Jueves, 13 de Agosto de 2026

Clarinada para todos

UruguayEl País, Uruguay 13 de agosto de 2026

El discurso de Lacalle Pou ha centralizado el comentario público.

Hay coincidencia generalizada respecto a que el Dr. Luis Lacalle Pou, es el único actor político actual con proyección de liderazgo afianzada. Asimilable a personalidades relevantes en la vida nacional. Hay también consenso en que su discurso del pasado 10 de agosto, en la Plaza Matriz, parte de la celebración de los 190 años de la colectividad nacionalista, se desplegó sin agravios.

La opinión pública acorde con encuestas rechaza mayoritariamente a la gestión del gobierno nacional y tiene escepticismo sobre la política en general. El malestar con el gobierno alcanza a vastos sectores del Frente Amplio. Es debida a la ausencia de conducción que practica el Presidente Orsi y -entre otras cosas- a la gestión de algunas secretarías de Estado.

Dos menciones son ilustrativas: la ausencia policial, ante asesinatos multiplicados exponencialmente y las protestas y huelgas del sindicalismo comunista alentadas desde el ministerio de trabajo. Las que -a vía de ejemplo- han destruido al Puerto de Montevideo convertido como en tiempos viejos en puerto "sucio" al que los buques evitan. Un sabotaje sin freno que daña al país.

Lejos de las elecciones nacionales, la oratoria de Lacalle Pou asentada en la Libertad, el ejercicio de la autoridad, la urgencia de atender a las necesidades sociales, y otros aspectos conformaron un mensaje por lo alto. La sola reaparición de Lacalle Pou en público removió a la fibra nacionalista en la República.

Y, por su sobriedad el mensaje desarrollado llegó -además- a toda la opinión pública nacional. Insinuando un liderazgo que aspira a una base de simpatía popular más amplia.

Recordaré ideas del pensador polaco Zygmunt Bauman (1925-2017) sobre el comportamiento de los electorados en la hora moderna. Vivimos en una "sociedad líquida" en la que están conectadas la política, el consumo y hasta las relaciones personales. Tradicionalmente las personas pertenecían a un partido, a un sindicato, a una asociación, a una iglesia o a determinadas organizaciones y mantenían esa pertenencia durante mucho tiempo.

Hoy, en la "sociedad líquida", el individuo empieza a comportarse más como un consumidor: elige un producto; elige un político; elige una identidad; y puede cambiar de elección rápidamente. Con lógica de mercado. Antes era frecuente decir: "Soy de este partido y voy a votar por él". Era una identidad estable. Hoy es frecuente se diga: "Estoy de acuerdo con esto que propone este partido, pero con aquello no; la próxima elección veré qué hago". Es que en la sociedad líquida, muchas decisiones han pasado exclusivamente a manos del individuo.

A esto hay que agregar internet y las redes sociales. Todos somos productores de información. Un médico, un político, un economista, una persona relevante cualquiera y otra persona sin formación alguna comparten pantalla. No hay diferencia entre la opinión de un individuo cualquiera y la de personas quienes dominan un conocimiento fundado. Esta es la "sociedad horizontal" que debilita el respeto a las jerarquías e instituciones tradicionales.

En conclusión: lo que se quiere destacar es que el discurso aludido, expresado por un líder político consolidado ha llegado a la masa adicta, y que también ha convocado a la simpatía de una inconforme base popular mayor.
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