Junto a la entrada principal todavía puede leerse: " Fábrica de hielo y cámaras frigoríficas La Nélida ". Debajo hay un reloj, el nombre de su dueño, Jesús P. Moreno, y el año de edificación: 1930. Las filas en la puerta de la fábrica, cuando todavía funcionaba
Se trata de una edificación importante para el barrio: "No solo por su extensión; todas las fábricas de la zona eran grandes, como la de Alba, que funcionaba en la avenida Centenera al 2700. Lo que la hace especial es su estilo neocolonial. No hay muchos edificios con ornamentos en el barrio", afirma Analía Aprea , vicepresidenta del Museo y Ateneo de Estudios Históricos de Nueva Pompeya, que funciona en el Club Franja de Oro.
La fábrica de hielo, explica, fue concebida siguiendo inspiraciones similares a las del Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya —de estilo neogótico— y el Puente Alsina, de estilo neocolonial. La Nélida cerró en 1973
A principios del siglo XX, Pompeya todavía era una zona inundable que crecía a nivel industrial y debía su nombre a la inauguración, en 1900, del santuario, en la esquina de la avenida Sáenz y Esquiú. En esta zona fabril, donde las tierras eran más económicas que en otros barrios, se destacaban el frigorífico Tronconi , situado en avenida Centenera y avenida Rabanal, donde actualmente se encuentra el Supermercado Coto; la fábrica de telas Gartry , en la esquina de 27 de Febrero y Rabanal, y la fábrica de Alba.
El pasado del barrio es proletario, explica el historiador Leonel Contreras. Prácticamente toda Nueva Pompeya surgió a partir de la instalación, en 1872, del matadero que se ubicaba donde hoy se emplaza el Parque Patricios. Asegura que otra de las grandes fábricas de la zona fue la curtiembre de Santos Luppi , que data de la década de 1870 y dio origen al Colegio Luppi, en Esquiú y Centenera, adonde asistió el poeta Homero Manzi, autor del tango Sur .
Largas filas en verano
La fábrica de Moreno sufrió un incendio en 1931, poco después de ser inaugurada. Sin embargo, su estructura se mantuvo en pie. "De chica, con mis hermanos, íbamos a comprar hielo y lo traíamos envuelto en tela de arpillera, porque todavía no teníamos heladera eléctrica", recuerda Nilda Magnani, de 75 años, vecina de Pompeya "de toda la vida". "Mi madre lo partía y lo ponía en la heladera envuelto para que no se derritiera rápido. Íbamos todos los días al mediodía porque sino se juntaba mucha gente, inclusive gente de los negocios. Si no ibas a esa hora, tenías que hacer cola", explica. El estado actual del edificio
El hielo se vendía en formato de barra y en distintos tamaños: "Nosotros comprábamos una de, más o menos, un metro por 20 centímetros. Había muchos obreros trabajando todo el día, y creo que también de noche, porque se vendía muchísimo", añade la vecina. Recuerda que su familia compró hielo allí entre los 50 y los 70, hasta que su padre pudo comprar una heladera eléctrica.
Asunción, 90 años, recuerda ir todos los días a buscar un bloque para llevar a su casa. "Era chica. En verano, me mandaban a hacer la cola temprano porque se necesitaba para enfriar la comida. Yo hacía la cola y después venía mi mamá y volvíamos a casa con el hielo", dice. "Mi mamá después picaba un poco el bloque, lo partía. Si hacía mucho calor, lo ponía entero", señala. Y suma: "Tengo un buen recuerdo de aquellos tiempos: faltaban cosas, pero éramos felices". La fábrica ocupaba 3500 m² y abastecía a diario a cientos de casas particulares y negocios del barrio y de los alrededores
Por aquella época, cuenta Aprea, se utilizaban las denominadas "heladeras a hielo". "Hay una de estas en el Museo Manoblanca, en avenida Centenera y Tabaré. Era como si fuese una mesita de luz de madera, revestida con chapa, donde se ponían los bloques de hielo y, de esa manera, se refrigeraban los alimentos", explica. Más tarde, en la década del 70, se hicieron muy populares las bolsas de hielo, pero para ese entonces ya casi toda la población tenía heladera eléctrica. "La Nélida" cerró poco después.
30 años usurpada y un destino incierto
La fábrica cerró sus puertas en 1973, aunque sus cámaras frigoríficas funcionaron durante varios años más. Luego la familia propietaria inició el proyecto de una fábrica de soda, pero el negocio no prosperó. También se inició en el lugar un proyecto inmobiliario, pero quedó trunco tras el sorpresivo fallecimiento del inversor, el padre de la actual propietaria del predio. Desde fines de los noventa hasta julio pasado, el predio permaneció tomado
Finalmente, desde fines de los noventa hasta julio pasado, el predio permaneció tomado. Tras el reciente desalojo, la antigua fábrica fue devuelta a sus propietarios. Su destino es incierto. "Es una estructura muy grande y muy linda. Ojalá se conserve, por lo menos, la fachada", dice Magnani.
"Hay que destacar que es un edificio importante para el barrio, por el tamaño, el estilo y el lugar, ya que se levanta sobre una avenida, a pocas cuadras de Sáenz, la vía más importante de Pompeya", advierte Aprea. Y sostiene que le gustaría que la fachada fuera restaurada en el futuro. "Todavía se conservan algunos elementos de bronce y el reloj", añade. "Espero que no desaparezca porque desaparecería su historia. Hoy todos se acuerdan de la fábrica de hielo porque está el edificio", finaliza.