Reflexiones sobre la IA
Las inversiones tienen valor intrínseco, lo que es diferente a reconocer qué empresas serán capaces de capturar todo ese valor.
Una serie de reflexiones sobre la inteligencia artificial (IA) desarrolló, en entrevista con "El Mercurio", el destacado economista Ricardo Caballero. Sus reflexiones apuntan a los efectos de la IA sobre la actividad global, el miedo a una burbuja en este mercado y sus impactos en Chile.
Sobre lo primero, Caballero se muestra claramente optimista. La posibilidad de acelerar procesos podría impulsar fuertemente la productividad, expandiendo la capacidad de aquellas organizaciones y países que implementen esos cambios. Según el economista, el impacto en la actividad mundial puede ser de tal magnitud que lo lleva, de alguna manera, a desmitificar los temores que se han levantado respecto del potencial efecto sobre el empleo y los salarios. En su visión, eso sí, la capacidad de ajuste a la IA pasará inevitablemente por la existencia de un mercado laboral más flexible, lo que permitiría aprovechar muchas de estas ventajas sin generar efectos negativos sobre el empleo. De acuerdo con su análisis, las ganancias sobre la productividad deberían, incluso, impulsar el crecimiento de los salarios, argumento que se opone a la visión más pesimista, aquella que sostiene que la IA reemplazará tareas humanas a una escala donde se incrementará el desempleo y caerán los ingresos de las personas.
El financiamiento de estas inversiones y la valoración de las compañías es una dimensión respecto de la cual Caballero expresa mayor inquietud. La inversión en IA ha sido de tal magnitud que ha permitido a la economía global -en particular a Estados Unidos- transitar la guerra comercial con China, la guerra con Irán y numerosas dificultades políticas internas sin mayor efecto económico. Una corrección en el valor de las compañías -el que hasta ahora, en parte, les ha permitido tomar mucha deuda sin acumular un índice de endeudamiento excesivo- podría perjudicar la capacidad de financiar las inversiones y también afectaría la riqueza de los hogares, impactando, de paso, el consumo.
Aunque es difícil anticipar una corrección de este tipo, tiene razón Caballero en explicitar este como el principal riesgo para la economía global. Es que la intensidad de la inversión ha sido de tal magnitud que un cambio en las condiciones podría gatillar una corrección de expectativas globales. Aun así, él mismo reconoce que el cambio tecnológico es evidente, por lo que las inversiones materializadas tienen valor intrínseco, lo que es diferente a reconocer qué empresas serán capaces de capturar todo el valor de esas inversiones. En otras palabras, más que una preocupación por una burbuja de un activo cuyo valor intrínseco es difícil de predecir, la preocupación de Caballero está más centrada en la intensidad del ciclo de inversión y en la posibilidad de que -en esta carrera por llegar antes- muchas empresas sobreinviertan y no puedan capturar el valor que actualmente el mercado les asigna.