Soplarán mejores vientos
Agosto, ya lo sabemos, es el mes de los vientos, de las ilusiones de niños y mayores de tener alas y elevarse en una cometa
Agosto, ya lo sabemos, es el mes de los vientos, de las ilusiones de niños y mayores de tener alas y elevarse en una cometa. En este agosto los vientos vinieron más fríos y con densas nubes de dolor. Con el largo y terrible sismo del 10 de agosto se fueron 314 personas en las cometas que Dios eleva al cielo. Y 260 siguen desaparecidas. Eso escalofría. Pero, además, según cifras oficiales, 4.437 personas resultaron heridas, 3.470 centros educativos fueron afectados, así como 352 centros de salud; 30.664 viviendas fueron destruidas, mientras otras 136.946 sufrieron daños. El terremoto de 7,4, a las 07:34, nos cambió la vida. Como que íbamos en un paseo en barco y terminamos en un luctuoso duelo nacional. "No somos los mismos y ni lo seremos", me dijo una abuela con quien no pudimos mirarnos a los ojos desbordados. Ambos aún vemos, pero en ese momento, no tanto. La vista se nubla con frecuencia. Porque no deja uno de pensar en la tragedia, en quienes perdieron seres amados, en quienes aún buscan bajo los escombros, aferrados a la esperanza, o quienes están afuera, en una carpa o en un andén frente a lo que fue su hogar; alguien que, inclusive, extraña a su mascota, o la mascota que llora a su amo. Voy muy triste, pero es que sí nos cambió la vida, comenzando porque el Gobierno, que llevaba dos días de posesión y nombramientos, tuvo que replantear la agenda y tendrá que cambiar de planes, inversiones, presupuestos, esfuerzos… Tendrá que atender semejante desafío, sin olvidar su plan de gobierno prometido. Válgame Dios, si necesita coraje, suerte, tiempo, recursos, técnicos y unidad nacional. El hecho es que hay que ponerle el pecho a la brisa. Hay que ponernos en pie. Ya lo estamos desde el primer día, pero toca crecernos y sobreponernos, como un homenaje nacional a las víctimas. Y hacerlo bien por ellas. No podemos fallar. Lo primero, que la llama de solidaridad, esa maravillosa muestra de un pueblo de alma generosa, no se apague. Y hay que cuidar las donaciones y los recursos como si fueran agua en un desierto. Porque lo que estamos viendo en el ‘Libro de la verdad’ parece mentira, pero, según se ve, es apenas parte de un destape de corrupción en el gobierno pasado, ahora criticón. Porque, así como hay millones buenos, no falta el que no tiene escrúpulos. Esos deben ser puestos en la picota pública y en la otra. O en La Modelo. Nos cambió la vida. En muchas empresas, grandes o pequeñas, no volverá alguien. Ese vació está también en un hogar, que nos necesita; una esposa o un hijo que merecen una oportunidad laboral o de estudio, o alguien con un crédito de una vivienda que ya no está. Pero estaremos nosotros. El reto, en adelante, es cada uno a dar lo mejor. Toca seguir. Volvamos. Emocionante la solidaridad. De los grandes, a lo grande. De todos en su medida. De los artistas. Shakira, que no solo mueve las caderas, sino los corazones y las conciencias y aporta para el Chocó, al que quiere como suyo y que debemos querer todos. Ese es un ejemplo. Sin olvidar a los damnificados, hay que volver. Por ejemplo, vuelve el fútbol. Y ojalá pudiéramos ir todos, sin importar el color de la camiseta y llenar los estadios. Y luego de ese minuto de silencio, con la mano en el pecho y la mente en el cielo, que los futbolistas, que han aportado tanto, den en la cancha lo mejor de sí, su juego más bello y limpio. Y que los equipos den parte la taquilla para los damnificados. Porque llenaremos. Todos mejores, porque eso pudo descubrir el terremoto. Una sociedad a la que le duele el otro. Este pueblo bueno, que no se arredra y a lo mejor necesita líderes que estén por encima de los odios, que sean capaces de trabajar en propósitos comunes y humanos y que no se atrevan a utilizar el dolor con fines políticos. Si eso se pudiera, tal vez en Colombia soplarían mejores vientos. luioch@eltiempo.com
El arca de Noé
Luis Noé Ochoa