Sábado, 22 de Agosto de 2026

Socialismo en América

ChileEl Mercurio, Chile 22 de agosto de 2026

Mientras el ser humano exista, argumentó el filósofo marxista Gerald Cohen, el socialismo retornará una y otra vez

Mientras el ser humano exista, argumentó el filósofo marxista Gerald Cohen, el socialismo retornará una y otra vez. Cohen tenía razón, pues la ideología socialista resuena con las pulsiones más primitivas del alma humana: el miedo, el tribalismo, la envidia y la necesidad de sentirse protegido por otros.
Jamás en la historia de Estados Unidos esta fracasada ideología ha tenido mayor aceptación que hoy, con más de un 50% de los demócratas expresando una valoración positiva. Y en ninguna parte se ha expresado mejor que en el programa que los Socialistas Democráticos de América (DSA) adoptaron bajo el título Workers Deserve More¡ No se trata del panfleto de una secta marginal, sino de la plataforma de la organización de la que proviene Zohran Mamdani, hoy alcalde de Nueva York, y que aspira a convertirse en la corriente hegemónica del Partido Demócrata, lo cual lo llevaría probablemente a su destrucción.
Sus puntos centrales son la estatización de las mayores corporaciones del país y de las industrias esenciales, impuestos "agresivos" a la riqueza, semana laboral de 32 horas con salario íntegro, fijación universal de precios de arriendos, salud y educación gratuitas, condonación total de la deuda estudiantil, migración enteramente legalizada, abolición de la policía y de las cárceles, desfinanciamiento militar y supresión del Senado y del Colegio Electoral. Todo ello, por supuesto, en nombre de la dignidad humana.
Los chilenos hemos escuchado este catálogo antes, casi palabra por palabra, y sabemos cómo termina: miseria, hambre y dictadura socialista. Pero la objeción de fondo no es histórica, es lógica. Es difícil imaginar un grupo más fanático, inepto y convencido de su propia grandeza moral que esta izquierda woke , incapaz de crear nada útil para los demás ni de gobernar inteligentemente.
Cada demanda del programa ilustra el punto. Se exige control universal de arriendos y, simultáneamente, "vivienda para todos". Pero el control de arriendos es quizá la política sobre la que existe mayor consenso entre economistas de todas las tendencias: destruye el stock habitacional porque nadie construye ni mantiene lo que no puede rentar. Assar Lindbeck, economista socialista sueco, escribió que el control de arriendos era la manera más eficaz de destruir una ciudad, con excepción del bombardeo.
Se exige una semana de 32 horas con el mismo salario, como si la remuneración fuese una decisión política y no el reflejo de lo que un trabajador produce. Se postula gratuidad universal en salud sin advertir que "gratuito" solo significa que el costo se traslada al contribuyente futuro, y que el racionamiento por lista de espera reemplaza al racionamiento por precio. Se exige abolir la policía y las cárceles a la vez que se promete seguridad a los pobres, que son siempre las primeras víctimas del crimen.
Pero hay algo más grave que la charlatanería voluntarista y es la teoría política implícita. Abolir el Senado y el Colegio Electoral no son reformas de eficiencia, sino la eliminación de los contrapesos que la Constitución americana levantó contra las mayorías circunstanciales para evitar dictaduras democráticas. El DSA, fiel a la tradición marxista, propone remover frenos al poder del Estado en el mismo documento en que anuncia una transformación total de la estructura de propiedad del país.
No es casualidad querer concentrar lo económico y político en las mismas manos; después de todo, esa es la esencia del socialismo. Sin embargo, a pesar de la estupidez técnica de las propuestas y de la amenaza totalitaria del programa, a nivel retórico el socialismo funciona. Funciona porque esta ideología, a diferencia de la visión liberal, nunca compite en el terreno de los resultados ni de las intenciones reales -la concentración del poder total en pocas manos-, sino en el de las intenciones declaradas. Y ahí es imbatible. Ya Schumpeter advirtió que el capitalismo produce en abundancia a los intelectuales que lo detestan y les entrega, además, los medios para difundir su desprecio conduciendo a su destrucción.
Un joven que paga tres mil dólares por mes por un departamento diminuto en Nueva York necesita leer a Mises, Friedman o Hazlitt para entender que el sistema intervencionista es el que lo estafa; pero es más fácil buscar un culpable impopular. Y el programa del DSA y casi toda la academia americana de elite se lo ofrecen en la figura de los ricos, envolviendo este discurso populista en lenguaje de justicia. La buena noticia es que este radicalismo que está fagocitando al partido demócrata será, con alta probabilidad, la razón por la cual perderán las próximas presidenciales.
NO ES CASUALIDAD QUERER CONCENTRAR LO ECONÓMICO Y POLÍTICO EN LAS MISMAS MANOS; DESPUÉS DE TODO, ESA ES LA ESENCIA DEL SOCIALISMO.
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