Jueves, 13 de Agosto de 2026

La Rendición y el relato

UruguayEl País, Uruguay 13 de agosto de 2026

Una Rendición de Cuentas debería permitir responder preguntas esenciales.

Nos gobiernan también los relatos. No solamente porque los gobiernos y los partidos necesitan explicar sus decisiones, sino porque en política ningún hecho institucional adquiere significado por sí mismo. Su interpretación -el relato que se construye alrededor de él- condiciona la manera en que la sociedad lo comprende.

Esta es una de las ideas centrales del libro El relato que nos gobierna. Memoria tergiversada, presente manipulado, futuro en disputa, actualmente disponible en librerías: la realidad política está compuesta por hechos, pero también por las narrativas que seleccionan esos hechos, los ordenan y les atribuyen significado.

La reciente no aprobación en general de la Rendición de Cuentas constituye un claro ejemplo de esa disputa.

El mismo acontecimiento puede ser interpretado desde perspectivas completamente diferentes. Para el gobierno, representa una señal de bloqueo opositor. Para la oposición, constituye el ejercicio de su función de control y una consecuencia de su valoración crítica sobre la rendición presentada.

Pero antes de discutir los relatos conviene recordar qué es una Rendición de Cuentas. No es una instancia de confianza política al gobierno ni una votación de adhesión general a su programa. Es un mecanismo de control democrático sobre la ejecución presupuestal. Una Rendición de Cuentas debería permitir responder preguntas esenciales: ¿qué prometió el gobierno al asumir?, ¿qué resultados obtuvo?, ¿qué nuevas necesidades justifican mayores recursos?, ¿cuáles son las prioridades elegidas?, ¿existe una relación razonable entre los recursos comprometidos y los resultados esperados?

Por eso, aprobar o rechazar una Rendición de Cuentas en general supone una valoración política global del proyecto presentado. No implica evaluar cada artículo de manera aislada, sino pronunciarse sobre el conjunto: sobre sus prioridades, su diagnóstico de la realidad nacional y la orientación general de las políticas que propone.

Aquí aparece el primer relato.

La oposición sostiene que no aprobar en general una Rendición de Cuentas que considera insatisfactoria no constituye una actitud obstructiva, sino el cumplimiento de su responsabilidad institucional.

Pero existe otro relato. El relato del gobierno plantea que la oposición, al no aprobar en general la Rendición de Cuentas, bloquea las herramientas necesarias para cumplir con los compromisos asumidos ante la ciudadanía.

Ambas miradas forman parte de la dinámica democrática. Un partido puede considerar correcta una política concreta y, al mismo tiempo, entender que el conjunto de la propuesta gubernamental no merece su aprobación.

Una democracia madura debería aceptar que el gobierno tiene derecho a defender su proyecto, pero también que la oposición tiene derecho a cuestionarlo. Cuando la no aprobación general de una Rendición de Cuentas es presentada como una actitud obstructiva, se corre el riesgo de debilitar la legitimidad del control parlamentario. Del mismo modo, cuando una oposición cuestiona una propuesta global, debe explicar con claridad las razones de su rechazo.

En democracia, los votos importan. Pero importan todavía más las razones que explican esos votos. Porque, finalmente, también en la política nos gobiernan los relatos.
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