Sábado, 22 de Agosto de 2026

Dilemas electorales en Brasil

ChileEl Mercurio, Chile 21 de agosto de 2026

La campaña presidencial parte ofreciendo un estrecho y polarizado panorama.

Lula da Silva cumplirá 81 años en octubre, pocos días después de una eventual segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, y es por eso que intenta mostrarse lo más dinámico y juvenil posible en esta campaña. Su contrincante principal, Flavio Bolsonaro, tiene 45, dejó el fútbol hace años por problemas a la rodilla, pero ejecuta rutinas en el gimnasio que comparte en sus redes sociales, haciendo alarde de vitalidad y juventud. La capacidad física y salud de un candidato no siempre entra al debate electoral, pero en el caso de Lula hay quienes se preocupan porque recientemente ha sufrido episodios como una hemorragia intracraneal que necesitó una intervención quirúrgica, un cuadro de vértigos y mareos por inflamación del oído interno, y un carcinoma en el cuero cabelludo del que fue operado exitosamente. Su salud, dice, es inmejorable, pero nadie olvida que si es reelegido terminaría su cuarto mandato con 85 años.
El domingo, cuando dio inicio a su campaña, Lula no mencionó ni la edad ni la salud, pero se refirió a las razones de su empeño en seguir gobernando. "Mientras yo viva no voy a permitir que la derecha, responsable de 400 mil muertes por el covid, regrese al poder", dijo en referencia a las víctimas durante la pandemia, cuando gobernaba Jair Bolsonaro, padre de Flavio, el candidato que le pisa los talones en las encuestas, las que dan un empate técnico en un eventual balotaje. Hay 13 postulantes, de las más variadas tendencias -comunistas, ecologistas, animalistas y de extrema derecha populista-, pero ninguno supera el cinco por ciento, mientras Lula y Bolsonaro consiguen más del 30 por ciento cada uno.
El proceso está reflejando la polarización política que vive Brasil, que como otros países de la región se debate entre una izquierda que enarbola viejas recetas desarrollistas y una derecha que pone el énfasis en la seguridad. En su discurso del domingo, Lula prometió mantener sus políticas sociales, pero, atento a que la población está preocupada por la inseguridad y la violencia, puso también el foco en combatir ese flagelo. Para Lula, es fundamental insistir en ese punto porque Bolsonaro tiene como eje de su programa la seguridad, proclamando que luchará para imponer la ley y el orden, a la manera de Nayib Bukele. También se centra en la economía, criticando la gestión de Lula y asegurando que en esa materia Javier Milei sería su modelo. Otro factor de conflicto en esta contienda han sido distintos problemas de probidad que han involucrado a las familias de ambos postulantes (ver pág. A6).
Y al centro de la campaña están, por otro lado, las tensiones con Estados Unidos, después que Donald Trump impusiera elevados aranceles, los que Lula califica como una intromisión, pues Trump aboga también por la libertad de Jair Bolsonaro. Lula usa esta disputa para atacar a su contendor principal, acusándolo de "traición" por buscar influir en la Casa Blanca para la imposición de las tarifas y la defensa de su padre. Este mes, además, surgió un nuevo desencuentro con el Departamento de Estado, por la denegación de visas para funcionarios que, según Brasilia, pretendían estudiar el sistema electrónico de votación en busca de falencias que indicaran intención de fraude electoral. Washington respondió quitándole la visa a la embajadora brasileña. Si el impasse diplomático tiene algún efecto electoral, probablemente será en detrimento de Bolsonaro por su cercanía con Trump y el rechazo que este genera en los brasileños.
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