Jueves, 20 de Agosto de 2026

Del régimen de los derechos, al de los deberes

ColombiaEl Tiempo, Colombia 20 de agosto de 2026

Pocas cosas grafican bien la naturaleza del "ser colombiano" como una tragedia

Pocas cosas grafican bien la naturaleza del "ser colombiano" como una tragedia. El sociólogo Fernando Calderón decía que Colombia era un país en que "cada hecho que ocurre es extraordinario, y cuando nos detenemos a verlo, descubrimos que siempre es un hecho cotidiano". García Márquez decía: "Hemos forjado una patria densa e indescifrable donde lo inverosímil es la única medida de la realidad. Nuestra insignia es la desmesura". Cierto. Vivimos en un país en el que ocurre algo que presagia lo peor, pero inmediatamente sucede algo que revela lo contrario. Cuando parecía que la polarización entre petristas y uribistas había rasgado el tejido social del país, hasta un punto en que mostraba una sociedad fracturada, un terremoto de 7,4 en la escala de Richter desata una fuerza de solidaridad entre los colombianos que 10 días después se resiste a desaparecer. Aún hoy, la gente se sigue movilizando para recoger y enviar donaciones en una magnitud que no habíamos visto. Es su manera de permanecer presente acompañando a quienes el terremoto los dejó sin nada. Qué paradoja. El activismo social, que ayer era símbolo de división, hoy es señal genuina de cohesión. En la actual coyuntura, esa solidaridad tiene el mayor de los significados. No solo porque refleja la capacidad de los ciudadanos y la sociedad colombiana para estructurar y asumir "obligaciones recíprocas" en condiciones de dificultad colectiva o desgracia. También porque visibiliza su disposición a actuar en función del beneficio común. En ese terreno, lo público se convierte en el ámbito desde el cual la mayoría de los que hacen parte de la sociedad están dispuestos a aportar algo que tienen (y que los otros necesitan) y lo hacen con gusto. Tiene el mayor de los significados porque, cuando alguien está listo a estructurar y asumir "obligaciones recíprocas", quiere decir que está dispuesto a autoimponerse restricciones de la búsqueda (o el aprovechamiento) de sus beneficios, porque sabe que (al hacerlo) puede lograr una situación en la que todos (o al menos, una mayoría) ganan. Cuando las solidaridades se expresan, las sociedades entran en una cadena de interacciones solidaridad-confianza-acatamiento a las leyes-convivencia-bienestar. Todos se mueven por una razón (ayudar, manteniendo sus beneficios); todos actúan con un interés (ayudar, buscando que los beneficios también lleguen a otros); y todos están regidos por una convicción (ayudar, porque es la única manera de que todos se beneficien). Es el régimen de los deberes, en el que suceden tres cosas: 1) Todos (o la mayoría) buscan maximizar sus beneficios, pero imponiéndose restricciones con las que saben que todos se van a beneficiar; 2) Acatar las normas es la única condición que garantiza un mínimo de orden; y 3) lo público está por encima de lo privado. Puede parecer demasiado fuerte, pero hay que decirlo: de no haber sido por el drama del terremoto, muy seguramente seguiríamos en el escenario de polarización política y fractura social en que veníamos. La cadena de interacciones estaría regida por la secuencia indiferencia-desconfianza-incumplimiento de normas-confrontación. Es el régimen de los derechos, que, en toda su expresión, se hace sentir bajo los tres principios que lo caracterizan: 1) Cada quien actúa buscando maximizar sus beneficios; 2) El cumplimiento de las normas se debe evitar porque solo establece restricciones; 3) lo privado está por encima de lo público. Una sociedad abundante en derechos (85 artículos en la Constitución de 1991), y que apenas tiene un artículo sobre deberes, no está simplemente desequilibrada en un sentido retórico o simbólico. Lo está en la búsqueda de beneficios: cada ciudadano, cada funcionario, cada empresario recibe un catálogo extenso de reclamaciones legítimas frente a los demás, sin un catálogo equivalente de restricciones que debe imponerse a sí mismo en favor de esos mismos demás. La "cultura del atajo" aparece como el único mecanismo que explica (y tranquiliza) y evita proponer el paso de un régimen de derechos a uno de deberes como salida a la crisis que vivimos. * Profesor titular, Facultad de Ingeniería, Universidad Nacional
La solidaridad
Pedro Medellín Torres*
Una sociedad abundante en derechos, y que apenas tiene un artículo sobre deberes, no está simplemente desequilibrada en un sentido retórico. Lo está en la búsqueda de beneficios.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela