Escala violencia en liceos tradicionales, con amenazas a docentes y despliegue de encapuchados
Debido a graves hechos, las alumnas del Javiera Carrera están en "modo pandemia", sin actividades presenciales; mientras que se indaga sobre coordinación entre vándalos de distintos colegios públicos.
Los denominados liceos emblemáticos de la capital viven un turbulento 2026, marcado por la violencia y la consiguiente pérdida de actividades. Con casos principalmente en recintos de las comunas de Santiago y Providencia, el problema no logra ser aplacado por las autoridades del Gobierno ni del respectivo sostenedor, sea el Servicio Local de Educación Pública o el municipio.
Incluso, el Nº 1 Javiera Carrera debió volver temporalmente a las clases remotas, al estilo de la pandemia, mientras que el Manuel Barros Borgoño sufre el impacto del accionar de vándalos encapuchados.
El plantel femenino viene siendo afectado por un nivel inusitado de disturbios, incluso con barricadas y denuncias sobre amenazas y agresiones a trabajadores. El jueves 14, de hecho, se generaron graves desórdenes: después del primer recreo, un grupo de estudiantes informó a la directora y subdirectora que realizaría una asamblea en el gimnasio "con o sin autorización" y que rompería el candado si era necesario. Ante dicha amenaza, el equipo directivo permitió la actividad, estableciendo que la participación sería voluntaria.
Sin embargo, según las autoridades del recinto, una vez terminada la asamblea, cerca de 300 alumnas se instalaron en el suelo frente a las oficinas de la Dirección e impidieron tanto la salida de quienes estaban en su interior como el ingreso de otras personas. Luego de eso, señalan, hubo cánticos y consignas de protesta que derivaron en "insultos dirigidos al equipo directivo y el lanzamiento de papeles y otros elementos hacia el interior de las oficinas". La situación se extendió por cerca de dos horas.
Otro documento enviado a la comunidad describe que trabajadoras del liceo "fueron amenazadas y permanecieron impedidas de salir libremente de la oficina de Dirección", debido a la presencia de un cordón humano.
Ante la situación, la dirección determinó terminar anticipadamente la jornada, a las 11:30 horas. No fue todo: los hechos llevaron al establecimiento a recurrir a las clases remotas. La dirección justificó la decisión señalando que era necesario dar continuidad al proceso educativo "mientras se restablecen las condiciones necesarias para un retorno seguro a las actividades presenciales".
En el caso del Manuel Barros Borgoño, turbas de encapuchados -portando artefactos incendiarios- han forzado a interrumpir o modificar las actividades habituales. En uno de los episodios más serios, cerca de 15 jóvenes se desplazaron hacia el sector de la calle San Diego, atacaron a la policía e incendiaron uno de los accesos al recinto. El episodio también dejó tres funcionarios afectados y daños en una muralla del colegio.
Una de las aristas que está bajo investigación apunta a determinar si existe algún grado de coordinación entre los vándalos de distintos liceos. En una querella presentada por incidentes ocurridos en julio en el Barros Borgoño, el SLEP apuntó a similitudes con un ataque previo en el Instituto Nacional, ambos con presencia de encapuchados y el uso de artefactos incendiarios, entre otros factores.
Estrés y efectos en aprendizajes
A juicio de Ernesto Treviño, académico de la U. Católica y doctor en Educación por Harvard, "los hechos de violencia ocurridos en algunos liceos emblemáticos tienen dos implicaciones. La primera, y más evidente, es que estos eventos disrumpen la convivencia escolar, generan estrés y afectan la disposición para la participación y el aprendizaje de todos los estudiantes. La segunda es que los actos vandálicos de algunos pocos suelen llevar a la suspensión de clases para salvaguardar la seguridad. En este sentido, algunos liceos han tenido interrupciones de clases algo más prolongadas que, en teoría, podrían afectar el aprendizaje".
Para María Paz Larraín, presidenta de Escuelas Abiertas, "la recuperación de la educación pública sí es posible, pero requiere decisión, gestión y, sobre todo, volver a poner el aprendizaje y la autoridad pedagógica en el centro".
Acota que estos problemas "no son irreversibles. Cuando existe un plan claro y consistente, una buena gestión, liderazgo efectivo y una acción coordinada para devolverles a los profesores la autoridad y el liderazgo dentro del aula, es posible revertir tendencias que parecían instaladas".
Como referencia, en 2016, las alumnas de 2º medio del Liceo Nº1 lograron 312 puntos en el Simce de Matemática, contra solo 240 de sus pares de 2025, por debajo del promedio nacional (263). En cuanto al Barros Borgoño, la caída fue de 278 a 257.
Cuestionada El SLEP de Santiago Centro, a cargo de los liceos de la comuna, es encabezado por Paulina Retamales.