Así está la inflación en zonas afectadas por el sismo del lunes
Anif también identifica otro riesgo que complicaría el panorama: la eventual llegada del fenómeno de El Niño
Anif también identifica otro riesgo que complicaría el panorama: la eventual llegada del fenómeno de El Niño. Durante agosto ya se han presentado registros de temperaturas máximas en regiones del Caribe y el Pacífico colombiano. La materialización del fenómeno podría convertirse en una fuente adicional de presión sobre la inflación, especialmente en un contexto en el que el indicador nacional continúa por encima del 6%. Así, Colombia llegó al terremoto con una inflación anual de 6,03%, después de cuatro meses de aceleración y una moderación puntual en julio. Las ciudades afectadas mostraban comportamientos diferentes, con tres de ellas por encima del promedio nacional. El reto ahora será observar cómo evolucionan los precios tras la emergencia.
El terremoto de magnitud 7,4 que golpeó a Colombia el pasado 10 de agosto también abre interrogantes sobre el comportamiento de los precios en las ciudades afectadas, en momentos en que la inflación nacional todavía se mantiene por encima del 6%. Según el Dane y el análisis de Anif, el país llegó a la emergencia con una inflación anual de 6,03% en julio, mientras Pereira, Armenia y Cali registraban tasas superiores. Los datos disponibles muestran que las ciudades golpeadas por el terremoto partían de escenarios inflacionarios diferentes. En julio, Pereira registró una inflación anual de 6,70%, la más alta entre las ciudades mencionadas. Le siguieron Armenia, con 6,52%, y Cali, con 6,41%. Manizales, por su parte, presentó una variación anual de 5,83%, por debajo del promedio nacional de 6,03%. Aunque todavía no hay una medición que permita establecer cuánto ha incidido directamente el terremoto del 10 de agosto sobre los precios, el punto de partida resulta relevante. La emergencia puede generar nuevas necesidades y presiones en los territorios afectados, pero los datos entregados corresponden al comportamiento del IPC registrado durante julio. El panorama nacional mostró una moderación en el ritmo de crecimiento de los precios. La inflación anual pasó de 6,14% en junio a 6,03% en julio, lo que representó una desaceleración de 11 puntos básicos. Además, la variación mensual del IPC bajó de 0,39% a 0,17%, un resultado inferior al 0,24% observado en julio de 2025, según el análisis presentado por Anif. El dato también sorprendió frente a las expectativas del mercado. La inflación de julio se ubicó por debajo de la mayoría de las previsiones de los analistas, que esperaban un nuevo repunte cercano a 6,20%. El resultado interrumpió cuatro meses de aceleración del indicador, que había pasado de 5,29% en febrero a 6,14% en junio, antes de la moderación en julio. Uno de los principales factores detrás del resultado de julio fue el comportamiento de los alimentos y los bienes. Anif señala que estos dos grupos explicaron 46% de la inflación anual, aunque durante el mes registraron una desaceleración significativa. Los alimentos fueron el componente que más contribuyó a contener el resultado, con una variación mensual de -0,13%, frente al 0,67% observado en junio. La inflación anual de los alimentos pasó de 6,83% en junio a 5,82% en julio, con una contribución de 1,1 puntos porcentuales al resultado total. Dentro de este grupo, los productos perecederos fueron determinantes para la desaceleración. Su inflación anual pasó de 13,5% a 9,5%, mientras su aporte al total de alimentos disminuyó de 2,8 a 2 puntos porcentuales durante el mismo periodo. El comportamiento de las frutas frescas también ayudó a moderar la presión. Su contribución pasó de 1,45 a 1,12 puntos porcentuales, mientras la del plátano bajó de 0,24 a 0,06 puntos. En el caso del tomate, la contribución negativa se profundizó de -0,13 al -0,24 puntos porcentuales. Los alimentos procesados restaron presión, pero en menor medida, con cambios asociados al café y el azúcar. Los bienes mostraron una dinámica similar. Su inflación mensual pasó de 0,27% en junio a 0,04% en julio, mientras la variación anual permaneció en 3,2%. Los vehículos nuevos y usados estuvieron entre los principales factores detrás de la menor contribución de esta categoría. También variaron negativamente en los precios de bienes para bebés, con -2,4%, y aparatos electrónicos para el cuidado personal, con -1,6%. El comportamiento fue diferente en los precios regulados. Su contribución a la inflación pasó de 1,1 a 1,2 puntos porcentuales, mientras la inflación anual de esta categoría aumentó de 5,9% a 6,4%. La electricidad fue el principal factor detrás del incremento, al elevar su contribución de 0,03 a 0,12 puntos porcentuales, con una variación mensual de 2,3%. El gas también aumentó su aporte. La inflación sin alimentos también mostró una señal de presión. Este indicador pasó de 6,0% a 6,1% durante julio, mientras los servicios redujeron ligeramente su contribución, de 3,2 a 3,1 puntos porcentuales. Dentro de esta categoría, el arriendo imputado y los servicios de telefonía móvil estuvieron entre los elementos que más restaron en el cambio de la contribución. Para Anif, el resultado de julio debe analizarse con cautela. El análisis considera que la pausa en la aceleración de la inflación responde a dos factores de naturaleza transitoria y no necesariamente representa un cambio estructural en la trayectoria de los precios. Esto mantiene abierta la posibilidad de que el indicador vuelva a acelerarse y permanezca por encima del 6% en los próximos meses. A este escenario se suma el impacto económico que pueda generar el terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto. La emergencia dejó pérdidas humanas, animales y materiales en diferentes ciudades, pueblos y municipios del país. Sin embargo, con la información disponible todavía no existe una medición que permita atribuir al terremoto un aumento específico de la inflación en Cali, Pereira, Manizales o Armenia. El comportamiento futuro dependerá de la evolución de los componentes de la canasta y de factores que puedan generar nuevas presiones. En julio, los alimentos y los bienes ayudaron a moderar la inflación, mientras electricidad y gas ejercieron una presión mayor. En paralelo, el terremoto introduce un nuevo elemento en el escenario económico de las regiones afectadas, aunque su efecto sobre los precios todavía no ha sido cuantificado.