Jueves, 20 de Agosto de 2026

Tragedia y aprendizaje

ColombiaEl Tiempo, Colombia 20 de agosto de 2026


Carlos Tellez
Colombia enfrenta una nueva prueba, profunda y dolorosa


Carlos Tellez
Colombia enfrenta una nueva prueba, profunda y dolorosa. Eventos como el sismo reciente nos recuerdan la amplitud de eso que llamamos incertidumbre, materializan la vulnerabilidad humana y desafían supuestos al hacer visible aquello que la normalidad mantiene oculto. Estas coyunturas difíciles motivan reflexiones nuevas en tanto aparecen perspectivas inesperadas desde una realidad abruptamente modificada. En medio de sesiones de consultoría recientes, evidencié el poder de estos choques para revelar puntos ciegos. Toda estrategia se construye sobre supuestos. Al formularla asumimos, por ejemplo, unas condiciones esperadas del entorno, unas capacidades propias disponibles, una forma de generar valor a nuestros clientes y unos comportamientos de los competidores. Pero, ante un evento inesperado, eso que parecía seguro y predecible puede cambiar y se hacen visibles riesgos de nuestra estrategia, a la vez que evidenciamos con mayor claridad las capacidades esenciales para implementarla. Las dificultades motivan una reflexión estratégica distinta, urgente y accidental que nos puede llevar a modificar nuestras escogencias o validar algunas que nos generaban duda. En ese ejercicio, obligado por las circunstancias, es natural descubrir capacidades que estaban ocultas o subvaloradas, nuevas formas de generar valor a los clientes, diferenciadores que se exacerban y ventajas reales que solo bajo presión quedan comprobadas. Estos retos son, en términos de la estrategia, una enorme oportunidad de aprendizaje. Y lo son también para una junta directiva. Tal y como sucede para las personas y las empresas, estos acontecimientos representan una prueba exigente para un directorio. La presión aguda e intempestiva somete a evaluación capacidades tan críticas en una junta como el conocimiento del negocio para navegar una crisis, la gestión anticipada de riesgos para reaccionar ordenadamente ante su materialización, la fluidez de su interacción con el equipo ejecutivo para agilizar decisiones, y el liderazgo de su presidencia para asegurar la gobernanza. Pero quizá la revelación más profunda que habilita un evento trágico en las empresas tiene que ver con sus valores. Es en esos momentos donde aquello en lo que una empresa cree verdaderamente se hace visible a partir de sus comportamientos, que también llamamos cultura. El cuidado de las personas, la solidaridad generosa, el respeto frente a sus partes interesadas, el tono apropiado de su comunicación, el despliegue de sus capacidades más allá de sus negocios, y la consciencia de la realidad, son señales de empresas que viven coherentemente sus valores. A Winston Churchill atribuyen la frase que invita a no dejar desperdiciar una crisis. Podríamos ahora preguntarnos entonces en nuestras empresas: ¿Qué puntos ciegos, positivos y negativos, respecto a nuestros valores, nuestro gobierno corporativo y nuestra estrategia, hizo visibles el evento catastrófico más reciente que hemos vivido?
carlos@carlostellez.co
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