El Perú de hoy
Por Fabricio Felipe Figueroa Guzmán
Una vida sumergida en la inseguridad, la inestabilidad y la desigualdad es la que se vive hoy
Por Fabricio Felipe Figueroa Guzmán
Una vida sumergida en la inseguridad, la inestabilidad y la desigualdad es la que se vive hoy. Siempre pensé que la pobreza hace al delincuente, y que el delincuente nace de la necesidad. Si el corrupto se cría en la riqueza, el asesino se siembra.Estábamos cenando en familia cuando escuchamos varios disparos. Enseguida salimos, cuando los gritos de una mujer nos alertaron. Habían asesinado a un joven en la calle. Estaba tirado, aún con vida, intentando inútilmente mover su cuerpo. Sus familiares lo socorrieron. Desesperada, la mujer sufría al notar que el joven ya no reaccionaba. Un episodio común para el criminal, pero uno permanente para quienes lo amaron.Los noticieros hablan de un robo, la primera plana es un homicidio, el chisme vecinal es sobre el corrupto. Cada día parece ser una pesadilla. Yo, con los ojos de un chiquillo, me topé con un hombre que subía al bus, tan alto como para golpear el techo; se paseó vociferando que regresaba después de 14 años. Las ventanas eran incapaces de expulsar el olor a marihuana que provenía de él. Su voz gruesa silbaba a quien no le respondiera, y ofrecía caramelos con amenazas. Noté que un patrullero estaba a nuestro lado; los policías se encontraban riendo y hablando por teléfono. "No estoy a salvo", pensé. Esto es recurrente en quienes salen a las calles por trabajo y sobreviven cada minuto.Lo indispensable para los peruanos es la comunicación, no promulgar habladurías. Conservar la esperanza y mantener un diálogo con los nuestros nos acercará a un futuro que no sea una desdicha.