El Comercio, Perú
22 de agosto de 2026
En 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó el 12 de agosto como el Día Internacional de la Juventud para poner en agenda los desafíos de las nuevas generaciones y reconocerlas como protagonistas del cambio
En 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó el 12 de agosto como el Día Internacional de la Juventud para poner en agenda los desafíos de las nuevas generaciones y reconocerlas como protagonistas del cambio. Veintisiete años después, el propósito conserva plena vigencia. También nos plantea a quienes integramos el mundo académico una pregunta ineludible: ¿qué debemos hacer para que esa promesa se convierta en oportunidades reales?Conmemorar esta fecha exige mirar de frente los desafíos de la juventud. Los jóvenes viven hoy una paradoja. Nunca tuvieron tantas herramientas para aprender, crear y conectarse; sin embargo, muchos conviven con la ansiedad, la soledad y otros problemas de salud mental, así como con el desempleo, el subempleo y la incertidumbre sobre su futuro profesional. La inteligencia artificial, por su parte, amplía sus posibilidades, pero también transforma ocupaciones, exige nuevas competencias y plantea dilemas sobre ética, privacidad y uso responsable.Ante este escenario, la educación superior no puede limitarse a transmitir conocimientos especializados. Debe formar profesionales competentes y, al mismo tiempo, ciudadanos capaces de comprender problemas complejos, dialogar con quienes piensan distinto y ejercer un liderazgo basado en el conocimiento, la ética y el bien común. Debe, además, cuidar el bienestar emocional de sus estudiantes y prepararlos para aprender durante toda la vida.La universidad tiene la responsabilidad de convertir la incertidumbre en posibilidades. Eso supone acompañar, escuchar y ofrecer espacios seguros; fortalecer el pensamiento crítico y las habilidades socioemocionales; acercar la formación al mundo del trabajo; y enseñar a usar la inteligencia artificial con criterio humano, no como sustituto del juicio propio. A través de la investigación, el emprendimiento, el voluntariado y la innovación, los jóvenes comprueban que pueden aportar desde hoy a su comunidad.En el Perú, esta misión adquiere especial relevancia. Miles de estudiantes son la primera generación de sus familias que accede a la educación superior. Su esfuerzo encarna la expectativa de un futuro mejor. No basta con ampliar el acceso: toda oferta universitaria debe garantizar calidad, pertinencia y una formación que transforme vidas.Nuestro país necesita recuperar la confianza en sus instituciones, elevar su productividad y cerrar brechas. Para lograrlo, requiere la energía, la creatividad y la mirada crítica de sus jóvenes. Apostar por ellos no es un gesto de esperanza ingenua; es una decisión responsable de país. La juventud no es solo el futuro: es una fuerza presente. Si les damos oportunidades, confianza y herramientas, sabrán convertir los desafíos de esta época en soluciones. El tiempo de los jóvenes no es mañana. Es hoy.