La generosidad tiene fecha de vencimiento
Luz Magdalena Salas
El terremoto del 10 de agosto mostró la solidaridad de los colombianos
Luz Magdalena Salas
El terremoto del 10 de agosto mostró la solidaridad de los colombianos. Esa respuesta colectiva merece reconocimiento, pero revela un reto importante: su arquitectura temporal. Nos movilizamos mientras la tragedia ocupa los titulares, pero, usualmente, el impulso se desvanece cuando deja de ser noticia. Las cadenas anunciaron miles de toneladas de alimentos; las embotelladoras, cientos de miles de litros de agua; cementeras y siderúrgicas, materiales; las farmacéuticas, insumos; y otras empresas, maquinaria. Del exterior llegaron más de 220 toneladas y la campaña del gremio industrial recaudó más de $201.000 millones en tres días. Toneladas, litros, kits, unidades y, con eso, familias beneficiadas. Es impresionante todo lo que puede movilizarse en pocos días. Sin embargo, solo se cuantifica en las cuentas oficiales los aportes de gobiernos, organismos multilaterales, empresas, gremios y fundaciones. A esta movilización se han sumado miles de personas y hogares con dinero, mercados, ropa y tiempo. Los chats de estos días lo confirman: ¿a quién le transfiero?, ¿esa cuenta es confiable?, ¿llevo mercado? La voluntad de ayudar es evidente. El reto es convertir esos aportes puntuales en contribuciones recurrentes. Durante la emergencia aparecen numerosas cuentas y campañas para donar, pero dejan de ser visibles cuando la tragedia pierde la atención pública. Aunque existen opciones dispersas para donar mensualmente, falta un canal visible y permanente. Paul Slovic lo llamó psychic numbing: nuestra sensibilidad se apaga cuando el sufrimiento se vuelve estadística. Una emergencia tiene fecha, imágenes y caras; la desnutrición, la deserción escolar o la falta de oportunidades dejan víctimas dispersas y silenciosas. Además, donar ante una tragedia puede hacernos sentir moralmente saldados por meses. Pero el presupuesto altruista no es fijo. Deryugina y Marx (2021) encontraron que, después de un tornado, los hogares de otras zonas del mismo estado donaban más sin reducir sus aportes habituales. La emergencia amplió la solidaridad, no la redistribuyó. El desafío es convertir el impulso en compromiso permanente. Un costo actual lo sentimos completo; uno que empieza el mes entrante, no tanto. Anna Breman aprovechó este sesgo en Give More Tomorrow y sugirió a las personas comprometerse hoy a realizar aportes después. Al aplazarlo dos meses, el aporte fue 32% mayor y más de 96% continuó donando. Colombia podría aplicar lo mismo. El país tiene infraestructura para donar toneladas y recaudar cientos de miles de millones en tres días, pero no un canal masivo para que una persona aporte $20.000 al mes durante tres años. Cada campaña de emergencia podría ofrecer convertir la donación única en un aporte mensual desde el mes siguiente. Los recursos se distribuirían con transparencia entre causas verificadas: comedores, infraestructura educativa, tecnología o emprendedores. La tragedia nos recordó que sabemos donar. El siguiente paso es construir instituciones que nos ayuden a no olvidar.
Vicepresidente de ANIF.