Sábado, 15 de Agosto de 2026

Otra vez a la defensiva

ChileEl Mercurio, Chile 15 de agosto de 2026

Recuperar el lugar de las humanidades exige un examen autocrítico.

El Gobierno adoptó una decisión que coloca a las humanidades una vez más a la defensiva.
Esta actitud no solo es de hoy ni exclusiva de Chile. Parece ser ya la disposición en que han tenido que crecer. Herederas de la tradición humanista renacentista, en sus orígenes, no obstante, no ocuparon esta posición defensiva. Nacidas en el tránsito del siglo XIV al XV, aspiraban a formar personas buenas -no solo profesionales útiles- mediante el estudio de las grandes preguntas sobre el hombre, la belleza, la justicia y el lenguaje. Esa centralidad comenzó a resquebrajarse a partir del siglo XVIII, cuando el racionalismo cartesiano y el empirismo baconiano impulsaron una ciencia moderna capaz de producir resultados verificables y progreso tangible. El positivismo del siglo XIX consolidó el giro: la educación dejó de perseguir la formación integral para orientarse hacia la utilidad social, herencia que la escuela y la universidad contemporáneas todavía arrastran.
Frente a esa presión, las humanidades no permanecieron inmóviles. Una parte adoptó el método científico y dio origen a las ciencias sociales, mientras otra conservó el cauce más tradicional de la filosofía, la historia y la literatura. En la segunda mitad del siglo XX surgieron además nuevas líneas internas de críticas -los estudios de género, los estudios coloniales, la crítica cultural- junto a disciplinas híbridas como la bioética, que renovaron el campo pero también lo expusieron a vicios propios de la ciencia, en particular la hiperespecialización que denunciara C. P. Snow al describir "las dos culturas".
En este contexto de hostilidad, se ha defendido el lugar de las humanidades mediante argumentos que, grosso modo , pueden resumirse en cinco puntos centrales. El argumento crítico sostiene que forman ciudadanos capaces de cuestionar y no meros consumidores conformistas, componente tan necesario en esta hora. El argumento de la empatía subraya su capacidad de enseñar a mirar desde el lugar del otro, mitigando el etnocentrismo y chauvinismo.
El argumento de la gratuidad reivindica el valor de lo que no produce un resultado mensurable, como contrapeso al tecnologismo y pragmatismo burdo. El argumento de la integridad destaca su mirada holística, capaz de integrar saberes cada vez más dispersos y servir de bisagra entre distintas disciplinas científicas. Y el argumento metodológico opone a la racionalidad instrumental -el "pensar calculante" que criticara Heidegger- una racionalidad estética y simbólica, igualmente rigurosa.
Sin embargo, estos argumentos describen más un ideal que una realidad plenamente vigente: las propias humanidades han caído a menudo en el dogmatismo, la especialización excesiva y una racionalidad instrumental que traicionan su vocación original. Recuperar su lugar exige, por tanto, un examen autocrítico que vuelva a las fuentes de su nacimiento renacentista.
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