El costo del tiempo define una nueva ciudad
La mala infraestructura vial asociada con el aumento del parque automotor tiene consecuencias bien conocidas, y la reducción buscada del costo del tiempo incita al traslado de la actividad a lugares a los que, en tiempo, no cuesta tanto llegar.
A cien años de iniciados los cursos en la Universidad de Chicago, Gary Becker, profesor de Microeconomía en el Departamento de Economía de la universidad, obtuvo en 1992 el premio que todos los años otorga la Real Academia Sueca: el Premio Nobel de Economía. La distinción se le concedió por su aplicación de la Teoría Microeconómica en el análisis de temas sociales como el comportamiento de las personas, las familias y los hogares, el crimen y su relación con el castigo, y en otros temas por el estilo.Pero también, por la consideración del costo implícito y explícito del tiempo en la formación de precios en distintos tipos de mercados, es decir, por la consideración de esos costos del tiempo en la demanda y en la oferta de bienes y de servicios y en la formación de sus precios. La teoría microeconómica para Becker "no es una abstracción con la que juegan académicos inteligentes sino un instrumento muy poderoso para analizar al mundo real".
El valor del tiempo explica numerosas situaciones, como la aparición de mini mercados compitiendo con los supermercados o el comercio digital en lugar de la presencia de los clientes en tiendas, o por qué es preferible pagar algunos productos en algunos lugares más que en otros cercanos y hasta explicar por qué de contratar "deliveries" y no concurrir al sitio de venta a comprar el producto deseado. Es que el costo del tiempo forma parte de la formación de la demanda y de la oferta del producto final.
Valor del tiempo
Nadie desconoce que la capital de nuestro país, Montevideo, es una ciudad sucia y que la basura, que muchas veces desborda contenedores, es culpa propia de los montevideanos como, asimismo, de quienes deben recogerla. Muchos de los ciudadanos de la capital también critican el estado de las calles y el de las veredas afectadas por la falta de cuidado de árboles gigantescos con raíces que las destruyen. Y así, se pueden mencionar otras situaciones que no son aceptables absoluta o parcialmente por los habitantes de la capital y sus alrededores. Pero quizás la incomodidad mayor, que obliga a los ciudadanos a decisiones de suma importancia con consecuencias que involucran además,a personas que no las toman, es la del tiempo que lleva el traslado de un lugar a otro en la ciudad. Un tiempo notablemente mayor al que tomaba hace relativamente pocosaños y sobre el que se discute su solución, pero sin ninguna acción. Una situación que se agrava de manera creciente ante el aumento significativo por diversas causas de la circulación vehicular que, solo en el caso de autos, ocurre por el notable crecimiento de las ventas de vehículos para llegar a 75 mil en doce meses a junio pasado sin que, por otro lado, se haya mejorado la infraestructura vial. No se han creado nuevas vías de circulación para enfrentar y darle, aunque más no sea parcial y progresivamente, solución al problema,pese a las diversas instancias en las que se ha introducido el tema en la discusión de la solución.
Cuando el tiempo que se pierde no solo individualmente por cada ciudadano por el motivo señaladose valúa en horas de retribución pecuniaria negocio, en horas de ocio descanso, placer y esparcimiento, y se agrega el costo de las contingencias y de costos adicionales que pueden existiren ese contexto, crece el incentivo para evitarlos exigiendo medidas reconocibles: mejorar la infraestructura ahorradora de tiempo para el tránsito vehicular. Los ingresos de quienes deben ocuparse de esa inversión la hacen posible por los tributos tanto locales como nacionales que se obtienen por el aumento del parque automotor que se señalara.
Consecuencias
La mala infraestructura vial asociada con el aumento del parque automotor tiene consecuencias bien conocidas. Menor es el desplazamiento hacia lugares de trabajo y comerciales habituales para los que se produce una elevación sustancial del costo en tiempo y de otros costos asociados, como eventuales accidentes, sanciones vehiculares, etc.
En suma, se puede afirmar que la "demanda por viajes a esos lugares" se restringe ante el costo señalado.
Obviamente la reducción buscada del costo del tiempo incita al traslado de la actividad a lugares a los que, en tiempo, no cuesta tanto llegar. Esa sustitución de lugares tiene efectos sobre los negocios de las zonas indicadas -de las que pasan a ser menos deseadas y de las que ahora son preferidas y sobre la propia infraestructura edilicia de ellas. En las zonas ahora menos deseadas aumenta la oferta de inmuebles, sus precios bajan y el deterioro crece por el desinterés creciente. La decadencia de laszonas mencionadas se refleja en sus inmuebles y en la ocupación por personas como por negocios callejeros que nada aportan en tributos municipales. Pero también existen consecuencias sobre las nuevas zonas que, para fijar los nuevos lugares de trabajo y los comercios, impliquen menores costos para llegar a ellos. La evidencia muestra que se trata de zonas residenciales, en las que se desconocen reglamentaciones prohibitivas de localización de empresas y comercios y en las que no existe derecho de propiedad de los vecinos sobre los lugares de tránsito público, calles, etc. Las ordenanzas son salteadas con significativos perjuicios pecuniarios, de movilidad y de otra índole para los residentes de esas zonas que no son reconocidos por las autoridades pertinentes.
Será difícil solucionar el creciente costo del tiempo para el ocio y para el negocio al que asistimos desde hace ya varios años, como lo demuestra la evidencia de las discusiones sobre el tema de la infraestructura vial que las autoridades abandonan siempre, por no saber cómo seguir mientras que asistimos a la definición de una nueva ciudad.